Fuera de radar

La Europa rural se va de carnaval: fiestas que merecen un viaje

De los ritos paganos a las mascaradas con confeti, cada mes de febrero esta fiesta global llena de color y diversión las calles de medio mundo.

El carnaval es una de las celebraciones más universales. Su origen se remonta a las saturnales romanas e incluso a las fiestas egipcias en honor al dios-toro Apis. Los que hoy se celebran oscilan entre la tradición y el desenfreno. En los entornos rurales destacan los ritos ligados a la naturaleza y la superstición, mientras en las ciudades recuerdan los días de permisión antes de la Cuaresma (carnaval significa «quitar las carnes»), un periodo de purificación que en el pasado se compensaba con banquetes y fiestas como las de máscaras de Versalles o Venecia, que tuvieron su esplendor a partir del siglo XVII. El Jueves Lardero (en 2022, 24 de febrero) inaugura la fiesta, y el Martes de Carnaval (este año el 1 de marzo) la cierra con el Entierro de la Sardina, el día previo al Miércoles de Ceniza.

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shutterstock 1105363415. El triángulo de Ourense

Foto: Verín. Shutterstock

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El triángulo de Ourense

Laza, Xinzo de Limia y Verín son los ejes del Triángulo Mágico del Entroido, los carnavales tradicionales gallegos, de origen pagano y ambiente rural. Estos tres ejemplos están declarados Fiesta de Interés Nacional. 

En el de Laza, los protagonistas son los Peliqueiros, personajes que corren por las calles del pueblo con la misión de ahuyentar a los malos espíritus. Su rostro se oculta bajo una máscara de madera coloreada y con una sonrisa helada pintada, y en lo alto una especie de mitra con la imagen de un animal de la que cuelga la pelica que les da nombre, antes una piel de gato y ahora sintética. La vestimenta se completa con sus zamarras (chaquetas) ajustadas, cencerros a la cintura y una fusta de madera con las que «golpean» a todo aquel que se cruce con ellos y no vaya disfrazado. Pero la fiesta no acaba aquí. El Lunes de Carnaval, por ejemplo, se monta una batalla campal de trapos untados con barro, y otro día se realiza la Bailada de la Morena, en la que un personaje simula ser una vaquilla que persigue a las mujeres, mientras unos y otros se lanzan grandes cantidades de harina. Por cierto que a los Peliqueiros no se les puede tocar, ni manchar. Eso sí, los insultos de los vecinos están garantizados. 

Algo parecido sucede en el carnaval rural de Ximio de Liza, heredero de ritos agrícolas y ganaderos antiguos. En este caso, los protagonistas desfilan y corren por el pueblo, con sus rostros cubiertos con máscaras de abedul y portando sobre el cuerpo pieles de animales (hoy sintéticas), mientras asustan a la gente con el ruido que producen el entrechocar de las vejigas de vaca hinchadas y campanillas que cuelgan de su vestimenta.

Por último, en Verín, donde el Sábado de Carnaval comienza con cohetes y charangas para despertar a los vecinos, los protagonistas son los Cigarróns. Su indumentaria artesanal pesa más de 25 kilos, entre el traje, las chocas (pequeños cencerros) y la máscara de madera, que aquí se adorna con una sonrisa, cejas gruesas, bigote y mejillas sonrojadas. Lucir estas pantallas en el rostro es una arraigada tradición que se hereda de padres a hijos.

shutterstock 1033548268. Diablos de Luzón

Foto: Shutterstock

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Diablos de Luzón (Guadalajara)

