Born to be wild

Los Monegros desde la carretera

Solos surcando sus solitarias carreteras se puede descubrir que este falso desierto tiene mucha vida.

A los Monegros le precede una mentira arábiga. Le dicen desierto, en realidad es una estepa. Pero, para desértica, la cultura geológica española y la población de este paisaje. Un número pírrico  que se multiplica durante las horas que dura la rave de música rimada y sintetizada del renacido Monegros Desert Festival. La mentira son los preliminares de la mercadotecnia y la A-1104 la carretera de los Lawrence esteparios.

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iStock-155941572. Apocalipsis al volante

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Apocalipsis al volante

Bailar en la estepa se suma a la experiencia de conducir por este paraje apocalíptico de película. Apenas llueve, el invierno es siberiano y el verano sahariano. Una comarca en la que el carácter de su gente lo forja el vacío, el silencio y el viento. Como una china en un zapato los Monegros se ha hecho hueco entre Zaragoza y Huesca. Un gran laboratorio de ciencias naturales al aire libre en el que hay más flora y fauna que vecinos. Su nombre original, Montes Negros, se remonta a su pasado árabe, por los pinos y sabinas que cubren, cada vez menos, la planicie monegrina. Un lugar que exhibe desde yacimientos prehistóricos hasta arquitectura religiosa, militar y civil.

iStock-941961028. Milagros de vida

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Milagros de vida

El pueblo de Tardienta tiene un apeadero ferroviario en el que el AVE se detiene, abre las puertas y nadie sube ni baja. Se trata, sin paños calientes, de una estación de tren fantasma con menos actividad que el aeródromo que José Manuel Ayuda (57 años) ha construido dentro del recinto ecléctico y abigarrado que dirige y gestiona, el Hotel Cueva Tardienta.

Si a esta comarca se puede llegar en tren y en avión, recorrerla hay que hacerlo en coche. La carretera es desde donde mejor se ve lo que es esta estepa. Un suelo de cascajo, pedregoso, profundo y húmedo al que se han adaptado las viñas con las que Fernando Mir elabora el Vino del Desierto. Su bodega está en Lanaja, un pueblo por el que pasa la carretera A-129 ubicado en un agujero rodeado de cuevas excavadas en la piedra. Durante la Guerra Civil fueron escondites, después se convirtieron en bodegas de consumo particular. Hoy la idea de Fernando es darlo a conocer hasta donde su producción le alcance.

Lo mismo que hizo George Orwell, pero con palabras, de su estancia en las trincheras de la sierra de Alcubierre. En su Homenaje a Cataluña cuenta cómo fue esa guerra entre hermanos en el frente de Aragón, en el que se intercambiaron más miradas que balas. Los monegrinos le han devuelto el gesto poniendo su nombre a una de las rutas que no olvidan la Guerra Civil.

panes-feos. Semillas prometedoras

Foto: Ecomonegros

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Semillas prometedoras

Fuera de los surcos en zigzag de la sierra, pero sin abandonar la A-129, Leciñena se cruza en el camino. En este pueblo Ana Marcen despacha un pan que sabe como el de antes. Lo hace en la panadería Ecomonegros y lo hace gracias a la tenacidad de un tío suyo que rescató la semilla de trigo Aragón 03. Hoy con esa semilla se puede hacer el pan que comían los abuelos del lugar. Y sin aspavientos ni ingredientes superfluos: unos panes llevan masa madre, sal marina y levadura fresca de cebada y otros centeno, sal y agua. No hace falta más para que sepa y se conserve bien.

Jamón Jamón. Recuerdos y jamones

Fotograma del filme. Foto: D.R.

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Recuerdos y jamones

Provistos de vino y pan y habiendo recordado algo de historia se abandona la A-129, la carretera de los idealistas, y se encara en la icónica A-1104. Una carretera de un carril y dos sentidos, sin rayas discontinuas delimitadoras pintadas en el asfalto. Una recta larga de casi 50 kilómetros que penetra en un entorno árido en el que la ausencia es belleza y los ciclistas hacen parte del paisaje. Es un trayecto cinematográfico que Monegrillo, a mitad de camino, pide parar, ya sea para disfrutar de sus sabores o de su fotogenia. A Bigas Luna le dio tiempo a comer ternasco y grabar Jamón, jamón. Penélope Cruz, Javier Bardem y Jordi Moyá son estrellas que se fueron y no volvieron. Las que pueblan el limpio cielo de Monegrillo no se han ido, de ahí que varios entusiastas de la astronomía hayan instalado observatorios astronómicos en los montes cercanos para ver la particular capilla Sixtina celeste de Monegrillo. Un pueblo de cine costumbrista pero con vistas al espacio.

shutterstock 1523555300. Estrellas en la estepa

Foto: Shutterstock

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Estrellas en la estepa

Siguiendo el recorrido de la carretera A-1104, se atraviesa Almolda y se llega a Bujaraloz. Un pueblo de la N-II en el que el cine y la comida convencen a los críticos. Desde hace algunos años se celebra un Certamen de Cortometrajes que con cada nueva edición cuenta con más adeptos y películas. Antes o después de ir al cine, se acaba pasando por el Bar El Español y dando buena cuenta de un ternasco monegrino. No pesan más de doce kilos y solo se han alimentado a base de leche materna y cereal. Y es que en esta estepa se come y se bebe como sueñan los astronautas que lo harán una vez regresen a la Tierra.

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