Se hace la isla al andar

Formentera, el paraíso slow del Mediterráneo

O cómo descubrir este reducto de tranquilidad recorriendo sus caminos.

Decir que Formentera es uno de los últimos paraísos del Mediterráneo es hacer justicia a su privilegiado escenario natural. La menor de las Pitiusas no solo ha sido agraciada con un variopinto paisaje de acantilados, dunas, lagunas y bosques de pinos y sabinas, sino que además tiene el honor de estar bañada por las aguas más cristalinas del país. No hay postal que mejor identifique su esencia que la de ese mar de transparencia increíble en el que caben todas las gamas del azul. La razón hay que buscarla en la posidonia, la planta que alfombra sus fondos marinos y cuya peculiar fotosíntesis propicia esas coloraciones.

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iStock-531455006. Senderos secundarios

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Senderos secundarios

Por todos estos elementos y por su reducido tamaño (apenas unos 19 km de largo y en algunas zonas solo 2 km de ancho), Formentera resulta ideal para moverse en bicicleta. Porque aunque la isla puede recorrerse en coche en una sola mañana, hacerlo a ritmo de pedal no solo es la manera más genuina de apreciar su belleza; también el modo más respetuoso de desplazarse por la más salvaje de las Baleares. Perderse sin prisa por senderos ocultos, descubrir rincones inaccesibles desde la carretera y visitar el patrimonio cultural disperso por las escasas poblaciones confirma que este pequeño territorio es, en realidad, infinito. Existen para ello 32 Circuitos Verdes señalizados, que suman más de 100 km de interés natural.

iStock-177414273 (1). 32 Circuitos verdes

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32 Circuitos verdes

Existen para ello 32 Circuitos Verdes señalizados, que suman más de 100 km de interés natural. Las rutas se detallan en planos disponibles en las oficinas de turismo y están divididas por categorías de distancia, desnivel y dificultad. Para los más perezosos, la mejor opción son los recorridos de 30 minutos por terrenos llanos. Quienes tengan buena forma física preferirán los largos itinerarios que pasan por los principales enclaves de la isla.

iStock-877159532. Rumbo a Ses Illetes

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Rumbo a Ses Illetes

Si se elige bordear la costa, habrá que optar por la ruta que va del puerto de La Savina a la playa de Ses Illetes, elegida varios años como la mejor de Europa. Es, tal vez, el trayecto más escénico puesto que está jalonado por pequeños bosques y por la típica vegetación de dunas que delimitan deslumbrantes calas de arena blanca y agua turquesa.

En el camino aparecen estampas muy fotogénicas, como el Estany d’es Peix, una laguna frecuentada por gaviotas, garzas y chorlitos que recortan su silueta sobre el horizonte de salinas. Al final, tras un pedaleo suave, se llega al Parque Natural de Ses Salines, que comprende una parte de Ibiza y en el que la edificación está restringida al máximo: ni hoteles, ni chiringuitos, ni locales de música chill out.

shutterstock 185530829. El último reducto virgen

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El último reducto virgen

Quien decida avanzar hasta el final de la península de es Trucadors, extremo norte de la isla, hallará una agradable sorpresa: Espalmador, un islote que apunta hacia la punta sur de Ibiza, la otra Pitiusa. Protegido por una estricta legislación, Espalmador es el último reducto virgen de Formentera. Alberga una impresionante riqueza biológica, una laguna de lodo natural –con el que algunos se embadurnan el cuerpo pese a estar prohibido– y un ramillete de islotes que forma parte de la Reserva Marina dels Freus, que protege la mayor extensión de posidonia.

iStock-123079614 (1). Hasta los faros

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Hasta los faros

Más largas y un poco más exigentes son las rutas que exploran los otros dos extremos de la isla. En ambas, la meta son dos icónicos faros indisociables de la imagen de Formentera: el del Cap de Barbaria, en el punto más al sur, y el de La Mola, en el oeste. El primero quedó inmortalizado en aquella famosa escena de Lucía y el sexo con Paz Vega subida a un scooter. Desde entonces, es el lugar donde se viene a contemplar una puesta de sol inolvidable, con el mágico islote de Es Vedrá en contraste con el cielo rojizo. El segundo faro recoge los ecos de Julio Verne, a quien parece ser que este punto inspiró la novela Héctor Servadac. Todo en este paraje tiene una atmósfera esotérica, desde los acantilados de 200 m con vistas que parecen irreales hasta una cueva horadada en el suelo con salida directa al mar.

iStock-464593182. Viajeros 'iluminados'

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Viajeros 'iluminados'

En esta ruta hacia el faro de La Mola –la más larga de todas, con algo más 12 km– se percibe la herencia hippy de la isla. Especialmente en la localidad de Sant Ferran, donde en su día hubo una fonda que fue el centro del movimiento, y, ya en el pueblo de La Mola, en el popular mercado de artesanía que se instala los miércoles y domingos de verano. Los hippies encontraron en Formentera el oasis que había seducido a músicos como Jimi Hendrix, Bob Dylan -aunque su estancia aquí es una leyenda urbana- o Eric Clapton quienes, convencidos de que encarnaba otra manera de entender el mundo, dieron a conocer este bello enclave balear.

iStock-871180436. Caminos desde su capital

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Caminos desde su capital

Descubrir los encantos de la isla también pasa por emprender rutas por su interior. Seguir desde la capital, Sant Francesc Xavier, el Camí de ses Vinyes o el Camí de Can Simone son dos buenas muestras de la Formentera de tierra adentro. En estos itinerarios el paisaje recompensa el esfuerzo con higueras de ramas apuntaladas que crecen en horizontal, torres de defensa contra los piratas erigidas en el siglo xviii, antiguos molinos de viento y, en las salinas, ocultas entre juncos y cañas, aves como flamencos y garzas reales.

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Formentera, el paraíso slow del Mediterráneo

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