Stendhal lo sabía

Florencia en (solo) siete imprescindibles

O cómo condensar el encanto de una ciudad que es infinita en sus monumentos y visitas fundamentales.

Pocas ciudades en el mundo poseen una riqueza artística tan impresionante como la que exhibe Florencia. Claro ejemplo de una ciudad-museo, su belleza es capaz de provocar un delirio como el síndrome que sufrió el escritor francés Stendhal cuando la visitaba, «causándole temblor, palpitaciones, vértigo y confusión al contemplar aquella cantidad de obras de arte consideradas extremadamente bellas». Ya en la Edad Media y sobre todo a partir del siglo XIV cuando se convirtió en la cuna del Renacimiento, Florencia fue acumulado arte por sus cuatro costados. Sin embargo, lejos de languidecer y quedarse anclada en el pasado, la capital de la Toscana ha sabido mantener el esplendor de sus museos y monumentos que hoy conviven sin complejos con la vitalidad que reina en sus plazas, cafés, trattorias y mercados.
 
 
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En el #7: Oltrarno

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En el #7: Oltrarno, la otra orilla del Río Arno

Para no arriesgarse a sufrir el síndrome de Stendhal, lo mejor será tener un primer contacto con Florencia desde la distancia. Para ello la visita puede comenzar en este barrio «al otro lado del Arno», el río que cruza la ciudad. Allí se halla el mirador de la Piazzale Michelangelo, una plazoleta abierta desde la que se contempla la mejor panorámica de Florencia, con la torre del Palacio Vecchio, la cúpula del Duomo y el campanario de la Iglesia de la Santa Croce despuntando sobre los tejados. Y sobre el agua, el emblemático Ponte Vecchio, en el tramo más estrecho del curso fluvial, y otros dos puentes que le siguen: el de Santa Trinità y el Carraia, originarios del siglo XIII y reconstruidos en piedra cien años después.

Una vez superada la primera impresión, se puede seguir paseando por Oltrarno para descubrir los encantos de esta ribera del río, con plazoletas como la de Santa Felicità, presididas por iglesias como la de San Miniato o San Niccoló sopr’Arno. Pero sin duda, el principal objetivo en este lado del Arno es el Palacio Pitti, sede de varios museos y rodeado por los Jardines de Boboli.

iStock-1139490607. En el #6: Palazzo Pitti

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En el #6: Palazzo Pitti, el paraíso de los Médici

Cuando el año 1440 el banquero florentino Luca Pitti erigió este palacio para vivir en él con su familia, el hombre no debió imaginar que un tiempo después su hogar se convertiría en la residencia de los poderosos linajes de los Médici, Lorena o Saboya, grandes mecenas del Renacimiento y también gobernantes de Florencia hasta la unificación de Italia en 1871.

Los Médici fueron los primeros. Ellos adquirieron el palacio en 1550 y comenzaron a llenarlo de colecciones de arte que completarían sus posteriores inquilinos. Este palazzo enorme destaca por su decoración barroca. La visita al «Versalles florentino» debe iniciarse en los Apartamentos Reales, 14 estancias decoradas con frescos y retratos de los Médici.

Sus numerosos tesoros se reparten hoy por varios museos. La Galería Palatina tiene sus salones rebosantes de cuadros, esculturas, mobiliario y objetos decorativos. La Galería de Arte Moderno reúne obras de pintores italianos de los siglos XIX y XX. En el Museo de la Indumentaria pueden verse las tendencias de la moda desde el siglo XVII al XX. Y el palacio también cuenta con el Museo de la Plata, el de la Porcelana y el de los Carruajes.

Como Stendhal, para sobreponerse a tanto arte, lo mejor será cerrar la visita al aire libre, recorriendo los Jardines de Boboli, el mayor espacio verde de Florencia. El paseo discurre entre parterres con flores y plantas, moteados con esculturas, estanques como el de l’Isolotto del que emerge la Fuente del Océano, un anfiteatro donde se afirma que se representaron las primeras óperas de la historia y senderos que finalizan en rincones solitarios. Uno de estos caminos conduce de forma discreta al Corredor Vasariano, el pasadizo cubierto que cruza el Arno por el Puente Vecchio y que desemboca en la otra orilla a la calle por la se accede al corazón de Florencia.