Durante los días de carnaval, los Diablos de Luzón ponen los pelos de punta a los vecinos que se topan con ellos en esta localidad y otras del Alto Tajo. Esta tradición vinculada al demonio está muy arraigada en la cultura popular de la zona. Se dice que los Diablos salen de la madre tierra a través de una grieta que nadie conoce. Un estruendo de cencerros anuncia a vecinos y forasteros la llegada de los portadores de un misterio ancestral. Pasean con el rostro y el cuerpo embadurnados con una mezcla de aceite y hollín molido que les cubre de negro, en contraste con sus dientes, cubiertos con trozos de patata o remolacha. Vestidos hasta los pies también de oscuro, portan sobre sus cabezas un casco con cuernos, en los pies retales de sacos liados con cuerdas y enormes cencerros atados a la cintura, también negros. Con ellos brincan por el pueblo, rompiendo el silencio que impera al verlos desfilar. Una mezcla de hollín y aceite marca el rostro de los que se dejan atrapar. Otros corriendo despavoridos van a que los defiendan las Mascaritas, personajes disfrazados de mujer con traje tradicional, pañuelo estampado a la cabeza y otro blanco sobre el rostro, que vagan por las calles sin dirección ni expresión alguna. Al caer la tarde, los Diablos se reúnen en una siniestra procesión para recogerse en un lugar secreto.

sipausa 16902856. Ivrea (Italia)

Foto: Cordon Press

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La Batalla de las Naranjas de Ivrea (Italia)

El carnaval de esta localidad de Piamonte italiano no destaca por sus disfraces, sino por la batalla campal de naranjas que centra su fiesta, al estilo de la Tomatina de Buñol, en Valencia. La Batalla de las Naranjas, que empezó a representarse el año 1808, es el evento más esperado de este carnaval. Se celebra los tres días previos al Miércoles de Ceniza en las plazas del casco histórico, y le anteceden desfiles y espectáculos que reviven episodios de aquella historia. La Batalla rememora una revuelta que hubo en contra de la ocupación de las tropas francesas, que ejercían una tiranía sobre el pueblo llano. Los distintos actos relatan aquellos hechos, que culminaron con la muerte del odiado tirano feudal que los gobernaba, degollado por la Mugnaia, una molinera y auténtica heroína de esta fiesta. Los carruajes que trotan por las plazas llevan a los soldados feudales, protegidos con cascos que emulan las antiguas armaduras, y que intentan doblegar a las gentes tirándoles naranjas a modo de flechas. Entre los lanzadores y los que defienden el pueblo, Ivrea acaba cubierta por más de 500 kilos del cítrico. Mientras se lucha en las plazas, por las calles desfila el cortejo que acompaña a la molinera, que va regalando flores y dulces a los habitantes del pueblo. 

shutterstock 627570773. Binche (Bélgica)

Foto: Shutterstock

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Los Gilles de Binche (Bélgica)

Uno de los carnavales tradicionales más originales de Bélgica es el que se celebra en Binche, localidad del sur del país. Su historia y vistosidad hizo que la Unesco lo declarase Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (2008). Se cree que su origen se remonta al año 1549, cuando María de Hungría organizó en la ciudad los festejos, banquetes y fuegos artificiales con los que quería recibir a la entonces reina de Francia, María Teresa de Austria, quien viajó allí para celebrar la victoria en una batalla. Según parece, para conseguir una puesta en escena más exótica, creó la Procesión de los Gilles, sirvientes ataviados con el colorido atuendo del folclore andino, que además aportaba una ventaja estética: ocultaba tras máscaras de cera los «rostros sucios» del pueblo llano, la mayoría carboneros. Impresionados por el resultado, para las celebraciones posteriores, los habitantes de Binche decidieron vestirse a semejanza de los indígenas sudamericanos. Otra de las citas más vistosas del carnaval de Binche es el Desfile de los Cunchus que, con sus grandes sombrersos de plumas, recuerdan a los guerreros incaicos.

shutterstock 660927511. Carnavales del Tirol (Austria y Alemania)

Foto: Shutterstock

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Mitos rurales del Tirol (Austria y Alemania)

