Stendhal así lo querría

Homenaje a Florencia

La capital toscana deslumbra por fuera y por dentro, y este recorrido es la mejor forma de descubrirla... y recordarla.

La mañana se levanta resplandeciente con los sonidos propios de un día ajetreado: turistas y gentes locales se entremezclan por las calles del centro histórico mientras buscamos un buen lugar para desayunar. ¿Por qué no empezar a lo grande en el centenario Procaccio, donde venden los mejores panini de la ciudad? Tal vez es temprano para un panini tartufato, pero no probarlo sería perderse uno de los sabores más típicos de Florencia. 

 

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Piazza del Duomo. iStock-1047586758

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El paraíso está en la Piazza del Duomo

Desde allá nuestros pasos nos llevan directos, como atraídos por un imán, a la cercana Piazza del Duomo, en la que se alza majestuosa la catedral gótica de Santa Maria dei Fiore. Proyectada a finales del siglo XIII, se tardaron 170 años en terminarla y no fue hasta el último tercio del siglo XIV cuando Brunelleschi se atrevió a alzar su gigantesca cúpula que, junto al hermoso y esbelto Campanile diseñado por Giotto, hoy domina el perfil de Florencia. Todo ello ante la presencia de uno de los edificios más antiguos de la ciudad, el Battistero di San Giovanni, en el que generaciones enteras de florentinos han sido bautizados. Sus tres conjuntos de puertas de bronce producen destellos a pleno sol y atraen a los paseantes como la miel a las abejas. Un enjambre de turistas busca inmortalizarse frente a la más bella de todas, la Puerta del Paraíso, que Lorenzo Ghiberti realizó entre 1425 y 1452 y cuyo original se conserva, como las otras dos, en el Museo dell’Opera del Duomo.

 

Santa Maria del Fiori.

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La tragedia de Santa Maria del Fiori

Caminar por Florencia es, en esencia, pasear por la ciudad de los Médicis, los grandes mecenas del Renacimiento y gobernantes de la ciudad a lo largo de diversos siglos. Por eso no hay que dejar atrás la Piazza del Duomo sin antes entrar en la catedral y, entre la penumbra y el aroma de los cirios, rememorar la tragedia que aconteció un domingo de abril de 1478: Giuliano de Médicis fue apuñalado hasta 19 veces durante la misa de Pascua. Sus gritos alertaron a su hermano, Lorenzo el Magnífico, señor de Florencia, que presidía el oficio desde los primeros bancos. Lorenzo buscó refugio en la sacristía y aquello le salvó la vida, aunque la tragedia ya estaba consumada y los florentinos se lanzaron a las calles persiguiendo a los autores del crimen al grito de «vivano le palle!», en alusión a las bolas características del escudo de los Médicis. La matanza fue inevitable y los sucesos se recuerdan todavía hoy como la Conspiración de los Pazzi, apellido de la familia rival que se vio involucrada en el turbio asunto. 

 

Palazzo Médici Riccardi

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Tras las huellas de los Médici

Los hermanos Médicis descansan en la basílica de San Lorenzo, en los bellísimos sepulcros esculpidos por Miguel Ángel, muy cerca de lo que fue su hogar, el Palazzo Médici Riccardi. El estilo sobrio y monumental de dicho edificio, que inauguró la tipología de palacio urbano, no deja adivinar el delicado tesoro que esconde su interior: si cruzamos el umbral y subimos unos peldaños, descubriremos la maravillosa Capilla dei Magi, un espacio estrecho cuyas paredes fueron pintadas al fresco por Benozzo Gozzoli en el siglo XV y que suponen una auténtica revelación y deleite para los ojos.

 

Santa Maria Novella

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El secreto está en el interior

También la cercana iglesia de Santa Maria Novella guarda auténticas joyas en su interior, como los frescos de la Trinitá de Masaccio, pintados en los albores del Renacimiento italiano, o bien las escenas de la vida de la Virgen y San Juan que realizó Ghirlandaio

Piazza della Repubblica. Cafés...

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Cafés que cuentan Florencia

De vuelta al mundo terrenal, el paseo puede continuar hacia la Piazza della República, donde todavía hoy se puede tomar algo en los cafés literarios que se ubicaron en esta bulliciosa plaza. Tal vez el más cargado de arte y de historia sea Le Giubbe Rosse, por haber sido frecuentado por los artistas que impulsaron el futurismo, movimiento artístico y literario de principios del siglo XX. En sus mesas, resulta fácil imaginarse a Marinetti, Boccioni y Carlo Carrá debatiendo sobre arte, al tiempo que se percibe su rastro en las obras futuristas y neofuturistas que cuelgan de las paredes. El ambiente está asegurado a todas horas en los otros dos cafés centenarios de la misma plaza, el famoso Gilli, con su estilo belle époque, y el Caffè Paszkowski, un caffè concerto que tuvo su propia banda de música además de una poco usual orquesta femenina. Tal vez sea el momento de una buena comida, con el tradicional bistecca alla fiorentina, acompañado de una buena copa de Chianti, el vino de la región, para acabar saboreando ese helado que todo italiano degusta tanto en invierno como en verano. ¡El abanico de sabores es infinito!

