Érase una vez en el siglo XI…

La Vall de Boí: donde los Pirineos se ponen Románicos

Esta zona de los Pirineos es la cuna del románico y lo romántico.

La historia de la Vall de Boí, una de las áreas con más encanto del Pirineo Catalán, se remonta hasta los siglos XI y XII, cuando el obispo de Roda de Isabena consagra las iglesia de Santa María de Taüll y Sant Climent de Taüll. Unos prolíficos 200 años en los que no solo se levantan estos dos emblemas del románico catalán, sino un total de ocho y una ermita por todo el valle, un legado arquitectónico que diez siglos más tarde la Unesco ha declarado patrimonio mundial. El empeño del obispo y los señores de Erill la Vall por traer a estas tierras lo mejor del románico lombardo importado del norte de Italia obtuvo sus frutos en forma de estos templos cuya funcionalidad no solo se centraba en llamar a la misa, sino también utilizarlo como torres para vigilar el territorio. Hoy son el mayor atractivo turístico del valle.

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Sant Climent de Taüll. Romántico para dummies

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Románico para dummies

En una frase, el románico es la expresión espiritual y artística de la vida en la Edad Media, en la que si bien habitaban muchas sombras, también se avistaban algunas luces. No es necesario ser un experto en arte para apreciarlo, pero tampoco viene mal un guión para comprenderlo. De eso se encarga el Centro del Románico de la Vall de Boí, situado en Erill la Vall, donde se puede encontrar toda la información relativa, no solo a esta corriente artística, sino de la sociedad del valle durante aquellos años. Entradas, visitas guiadas y una exposición permanente que permite al visitante adentrarse en un viaje por este pedazo de historia y del Pirineo. A partir de aquí, la inmersión artística puede ser tan elástica como se desee, ya que los pueblos están muy cerca el uno del otro y unidos por una carretera de ida y vuelta.

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El Románico en mayúscula

Para quienes ocho iglesias les parezca un mundo, aquí van tres imprescindibles: En Taüll se encuentran los dos máximos exponentes del románico, Sant Climent de Taüll y Santa María de Taüll (esta es una de las pocas a las que se puede acceder de forma gratuita). Es verdad, puede que vista desde fuera, Sant Joan de Boí  (en el pueblo de Boí) cause alguna decepción, aunque una vez dentro, los restos de pinturas murales que representan las profecías y criaturas del bestiario medieval devuelven la alegría hasta al viajero más escéptico.

Pantocrátor

Foto: iStock

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El tesoro de Sant Climent

Pero volviendo hasta los 1.482 metros a los que se ubica Taüll, el pueblo más alto del valle, toca detenerse ante la auténtica joya de todo este movimiento artístico: el Pantócrator de la iglesia de Sant Climent. Y aunque, oh, la mayor parte de las pinturas se encuentra en el MNAC, no todo está perdido aquí. La iglesia cuenta con un innovador sistema de video mapping que proyecta las pinturas originales sobre el ábside y permite, no solo hacerse a la idea de cómo era la iglesia en su estado original, sino cómo fue su proceso de creación. El alfa y el omega. La fotogénica silueta de Sant Climent luce imponente desde el siglo XII dentro de uno de los más bellos paisajes de la naturaleza, pero en esta tierra de piedra, madera y chimeneas, hay mucho más.

Boí Taüll Resort. Con N de nieve, y de naturaleza

Foto: Boí Taüll Resort

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Con N de nieve...

Ubicada entre las cotas más altas del Pirineo (2.751 metros de cota máxima y 2.020 metros de mínima) y una privilegiada situación encarada al norte, la estación de Boí Taüll resort garantiza una nieve de excelente calidad, pocas colas y aún menos masificaciones en sus casi 45 kilómetros esquiables. No es el lugar más cool donde esquiar, pero ni falta que hace. Esta estación se congratula de ser una de las más tranquilas y familiares del Pirineo, y aunque es cierto que es bastante menos glamurosa que sus elegantes vecinas (Baqueira Beret está a tan solo una hora en coche), tiene algo contra lo que no se puede competir: pertenece a uno de los valles más bonitos del Pirineo.

Estany de Sant Maurici. ... y naturaleza

Foto: iStock

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... y naturaleza

De belleza van sobrados en un valle donde también se encuentra el Parc Nacional d'Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, que se puede visitar -bajo unas estrictas normas, eso sí- durante cualquier estación del año. Perfecto para la práctica de senderismo tanto de expertos como de familias, aquí hay agua por todas partes, cientos de lagos alimentados por innumerables arroyos que caen sobre cascadas, valles de bosques de pinos y abetos y picos que alcanzan más de 3.000 metros. Aquí conviven desde águilas reales, gamuzas pirenaica y hasta pequeños antílopes en el concepto más purista de vida salvaje.

El Xalet de Taüll

Foto: El Xalet de Taüll

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El lujo de desconectar

Un buen libro, una copa de vino frente a la chimenea y, tras la ventana, un imponente paisaje al que resulta imposible dejar de mirar. La Vall de Boí es lugar de lujos sencillos, esos que se disfrutan pero que no se pueden poseer, o al menos no eternamente. Tal vez sea ese el motivo por el que no existen alojamientos de 5 estrellas en todo el valle pero, realmente, ni falta que hacen. Rincones como El Xalet de Taüll recuerdan al viajero que el confort no se mide en estrellas, sino en emociones como las que provoca alojarse en este coqueto alojamiento rural de tan solo cinco habitaciones forradas en madera, enormes ventanales y una chimenea ante la que descorchar una botella de vino. O las que hagan falta. El espléndido spa de 1.200 m2, con circuito de aguas y 13 salas de tratamiento integral que ofrece el hotel Augusta es otra de las direcciones a tener en cuenta en el valle, sobre todo al final del día, cuando el cansancio apremia y el relax es obligado.

iStock-619241732. Comer: la vida

Foto: iStock

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Comer: la vida

Marga, como se la conoce en todo el valle, es la dueña y señora de El Caliu, una de las referencias gastronómicas del destino. Este restaurante pequeño y lleno siempre hasta la bandera ofrece en una cocina sencilla el mejor producto de temporada que da el valle, del que se nutre para crear platos como la trucha con butifarra, los bolets (setas) con foie o las piezas de jugosa carne que elaboran a la brasa. De postre, nadie debería perderse la degustación de quesos de la única quesería del valle (tienen también una pequeña tienda en Taüll de venta directa), elaborados de forma artesana (pero de la de verdad), con leche cruda y ecológica de cabra del valle. Lo dicho, el alfa y el omega.

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La Vall de Boí: donde los Pirineos se ponen Románicos

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