Escapada cetácea

De Getaria a Guéthary por la costa ballenera vasca

Esta ruta entre el viejo puerto guipuzcoano y el francés descubre la historia y el paisaje del Cantábrico vasco.

El oleaje vibrante y la temperatura cantábrica hacen de la costa vasca un paraíso de pescadores. Los 62 km que separan Getaria de la Guéthary vascofrancesa sintetizan muy bien la fuerza de esta cultura litoral marcada por la sardina, el atún o la anchoa, aunque el animal que aparece en los escudos de ambos pueblos es la ballena franca, aquí tan importante durante siglos que se la apellidó vasca. Ballena vasca.

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shutterstock 1694354518. Guéthary arrantzale

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Guéthary arrantzale

De hecho, el minúsculo puerto de Guéthary conserva la pronunciada rampa por donde los arrantzales (pescadores) deslizaban al animal. Y junto a la carretera destaca el Hotel Balea, antigua escuela reconvertida en un alojamiento que homenajea la memoria del cetáceo ahora invisible.

iStock-1162020786 (1). Una placidez bonvivant

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Una placidez bonvivant

Guéthary emana la placidez de su estación balnearia contrapunteada por las olas que a menudo rompen tensas en los –discretos–acantilados de Parlementia. Los frontones y las canchas de trinquete menudean entre casitas con patio y restaurantes que desbordan ostras y vino, y la atmósfera bonvivant se extiende hacia San Juan de Luz, donde el sol bruñe faros, casitas y atalayas con seductora coquetería.

iStock-1317631820. Hondarribia florida

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Hondarribia florida

La asalvajada costa se industrializa al cruzar la frontera española. Los bloques de pisos aparecen como un golpe, pero Hondarribia recupera pronto el tono portuario y exquisito de una burguesía imponente por recia y clásica. Hay casas pintadas de vivos colores que lucen exuberantes macetas en el balcón, y la Parte Vieja brinda un impecable Conjunto Monumental de piedras limpias determinado por la arquitectura defensiva. Destaca el castillo de Carlos V, fortificación que fue transformada en parador.

iStock-955850620. El declive del chipirón

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El declive del chipirón

Los hondarribiarras se defendían tanto que su fecha de referencia es el Alarde, conmemorando la liberación de un asedio de 69 días que aconteció en 1638.

Durante el Alarde, los zuritos y el txakolí riegan a fondo los platos de besugo o bogavante salidos de cocinas estelares sublimadas con sencillez en el barrio de La Marina, al otro lado de los muros. En este hábitat de pescadores explican que cada vez cuesta más encontrar chipirones porque se los zampan los delfines, «esto lo podéis confirmar en Pasajes», de nombre oficial, Pasaia. Y allí, Txarli, el veterano piloto de La Motora que cruza la bocana conectando las orillas de San Miguel y San Juan, corrobora la debacle del chipirón mirando a la estatua de una batelera que empuña un remo bien alto. Del puerto de Pasaia también zarpa algún barco pesquero que ahora llega hasta la fosa de Capbreton para observar cetáceos, desde delfines comunes hasta cachalotes e incluso orcas.

iStock-1337609954. Pasaia: el puerto femenino y el astillero de la memoria

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Pasaia: el puerto femenino y el astillero de la memoria

Pasaia es un símbolo de la influencia femenina en los puertos, porque cuando los hombres desaparecían durante meses obligados por la pesca de altura, las mujeres se encargaban del pueblo. De cruzar la bocana remando, también. Este enclave industrial donde a diario se funde el trajín de las grúas con el de trenes y barcos, ha dado generaciones de remeras, y su equipo de traineras femenino es el que ha ganado más Ligas.

Los peregrinos jacobeos suben a La Motora para cruzar a San Juan, donde está Albaola, astilleros especializados en reconstruir naves de época que también disponen de un museo en el que se explica cómo los vascos lideraron el comercio ballenero mundial hasta el siglo xvii. En su interior hay chalupas, traineras, barcos corsarios en fase de construcción, aunque la estrella es la réplica que están haciendo de la nao San Juan, descubierta en la canadiense Red Bay en 1978 gracias a las pesquisas de Selma Huxley. National Geographic le dedicó la portada de su número de julio de 1985.

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Foto: Aquarium de Donosti

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La penúltima ballena capturada y el Puerto Viejo de Donosti

Albaola se ubica en una cala del monte Ulía. Al otro lado se tiende Donostia, otro de los puertos de donde salen barcas para observar cetáceos. La cofradía de pescadores tiene un local al final del Casco Viejo donde se pueden consumir o adquirir conservas de toda esta costa. Del bonito de Bermeo a la caballa de Ondárroa pasando por la ventresca de Zumaia. Preparados al natural, al aceite de oliva virgen, ahumados o, claro, a la donostiarra. Unos metros por encima del Casco Viejo, con amplias vistas a la playa de La Concha, el Aquarium ofrece una visita que inaugura el esqueleto de la penúltima ballena cazada con chalupa en el País Vasco, la última con arpón, porque a la de Orio le tiraron dinamita.

shutterstock 1315896494. Orio 100% marinero

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Orio 100% marinero

En 1901. Pese a la falta de épica, los de Orio dedicaron a aquel momento una canción, una plaza y una fiesta que se celebra el 14 de mayo de cada cinco años. La conmemoración dramatiza la captura con una ballena de corcho, pero mimando al muñeco para evidenciar que aquello no se repetirá.

El Orio antiguo se levantó en lo alto de una colina, de cara a la ría. El ascenso es un placer que, desde la iglesia de San Nicolás, permite viajar al Medievo entre casas como palacetes que en buena parte se mejoraron gracias al mar: construyendo galeones, comerciando con hierro o pescando chicharro y verdel. Se trata de edificios muy bien restaurados, con blasones, muros, puertas y balcones trabajados al detalle. Y como aquí nació el escultor Jorge Oteiza, se encuentran obras suyas por numerosos rincones.

iStock-1039881924. Getaria y su horizonte

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Getaria y su horizonte

La línea de costa continúa hacia Zarautz, donde han cambiado las chalupas por el surf. Y, siguiendo la carretera al filo de un mar que cuando sopla viento rocía los vehículos como un diluvio, aparece la otra Getaria. Aquí amarra una de las flotas pesqueras más robustas del norte, y vale singularmente la pena acudir a una subasta y tapear o comerse una sopa de pulpo. Siempre al amparo del monte y el promontorio que forman una silueta que algunos asocian a un roedor, y lo llaman el Ratón de Getaria. En su cresta se apostaban años ha los vigías. Los restos de la atalaya pueden verse en el área donde se erguía el faro. Hay quien, desde esa cima, aún estira la mirada al nordeste como si fuera posible avistar el perfil de la otra Getaria.

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