 

Mercato Nuovo

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Souvenirs y un jablí

Por la Via Calimala se llega a una bonita logia que acoge el concurrido Mercato Nuovo, en cuyos puestos se venden artículos de piel, bordados y souvenires. También es conocido como Mercato del Porcellino por el pequeño jabalí de bronce, que al parecer tiene la virtud de conceder un deseo a todo aquel que le frote el hocico. 

 

Palazzo Vecchio

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La Piazza della Signoria es un museo

La Via Vacchereccia conduce hasta la Piazza della Signoria, que se abre ante nuestros ojos con toda su grandeza y esplendor. Dominando este espacio se alza la torre del Palazzo Vecchio, que fue residencia de los Médicis desde que Cosme I se trasladó allí en 1540. Esta auténtica fortaleza es hoy la sede del Ayuntamiento. Pero centrémonos en la plaza, convertida en un maravilloso museo de esculturas al aire libre gracias al David de Miguel Ángel –el original se encuentra en la Galleria dell’Accademia–, el Neptuno de Ammannati o el Perseo de Cellini, todas ellas realizadas en el siglo XVI. Saboreando un café en una de las terrazas es posible trasladarse a los grandes acontecimientos que tuvieron lugar aquí, como el victorioso retorno de los Médicis en 1530, o bien recordar capítulos más turbulentos como la ejecución del fraile Savonarola, que fue quemado vivo en 1498.

 

Galleria degli Uffizi

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El rostro de Florencia

A la vuelta de la esquina (literalmente) se halla la extraordinaria Galleria degli Uffizi, el museo más visitado de Italia. Para evitar las largas colas, conviene reservar la entrada con antelación. Un paseo por sus salas equivale a uno de los mejores recorridos por el arte del Renacimiento: de Giotto a Botticelli, Piero della Francesca, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Tiziano, hasta obras posteriores de Caravaggio, Rembrandt o Canaletto. En el rostro de la Primavera o en el de la Venus de Botticelli descubriremos la belleza de Simonetta Vespucci, musa de tantos artistas del Quattrocento (siglo XV) que muchos afirman que amó a Giuliano de Médicis. Murió de tuberculosis dos años antes del asesinato de su amante, con 23 años, siendo transportada hasta su última morada en un féretro al descubierto para que todos pudieran admirarla. Y, pese a su muerte, su rostro se hizo inmortal gracias al pincel de los grandes artistas; traspasó todas las épocas hasta llegar a nosotros que, deslumbrados, la contemplamos como el mismísimo rostro de Florencia. 

 

Santa Croce

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Sentir el síndrome de Stendhal

De la Signoria a la Piazza de la Santa Croce hay un corto trecho por calles repletas de tiendas y restaurantes que desembocan en plazoletas. Avanzando por la calle Borgo dei Greci pronto vislumbramos parte de la fachada neogótica de la Santa Croce, con sus mármoles multicolores al más puro estilo florentino. La basílica domina el amplio espacio que se abre ante ella, antiguo escenario de torneos y hoy de fiestas populares y veladas inolvidables, como las lecturas de La Divina Comedia que el actor y director Roberto Benigni organiza a menudo. Cuando el sol ya se encuentra en horas bajas, cuando la luz empieza a adquirir esos matices que parecen pincelar los rostros, los mármoles de la iglesia y las fachadas, justo entonces percibimos la voz del actor que recita los versos de Dante Alighieri, mientras la estatua del poeta desterrado lo observa a corta distancia. Dentro del templo yacen personajes del arte, la ciencia y la historia de Florencia, como Miguel Ángel, Galileo Galilei o Maquiavelo; y también el sarcófago vacío de Alighieri, cuyos restos permanecen en Rávena.

Sentados en un banco de la plaza de la iglesia de Santa Croce se corre el riesgo de sufrir los mismos síntomas que experimentó Stendhal y que detalló en su diario de viaje en 1817: tras haber contemplado tanta belleza, después de haber admirado la obra de tantos artistas concentrados en Florencia, se sintió indispuesto hasta casi perder el conocimiento. De ahí nace lo que hoy se conoce como «el síndrome Stendhal».

 

Río Arno

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Un paseo entre reflejos

La ciudad todavía esconde muchos rincones que hay que descubrir, como el delicioso paseo hasta el río Arno. Sus aguas verdes combinan a la perfección con los tonos amarillentos de las casas colindantes. A lo lejos divisamos el pulmón cercano de la ciudad, las boscosas colinas que la rodean, el verde de la campiña toscana repleta de viñedos y campos de olivos que proporcionan buen vino, aceite y otros productos locales. 

