'Work in progress'

La escapada de la semana: Varsovia

La capital polaca deambula entre el pasado y el futuro mientras se consolida como un destino apasionante.

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iStock-525274845. Entre Stalin y Libeskind

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Entre Stalin y Libeskind

Al visitar Varsovia da la impresión de que allí han pasado muchas cosas en los años recientes y que sigue siendo un work in progress casi sin respiración, como si hubiera prisa por andar los caminos que quedaron estancados durante la etapa del comunismo. Está radiante, luminosa; incluso el Palacio de la Cultura y la Ciencia, gentileza de Stalin, ya no parece aquella mole de cemento marrón-grisáceo-tristón para cuya construcción hubo que derribar más de un centenar de edificios, y encaja perfectamente entre el cristal y el acero de nuevos rascacielos como el edificio de viviendas Vela, obra del arquitecto Daniel Libeskind. Que la ciudad mire y acelere con cierta prisa hacia el futuro no quiere decir que olvide sus raíces, aunque ello signifique revolver en las trágicas aguas de su pasado.

iStock-981054038. Homenaje a los judíos

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Homenaje a los judíos

Sin salir de esa enorme plaza donde se encuentran arquitecturas tan dispares se puede ver la escultura en homenaje a Janusz Korczak. Pese a que le dieron la opción, este pedagogo no quiso abandonar a los niños de su orfanato y acabó con ellos en Treblinka, donde todos fueron ejecutados. Para conocer en profundidad la historia del que fue el mayor gueto judío de la Alemania nazi es muy recomendable acercarse a Polin, el Museo de Historia de los Judíos Polacos. El edificio es obra del estudio de arquitectura finlandés Lahdelma & Mahlamäki, que quiso representar en la entrada dos olas del mar Rojo abriendo paso a los hebreos. Por su museografía, que muestra la historia común de los polacos y los judíos durante más de mil años, este espacio expositivo recibió el premio al mejor museo de Europa en el año 2016.

Avión . 75 años del Levantamiento

Foto: Museo del Levantamiento

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75 años del Levantamiento

Si se quiere hacer una inmersión mayor en el periodo histórico de la Segunda Guerra Mundial, hay que ir hasta el Museo del Levantamiento, en el distrito de Wola. Muestra la historia de los insurgentes a través de numerosos objetos, cartelería y filmaciones, además de hacer la función de archivo histórico. Hay réplicas de un hospital, un hangar, el alcantarillado por donde se movían o una imprenta.

iStock-517055578. En busca de todos los 'Centros'

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En busca de todos los 'Centros'

Varsovia no tiene un centro definido sino varios. En primer lugar tenemos el ya mencionado con el Palacio de la Cultura y la nueva arquitectura, por otro lado el histórico, reconstruido piedra a piedra tras la Segunda Guerra Mundial —el 90% quedó arrasado y fue levantado de nuevo gracias a fotografías antiguas—; y también hay un barrio llamado “del centro”. El recorrido por la parte histórica se hace de manera sencilla, basta partir de la Ruta Real donde se van encontrando las iglesias barrocas restauradas siguiendo las pinturas del pintor Bernardo Bellotto il Canaletto, pariente del paisajista veneciano.

iStock-1011280152 (1). Y, por supuesto, la sirena guerrera

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Y, por supuesto, la sirena guerrera

Una de las iglesias barrocas más destacadas es la de la Santa Cruz, donde se encuentra el corazón de Chopin, que tras un viaje más propio de una odisea llegó a la ciudad gracias a la hermana del compositor. Desde allí se accede a la plaza donde está el Palacio Real, luego a la plaza del Mercado, con su estatua de la sirenita y sus fachadas esgrafiadas, y a la Barbacana, no sin antes echar un vistazo a la casa natal de Marie Curie.

iStock-1154143403. Los latidos de Chopin

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Los latidos de Chopin

Otra de las opciones para conocer Varsovia es seguir la música de Chopin. El corazón se puede ver, está metido en un frasco de alcohol en una de las columnas de la iglesia de la Santa Cruz, pero el templo merece una visita. A lo largo de toda la Ruta Real, así como en otros puntos emblemáticos de la ciudad, se pueden encontrar bancos donde se reproducen partes de sus composiciones más conocidas.

iStock-172345906. Domingos de concierto

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Domingos de concierto

En el Parque Real Lazienki hay una enorme estatua del músico. Los domingos de buen tiempo, entre mayo y septiembre, hay conciertos de piano al aire libre, al pie de la estatua, en los que suenan sus polonesas y mazurcas. Otra opción más íntima es ir a un concierto del tipo Time for Chopin, que es de mucha calidad.