Pero antes de abandonar esta orilla del Arno, merece una visita el Palacio del Potestà, la residencia en la Edad Media del magistrado principal de la ciudad. El recinto incluye un bellísimo patio que a lo largo del tiempo también fue prisión y lugar de ejecuciones. Hoy el edificio alberga gran cantidad de esculturas de los Uffici e incluye colecciones de artes aplicadas en las que destacan las piezas islámicas, las mayólicas, las armas y las medallas.

iStock-590166638. Dos basílicas, dos barrios

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En el #5: Las basílicas van por barrios

La ruta continúa en dos iglesias magníficas, Santa Croce y Santa Maria Novella. En cuanto a la primera, empezó a construirse a inicios del siglo XIII, cuando una comunidad de monjes franciscanos, entre ellos el propio san Francisco, llegaron a Florencia. Tras la muerte del santo en 1226, la orden se estableció en una zona pantanosa al este de la ciudad, donde construyeron una pequeña iglesia que fueron ampliando para agrandar el lugar de culto. Hoy, su magnífica fachada en mármol preside la plaza homónima. El exterior contrasta con el sobrio interior gótico de este templo, cuyo claustro puede visitarse de noche iluminado y donde pueden verse las tumbas de figuras ilustres como Maquiavelo, Galileo o Miguel Ángel.

Santa Croce se abre a una explanada rectangular flanqueada por mansiones del siglo XVI y decorada en un lado por la estatua de Dante Alighieri, el gran poeta florentino autor de la Divina Comedia, del que en 2021 se conmemoraron en la ciudad los 700 años de su fallecimiento. La plaza es un popular punto de encuentro y celebraciones de los florentinos. Cada 24 de junio, por ejemplo, se convierte en el campo donde se representa un partido de calcio storico.

Por su lado, la Basílica de Santa María Novella da nombre a un barrio de gran encanto y vitalidad, repleto de restaurantes y típicas trattorias, comercios de toda la vida y tiendas históricas como la Farmacia de Santa María Novella, donde siguen vendiendo remedios y perfumes elaborados con fórmulas centenarias. La Basílica empezó a edificarse como un pequeño convento el año 1250, en un terreno entonces a las afueras de Florencia, y se concluyó el 1342, con una estructura netamente medieval. Hoy, Santa María Novella es uno de los emblemas del centro urbano florentino. Su visita muestra obras de arte de los artistas que más influyeron en el Renacimiento, como Miguel Ángel, quien participó en la realización de los frescos que decoran la Capilla Tornabuoni. Entre sus tesoros se pueden admirar también los crucifijos de Giotto y de Brunelleschi, y los frescos pintados por Andrea di Boniato en el siglo XIV en la Capilla de los Españoles, la antigua sala capitular del convento.

shutterstock 203451403. En el #4: Galería de los Uffizi, la Biblia del Renacimiento

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En el #4: Galería de los Uffizi, la Biblia del Renacimiento

Florencia posee una ingente cantidad de obras de arte, muchas de las cuales se exhiben en este edificio magnífico que construyó Giorgio Vasari en 1560, siguiendo las directrices de Cosme I de Médici. El palacio está adherido por uno de los extremos al Palacio Vecchio –antigua sede medieval del poder y luego ayuntamiento de la ciudad– y fue creado para albergar las oficinas (uffici) de los magistrados florentinos de la época. Durante años, muchas de las dependencias del palacio sirvieron para almacenar la fastuosa colección de arte que los Médici iban acumulando. Ese fondo constituye el núcleo original de la Galería, pero el mecenazgo caracterizó a todos los gobernantes de Florencia a lo largo de varios siglos. Ello contribuyó a que este museo sea el más importante del mundo en obras del Renacimiento y su colección de arte la más antigua y fabulosa que existe. El edificio tiene un patio abierto a la Piazzale degli Uffici, por la que se llega desde el Ponte Vecchio a la plaza de la Signoria, nuestra siguiente parada. 

 

iStock-857440936. En el #3: Plaza de la Signoria, el corazón de Florencia

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En el #3: Plaza de la Signoria, el corazón de Florencia

Desde la Edad Media, esta plaza ha visto pasar la historia de Florencia, siendo el corazón político y popular de esta vibrante ciudad. Incluso antes, este espacio estaba ocupado por un teatro romano. En ella se erige el Palacio Vecchio, que sigue albergando oficinas del Ayuntamiento y hoy además un museo. Este edificio del siglo XIV fue la primera residencia de la familia Médici en Florencia hasta que se trasladaron al Palacio Pitti, en la otra orilla del río: de ahí su nombre «viejo». La visita guiada que se realizan discurre entre salones con óleos, esculturas y frescos como los que decoran el Salón de los Quinientos, la estancia más majestuosa. 

Pero además de su importancia histórica, la plaza es un museo de esculturas al aire libre. En un lateral tiene la Loggia dei Lanzi (1381), que era un balcón para presidir asambleas y ceremonias hasta que en el siglo XVI los Médici la convirtieron en una galería abierta en la que colocaron una colección de esculturas geniales, como el Perseo con la cabeza de Medusa en la mano, un bronce de Benvenuto Cellini de más de 3 m de alto (el original hoy en el Museo Bargello) o el Rapto de las Sabinas, grupo escultórico de Giambologna, pensado para admirarse por todos sus lados. 