 

Ponte Vecchio

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El puente de los puentes

Caminando por la orilla del Arno aparece la imagen del puente más icónico de Florencia, el Ponte Vecchio. Construido en época romana fue el único que existió sobre el río hasta 1218. El aspecto actual data de 1345, cuando los puestos de carniceros, pescaderos y curtidores se sucedían a lado y lado. El olor se hizo tan insoportable que a finales del siglo XVI, poco después de inaugurarse el Corredor Vasariano que conectaba los palacios Vecchio y Pitti, Fernando I de Médicis limitó el derecho a instalarse en el puente a joyeros y orfebres, predecesores de los comercios actuales. Al cruzar el puente de día, los escaparates refulgen de oro y piedras preciosas, mientras que de noche el puente se apaga con las contraventanas de madera que ocultan las bellezas hasta el día siguiente. 

Parece que nos movamos en un escenario de cine, y no estamos muy lejos de ello puesto que la ciudad ha servido de localización a muchas películas, como la adaptación de Una habitación con vistas que el director estadounidense James Ivory rodó en 1985. Muy cerca de donde estamos, en una habitación de la cuarta planta del Hotel degli Orafi, se rodaron algunas escenas que recrean esa habitación a orillas del Arno que, en la obra, un padre y un hijo ceden a Lucy Honeychurch y a su carabina, en ese Grand Tour por Europa que solían hacer las jovencitas de buena familia para ampliar su formación. 

 

Corredor Vasari

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Un pasillo, el tesoro de los Médici

El Corredor Vasariano discurre por esta misma orilla y cruza el Ponte Vecchio hasta llegar al otro extremo. Se trata de un pasillo elevado y cubierto, repleto de obras de arte, que los Médicis encargaron a Giorgio Vasari con el fin de unir su vieja residencia –el Palazzo Vecchio– con la que adquirieron y a la que se trasladaron a mediados del siglo XVI, el flamante Palazzo Pitti.

Es precisamente en la otra orilla del Arno donde se encuentra uno de los barrios florentinos con más encanto, Oltrarno, que desde hace siglos acoge a maestros artesanos y sus talleres-tienda. Al perdernos por su entramado de callejuelas encontramos un poco de todo, desde los comercios de ropa y galerías de arte moderno que recuerdan que vivimos en el siglo XXI, hasta las reminiscencias de esos viejos talleres, hoy en forma de anticuarios, restauradores, tiendas de grabados antiguos, que hablan del talento y la destreza de los habitantes de esta bella ciudad.

 

 

Oltrano

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Oltrarno es una delicia

En el laberinto de callejuelas de Oltrarno se descubren apetecibles vinotecas especializadas en productores locales. Hay decenas de variedades disponibles por copas, por supuesto acompañadas de deliciosos platitos de gastronomía toscana. Otra excelente manera de saciar el hambre y la sed la ofrecen las trattorie. Algunas cuentan la historia de varias generaciones de una misma familia, como por ejemplo el emblemático restaurante Pandemonio, tan conocido por los florentinos como por personalidades internacionales. La mamma Giovanna nos acoge hoy en día en su local del corazón de Oltrarno con sus sabrosos guisos mientras cuenta la historia de su mamma, que apenas tenía nada y que, con tres hijas, se dedicaba a cocinar para los ricos. Bajo la gran mesa de cocina en que la madre elaboraba sus manjares, la niña Giovanna jugaba a esconderse con sus dos hermanas durante horas enteras; así aprendió los secretos de la cocina toscana casi sin darse cuenta, con la misma naturalidad de quien aprende a respirar. 

 

Jardines de Boboli

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Arte en los jardines

Oltrarno alberga uno de los refugios de calma urbanos más bellos de Europa: los jardines de Boboli.  Este gran espacio verde, situado justo detrás del monumental Palazzo Pitti, alberga fuentes, cascadas, grutas artificiales y paseos con esculturas que estuvieron reservados al disfrute de la familia Médicis hasta 1766, cuando se permitió la entrada al resto de florentinos. El palacio con sus diversos museos también ofrece una visita interesante. El edificio fue encargado en 1457 por el rico mercader Luca Pitti, rival de los Médicis y que, paradojas de la historia, se adueñaron del palacio cuando Pitti se arruinó.

 

Piazzale Michelangelo

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Atardecer con vistas

Caen los últimos destellos de luz sobre las aguas del río Arno y nos dirigimos –a pie o en autobús– al Piazzale Michelangelo, un mirador elevado que ofrece las mejores vistas de la ciudad. Por nuestra mente desfilan los siglos pasados, las pinturas renacentistas, los retratos de los Médicis, las fachadas de mármoles multicolores de las iglesias, el frescor de sus capillas y la vida de sus calles y mercados. Y reflejada en el verde del agua, o bien en el cielo crepuscular, tal vez lleguemos a rememorar el rostro de la bella Simonetta, contemplado en la obra de tantos artistas, que nos observa y, con su tímida sonrisa, nos llena de complicidad. 

 

Florencia

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