Centinelas del Atlántico

Los faros del Atlántico temidos por los fareros

La luz de estos faros en la tormenta devolvía la esperanza a los navegantes. Hoy se han convertido en un destino viajero por sus emplazamientos espectaculares.

Hoy ya no, pero en los tiempos dorados de los faros corrió una popular clasificación entre los fareros por la cual había tres tipos de faros: estaban los "faros del paraíso", que eran aquellos de fácil acceso y cercanos a comunidades, en suelo firme; luego estaban los "faros del purgatorio", que eran los que se situaban no muy lejos, pero no eran suficientemente cómodos; por último estaban los "faros del infierno", enclavados en la nada, en mitad del mar o sobre pequeños salientes, apenas rocas puntiagudas o acantilados vertiginosos. Muchos de estos faros del Atlántico estaban dentro de la tercera categoría. Eso no quita que hoy algunos estén considerados entre los faros más bellos y fascinantes del planeta.

 
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Faro de Fanad Head (Irlanda)

Una sinuosa carretera bordea la costa de Donegal y alcanza el abrupto cabo de Fanad Head, presidido por su legendario faro. Se construyó en 1817, al poco de que la fragata Saldanha naufragase justo enfrente; dicen que solo sobrevivió el loro de a bordo y que la campana del barco suena ahora en la iglesia de Portsalon. Hasta 76 peldaños en espiral suben a lo alto de esta atalaya, desde donde se contempla el Atlántico infinito y, con suerte, focas grises y delfines.

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Faro de la Vieille (Francia)

La Senda de los Aduaneros fue reabierta en 1907 como un itinerario histórico que recorre el mítico litoral bretón y sus faros más bellos. Entre ellos está el de La Vieille (1882), en el Finisterre francés. Acostumbrado a soportar el embate del oleaje de la Bretaña, su solitaria torre se eleva sobre el islote más alejado de la Punta de Raz, un promontorio declarado reserva natural por sus colonias de aves, cuya singular silueta recuerda a un mascarón de proa adentrándose en el mar.

 
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Faro de Punta de la Orchilla (Canarias)

El mar de las Calmas, en la isla de El Hierro, es un destino de buceo sin rival en Europa. La plácida carretera que sale de El Pinar permite admirar ese lienzo azul desde las alturas. Un desvío desciende al faro de Orchilla entre campos de lava rojiza donde crecen las tabaibas. Al atardecer, solo el océano Atlántico se interpone entre el sol y el faro, mientras la ermita de la Virgen de los Reyes, patrona de la isla, guarda nuestras espaldas montaña arriba.

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Faro de Cayo Isaac Grande (Bahamas)

Más que un faro, ya una ruina de lo más misteriosa. Al noroeste de las islas Bimini, el Atlántico baña un pequeño arrecife de coral de dentada silueta. Una parte del mapa de lo más estéril donde en 1852 se levantó el Faro de Great Isaac Cay y estuvo en funcionamiento hasta 2009, cuando fue desactivado. Aunque no siempre estuvo en un lugar tan arrasado por la nada, siete años antes de iluminar el paso de los barcos por el estrecho de Florida, el faro lució en la Gran Exposición de Londres de 1852. El haz de luz de su bombilla jamás logró desvanecer los misterios que lo rodearon desde un inicio, siendo la desaparición del servicio de guardafaros de 1969 un enigma si resolver aún. 

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Faro de Longstone Rock (Reino Unido)

El historial de naufragios frente las Islas Farne era tan extenso que hacía obligatorio levantar allí algún tipo de faro para advertir a los barcos de los muchos peligros; así que finalmente el faro de Longstone fue encendido el 15 de febrero de 1826. Al poco, William Darling se mudó con toda su familia al faro. Fue precisamente su hija Grace quien lo avisó el 7 de septiembre de 1838 del naufragio del barco de vapor Forfarshire. Ambos acudieron al rescate, jugándose la vida, por lo que ambos recibieron más tarde la Medalla de Plata a la valentía de la Real Institución Nacional para la Preservación de la Vida tras un naufragio. No hay duda de que dado el enclave del lugar, había que ser auténticos héroes para habitar la torre del faro.

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