El origen pagano prevalece en muchos carnavales de los pueblos alpinos del corazón europeo, entre los que destacan los de la región del Tirol, fronteriza entre Austria y Alemania. En aquel territorio de alta montaña, los carnavales rurales movilizan energías y ánimos para culminar la travesía del invierno y recibir la luz y el calor que harán posibles las cosechas. Repletos de supersticiones, también ayudan a ahuyentar a los espíritus portadores de heladas, plagas o avalanchas. Sus ritos simbolizan la expulsión de los demonios y los ciclos agrícolas antes del resurgir de la primavera. Durante el carnaval, aparecen en los pueblos extraños personajes cubiertos con máscaras de madera y trajes de piel de oso (sintética), pelo de oveja o de hierba, que suele acabar purificándose en las hogueras. Por calles y caminos, las comitivas arrojan harina, heno o verduras a los vecinos que los increpan o los persiguen golpeándoles con escobas de brezo. En pueblos del Tirol de Autria y Alemania, los Perchten, representantes de deidades de ancestrales ritos alpinos, son habituales de muchos carnavales de la zona. Los Schönperchten (bellos) representan una nueva vida y el despertar de la naturaleza, mientras que los Schiachperchten (terroríficos) simbolizan a los espíritus oscuros del invierno. En Innsbruck y otros pueblos del Tirol como Telfs o Imst, cubren los rostros con máscaras que recuerdan a las de los Entroidos gallegos. En Bad Aussee, durante el Fasching (carnaval), se desfila con capirotes y unos llamativos trajes de lentejuelas. Y en Mittenwald destacan los Schellenruehrer o campaneros, quienes agitan unos cencerros que llevan atados a sus cinturas, mientras lucen su típico atuendo alpino. 

8469792355 587ae033dc b. Evolene

foto: Evolene Carnival

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Evolene (Suiza)

Suiza comparte las tradiciones alpinas en lo que a carnavales rurales se refiere. Entre los más curiosos y auténticos se hallan los de la comuna de Evolene, en el cantón del Valais. Por sus aldeas se puede ver corretear o desfilar a los Peluches, personajes que salen cubiertos por trajes que imitan el pelaje de animales, y cencerros gigantes ceñidos a la cintura para ahuyentar con su sonido a los malos espíritus portadores del frío, las enfermedades y las avalanchas. El último domingo antes del carnaval, una comitiva de Empaillés u hombres de paja se unen a la fiesta para infundir el miedo con sus escobas entre los vecinos de la zona. La fiesta finaliza el Martes de Carnaval con la quema de un muñeco que representa la nieve y el frío invernal.

shutterstock 1016497852. Cerkno, Eslovenia

Foto: Shutterstock

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El trío esloveno

Los ritos de los carnavales más famosos de Eslovenia están muy vinculados al paso del invierno a la primavera, que dejará atrás lo negativo que habrá que enterrar o quemar. Entre los más tradicionales se halla el carnaval de Cerkno, población al abrigo de los Alpes Julianos, en el que destaca la presencia de los inquietantes Laufaria, con sus máscaras de madera o de cuero, de las que sobresale una dentadura gigante. En Cerknica, al sur del país, los vecinos esperan cada carnaval la llegada desde las montañas de unos seres mitológicos, acompañados de brujas y demonios. Y en el de Ptuj, entre sus protagonistas están los Kurentovange, evocación de una deidad pagana, representada con pieles de oveja y poderosos cuernos de los que cuelgan cintas de colores que dicen hipnotizan. Todos forman tropas peludas que recorre las calles de estas localidades, haciendo sonar sus cencerros para ahuyentar a los malos espíritus. 

iStock-467315852. Busojaras

Foto: iStock

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Los Busójárás de Mohács (Hungría)

Hungría cuenta también con una larga tradición en lo que a carnavales paganos y rurales se refiere. En el condado de Baranya, a orillas del Danubio, en muchos pueblos se realizan los Busójárás o «caminatas de los busó», personajes cubiertos con pieles de animales y máscaras de madera. Los más famosos son los de Mohács, cuyo carnaval forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco. Una leyenda ancestral dice que los busó ahuyentaron al invierno con máscaras de madera de rostros horripilantes. Otra más reciente cuenta que, durante la ocupación otomana del territorio, los pobladores de Mohács escaparon a refugiarse a los pantanos de los alrededores. Una noche, mientras conversaban entorno a una hoguera, se les apareció un viejo sabio que les animó a prepararse para el combate, tallando máscaras horrorosas e instrumentos para atemorizar con su sonido a los turcos en una noche de tormenta. Y así sucedió, cuando los invasores salieron despavoridos. En Mohács, la fiesta que comienza el Jueves de Carnaval y finaliza con el Entierro del Farsang, el siguiente martes o Mardi Gras

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