Dyletanci. El fin de lo gastrosoviético

Foto: Dyletanci

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El fin de lo gastrosoviético

La gastronomía está a un nivel muy alto en Varsovia. Más allá de la tradicional y contundente cocina polaca, con platos tan clásicos como zurek, pierogi, o bigos, y los tradicionales bares de leche (mleczny), donde sirven platos sencillos y económicos, la ciudad ha entrado recientemente en el universo de las estrellas Michelin. Sin dejarse una fortuna, también hay otras opciones con cocineros jóvenes al frente que están haciendo las cosas muy bien. Las violetas eran las flores preferidas de Chopin, si se visita el museo del compositor huele a estas flores. El chef Rafał Hreczaniuk, en sus ratos libres, recoge unas pocas violetas en el parque que hay detrás de su restaurante Dyletanci con las que elabora un chutney para un postre que lleva fresas y ruibarbo. El restaurante es, además, tienda y vinoteca gracias a su socio Maciej Sondij, que está haciendo unos interesantes vinos naturales (Dom Bliskowice) doscientos kilómetros al sur de Varsovia, en la ribera del Vístula. En el antiguo hotel Europejski, recientemente reinaugurado por Raffles, se celebraban, a principios del siglo XX, las fiestas con más alboroto de la alta sociedad. El chef vasco Beñat Alonso se encarga actualmente del restaurante.

Muzeum-Polskiej-W¢dki galeria-III 1. A pedir de Vodka

Foto: Museo del Vodka

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A pedir de Vodka

En Varsovia no solo se come, también se bebe. Sobre todo, una bebida que destaca por encima de cualquier otra: el vodka. Para probarlo, nada como el restaurante Elixir by Dom Wódki donde sirven 450 tipos diferentes de vodka, maridando cada plato con el más adecuado. Si lo que interesa es la historia, entonces hay que acercarse al barrio de Praga. El Museo del Vodka está en Koneser, en lo que fueron las instalaciones de una fábrica de este destilado. A través de una visita guiada, en castellano, se van revelando historias, anécdotas y procesos de elaboración de esta bebida tan apreciada en Polonia, que se puede hacer con varias clases diferentes de grano o con patata. A la salida, como no podía ser de otra manera, hay una sala para la degustación donde los más valientes pueden animarse a hacer una cata.

Centrum-Praskie-Koneser---Praga-Center-Koneser. Praga rejuvenecida

Foto: Warsaw Tourism

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Praga rejuvenecida

El barrio de Praga está en proceso de gentrificación, tradicionalmente fue un lugar de mala vida poblado por músicos, truhanes, tahúres, trileros y limpiabotas en busca de algunas monedas. El nombre de Praga hace referencia al origen pantanoso y boscoso de los terrenos donde se levanta, no tiene nada que ver con la capital checa. Hay varias visitas interesantes en el barrio: por un lado, se pueden recorrer sus calles tras la estela del arte urbano, con algunos buenos murales; en la zona donde están las casas más decadentes Roman Polanski filmó algunas escenas de El pianista.


En la calle Zabkowska se hallan numerosos cafés y alguna sorpresa como un bar envuelto en papel de aluminio porque un artista así lo ha decidido. Sin salir del barrio de Praga, en la parte sur sorprende el Soho, con restaurantes y tiendas que entrarían en lo que se podría llamar “corriente hipster”, así como un museo muy curioso. 

Muzeum Neonów -  Neon Museum. El cementerio del Comunismo

Foto: Warsaw Tourism

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El cementerio del Comunismo

Este no es otro que el Museo del Neón. Cuando el comunismo empezó a perder fuelle y se venían las primaveras encima, las autoridades soviéticas pensaron en “neonizar” los países del Telón de Acero. Querían demostrar que todavía podían aportar algo de brillo y subvencionaron estos letreros luminosos para los comercios. David Hill, diseñador gráfico, e Ilona Karwinska, fotógrafa, abrieron un primer museo pop up en el año 2011, durante la noche de los museos. Pensaron que si lo visitaban 500 personas ya sería un éxito, pero aparecieron más de 6.000, así que lo tuvieron que abrir de forma permanente. Los letreros provienen de donaciones, el primero que recibieron fue el cartel con el nombre Berlin.

iStock-835240474. Varsovia infinita

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Varsovia infinita

Hay mucho más en Varsovia. La revolución de la moda con diseñadoras como Viola Śpiechowicz, que ha confeccionado ropa para la familia real de Bután, por ejemplo el vestido de novia de la princesa; el mercado Hala Koszyki, con diferentes propuestas gastronómicas, que recuerda al madrileño mercado de San Miguel; la biblioteca de la Universidad con su techo ajardinado (en la imagen), el bulevar del Vístula. Tras celebrar el centenario de su independencia, a finales del año pasado, Varsovia está lista para seguir caminando con paso firme hacia el futuro.

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La escapada de la semana: Varsovia

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