En la misma plaza también están la estatua ecuestre del Gran Duque Cosme I, que rinde homenaje al hombre que unificó la Toscana en 1570, y la magnífica Fuente de Neptuno, que ocupa un lugar preferente desde 1575. Pero sin duda la figura más imponente y buscada es el David de Miguel Ángel, cuyo original puede admirarse desde 1873 en la cercana Galería de la Academia, un museo donde también se hallan los cuatro Esclavos inacabados del mismo maestro. El David, de 5 m de alto y 5 toneladas de peso, guarda la curiosidad de que cuando se le mira a los ojos labrados en el mármol, su mirada se transforma a medida que el visitante rodea la estatua. 

La Plaza de la Signoria es sin duda un enclave para contemplarlo reposadamente y con detalle, por ejemplo sentados en una de las terrazas de sus cafés y trattorias instaladas en sus flancos. Además, a su alrededor se abre un barrio de calles repletas de tiendas y restaurantes que ofrecen platos típicos, como la papa al pomodoro (crema de tomate y pan seco) o la ribollita (una sopa de pan y verduras), sin olvidarnos de las sabrosas pizzas, entre estas la propia «florentina», cubierta de salsa de tomate, albahaca, espinacas, olivas negras y quesos mozzarela y parmesano.

GettyImages-591215507. En el #2: Ponte Vecchio, una pasarela única

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En el #2: Ponte Vecchio, una pasarela única

La imagen de este puente sobre el Arno es la más emblemática y fotogénica de Florencia. Se ganó el nombre de «viejo» en 1218 cuando dejó de ser el único paso sobre el río en la ciudad. Se sostiene sobre tres arcos, el más alto de 30 m, y su estructura tiene dos niveles que se asoman al curso fluvial. El inferior fue concebido como un puente-mercado para acoger puestos de pescaderos, carniceros, así como de artesanos del cuero. Hoy está ocupado principalmente por tiendas de orfebrería. En el superior, el Corredor Vasariano fue encargado por los Médici en 1564 para poder cruzar sin ser vistos desde su residencia en el Palacio Pitti a su lugar de administración del poder en la Galería de los Uffici. Hoy de sus paredes cuelgan obras del fondo museístico de los Uffici. 

iStock-669989924 (1). En el 31: Duomo, Campanile y Baptisterio

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En el #1: Duomo, Campanille y Baptisterio

La Catedral de Santa María del Fiore de Florencia empezó a edificarse en el siglo XII y no se inauguró hasta dos siglos después. En época medieval se decidió derribar las casas que la rodeaban para que se pudiera admirar mejor la belleza de su exterior, todo recubierto de mármoles blancos de Carrara, verdes de Prato y rosados de Maremma, que crean formas geométricas. Las puertas de acceso son de bronce esculpido. Una de las más hermosas se halla en el flanco izquierdo, y en ella se representa la Asunción de la Virgen María. La base del Duomo tiene tres naves unidas a un enorme cimborrio que soporta la espectacular cúpula de Filippo Brunelleschi, la más grande construida en ladrillo. El artista florentino revolucionó la arquitectura del siglo XV con el diseño de esta cúpula de 100 m de alto y 42 m de diámetros. 463 peldaños ascienden hasta la linterna, desde la que se pueden ver de cerca los frescos que la recubren y admirar una visión única del interior del templo. 

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Maravillas en 90 segundos

El Duomo de Florencia en 90 segundos

El Campanille que se levanta separado del Duomo fue diseñado por Giotto y concluido el año 1359. En aquellos tiempos, las torres-campanario solían construirse separadas de las iglesias para evitar desperfectos causados por la vibración de las campanas. Por su lado, el Baptisterio de San Giovanni (siglos XI y XII) es el edificio más antiguo del conjunto, y guarda un interior resplandeciente recubierto por mosaicos, principalmente dorados. Las puertas de bronce por las que se accede, de las que Miguel Angel dijo admirado que eran como «la entrada al paraíso», son obra del escultor del Quatrocentto Lorenzo Ghiberti y constan de paneles cuadrados donde se representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento grabadas en alto y bajo relieve. El artista tardó 30 años en esculpirlas, pero nadie antes había sabido como él arrancar del bronce los juegos de luces y sombras y perspectivas. Los originales se exponen hoy en el Museo dell’Opera del Duomo, otra visita imprescindible en el conjunto del Duomo florentino.

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