Un paseo alternativo

Gante más allá de sus joyas medievales

El diálogo entre el pasado y la modernidad hace que esta ciudad flamenca sea mucho más que un viaje en el tiempo.

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shutterstock 1703768281. Un ¿redil de ovejas?

Foto: Shutterstock

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Un ¿redil de ovejas?

El primer mote peyorativo que recibió fue «Schaapstal» que, traducido del flamenco, significa redil de ovejas. Tiene mucha más gracia en su idioma original, ya que se asemeja bastante al nombre oficial de esta estructura. Más allá del juego de palabras, la construcción del Stadshal hace más de una década en la plaza de Émile Braun de Gante no gustó a muchos. De hecho, la Unesco pidió explicaciones sobre qué hacía una marquesina gigantesca tapando y rivalizando con el majestuoso campanario gótico, protegido como Patrimonio Mundial. Sin embargo, nueve años después de su inauguración, este edificio diseñado por el estudio Robbrecht & Daem y por Marie-José Van Hee ya es un elemento asentado en el paisaje urbano de esta delicada urbe flamenca. Su utilidad es la de porche para eventos y actuaciones con el que dar vida a la explanada los días de lluvia. Su altura, la precisa para que cualquier malabarista pueda lanzar sus diábolos sin miedo a topar con el techo.

29482313943 9edfde655b k. Medievalismo intacto

Foto: Visit Flanders

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Medievalismo intacto

Pero el Stadshal es solo la punta del iceberg de una declaración de intenciones por parte de Gante: su belleza histórica no es una excusa para el inmovilismo. Esta ecuación no daña ni un ápice el encanto de la ciudad. Desde el puente de San Miguel, la vista de las tres torres (la de la iglesia de San Nicolás, la del campanario y la de la catedral de San Bavón) sigue teniendo un magnetismo irresistible. Al fin y al cabo, es la instantánea que mejor sintetiza el poder de Gante en la Edad Media, cuando llegó a sumar 60.000 habitantes.

baptist-standaert-29m9iBtJ lQ-unsplash. Grafitis inesperados

Photo by Baptist Standaert on Unsplash

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Grafitis inesperados

Al aproximarse al primer templo de la postal, lo que se encuentra es un espacio desacralizado que alberga desde conciertos a ferias de libros. En uno de sus laterales, una travesaña conduce hasta la Werregarenstraat, rebautizada como Callejón del Grafiti, por haber hecho de sus ladrillos lienzos para un arte efímero, cada vez más comisariado y valorado. No en vano, Gante ha visto nacer a artistas de esta disciplina como Roa o Bué The Warrior y cuenta con iniciativas que buscan recuperar muros y barrios dignificándolos con murales.

iStock-480567687. Cuando Gante era Mánchester

Foto: iStock

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Cuando Gante era Mánchester

De repente, en unos metros, lo medieval es relegado por lo industrial, ya que el auge del arte urbano en esta ciudad está ligado a la presencia de manufacturas obsoletas. El spray de color como antídoto contra el óxido. Otras reminiscencias de aquel Manchester flamenco son los edificios obreros de corte modernista y art déco como es la sede del sindicato ABVV en la plaza Vrijdagmarkt o el Vooruit, una sala de baile que reina palaciego junto al río Muinkschelde.

30-Home Stories detail. Gante y el diseño

Foto: Design Museum Gent

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Gante y el diseño

Aunque el legado más sorprendente de la revolución industrial es la conexión entre Gante y diseño. Se percibe en los modernos restaurantes y los establecimientos que se cobijan en los céntricos barrios de Het-Zuid y Patershol. Sin embargo, su escaparate más sobresaliente es, precisamente, el Design Museum, un espacio que sorprende por su ubicación, en una callejuela entre el castillo de Gravensteen y el esplendoroso muelle Korenlei. Y es que, la que fuera una mansión del siglo xviii es hoy una sucesión de salas donde muebles y objetos crean escenografías atractivas e inteligibles. Junto al MSK, al SMAK y al STAM forma un cuarteto de museos que, si bien no están en el Olimpo de las galerías del Viejo Continente, sí que logran canalizar parte de la creatividad e irreverencia de la ciudad.

37529996491 2ff9e55bd4 h. Una mediateca con vistas

Foto: Michiel Devijver

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Una mediateca con vistas

Eso sí, Gante también es callejeo y contemplación. En cada calle y plazuela surge un rinconcito que mantiene la estética medieval sin por ello parecer anticuado. Para sumergirse en él hay que pasear, llegar al río Escalda, volver tras los pasos y perderse entre las fachadas apiladas del puerto fluvial de Korenlei. Si se sigue el agua entre adoquines ribereños se acaba llegando a De Krook, quizás el edificio más perturbador y díscolo de toda la ciudad. La escultura Los transeúntes de Michaël Borremans preludia la entrada a esta mediateca diseñada por el estudio catalán RCR cuyo exterior, en la hora azul, parece fundirse con el atardecer. Eso sí, la panorámica definitiva está en la planta más alta desde la que se contempla el skyline medieval acotado por las franjas metálicas que circunvalan y embellecen el edificio. Dos mundos, dos tiempos verbales en una sola imagen que no deja de transmitir la irresistible dualidad de esta ciudad.

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