Nacidos para proteger

Guadalajara en nueve castillos asombrosos

Esta provincia de Castilla-La Mancha atesora un rico legado monumental en el que sobresalen estas bellas fortalezas, testigos mudos de la historia y antaño escenarios de gestas y leyendas.

Las provincias de Castilla-La Mancha destacan por su abundante patrimonio monumental. Guadalajara en concreto combina villas centenarias y bellos entornos naturales con bastiones de origen árabe y fortalezas medievales. Viajes National Geographic ha seleccionado nueve castillos formidables con vestigios que han trascendido el paso del tiempo: murallas, salones, mazmorras, torreones... que presenciaron afrontas fronterizas, momentos gloriosos y mucha, mucha historia.

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Jadraque
Foto: Adobe Stock

jADRAQUE

En la orilla izquierda del río Henares, sobre un cerro de La Alcarria que Ortega y Gasset describió como «el más perfecto del mundo», se erige el famoso castillo palaciego del Cid que corona la localidad de Jadraque. Desde la lejanía se presenta como una mole inexpugnable y de dimensiones imponentes, aunque sus líneas plasmaban un incipiente renacimiento de influencia italiana. Este castillo palaciego y residencial del siglo XV fue uno de los últimos de este tipo erigidos en España. Sus vestigios mantienen el perímetro amurallado en el que destacan las torreones que protegían sus muros, salvo la desaparecida Torre del Homenaje que fue usada de cantera. Su primer propietario fue Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, conde del condado del Cid que fue otorgado por los Reyes Católicos, quien lo creó como símbolo para mostrar su grandeza.

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Torija
Foto: Shutterstock

Torija

La puerta de entrada a La Alcarria se asienta en el valle del Torija. Esta localidad acumula un interesante pasado como paso estratégico, dato que propició precisamente la creación en el siglo XIV de su castillo, en su origen protegido por caballeros templarios. La fortaleza de Torija sirvió como punto de defensa durante la Edad Media y sufrió varias ocupaciones que destrozaron gran parte de su estructura. Su rehabilitación más importante fue realizada en 1962. Este castillo destaca por su peculiar arquitectura. Sus altas murallas fueron diseñadas para dificultar la escala de los asaltantes, y sus muros no muy gruesos indican que fue edificado antes de que el uso de la artillería fuese frecuente. Singular es su gran torre principal, en su interior conserva una escalera de caracol para subir a una terraza con vistas. En la actualidad el monumento aloja el Centro de Interpretación Turística de la Provincia de Guadalajara, un museo del libro Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela en la Torre del Homenaje y otro espacio dedicado a la figura del Cid. 

Zafra
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Zafra

Los vestigios del castillo encaramado de Zafra ofrecen una perspectiva espectacular desde la roca sobre la que se alza. Con raíces en el siglo XII, conserva una muralla que se amolda a un terreno vertical con pequeñas torres en sus esquinas, un patio de Armas y, en lo alto, como un vigía, su Torre del Homenaje. Magnífico ejemplo de castillo roquero, en 2016 se rodaron en él escenas de la serie Juego de Tronos. Un enigma para los historiadores es el escueto espacio delimitado por las murallas que a penas deja lugar para depósitos de armas, ni almacenes de víveres; ello ha nutrido la hipótesis de que existieron cuevas excavadas bajo la roca sobre la que se asienta. El castillo era parte del antiguo baluarte del Señorío de Molina. Aunque solo sea posible visitar su exterior, son muchas las personas que se acercan a descubrir los vestigios de este bastión empinado, que durante el siglo XVI era uno de los más importantes del entonces reino de Castilla.

Zorita de los Canes
Foto: Shutterstock

Zorita de los Canes

La localidad de Zorita de los Canes, a orillas del río Tajo, regala una magnífica estampa del conjunto formado por el pueblo y su castillo, con una muralla desparramada sobre el cerro, siendo una de las fortificaciones más interesantes de la provincia. Nacido cerca del asentamiento visigodo de Recópolis, fue erigido sobre lo que era una alcazaba árabe del siglo IX con valor estratégico, luego reconstruido en el XIII por los monjes-soldado de la Orden de Calatrava. En el castillo que hoy se contempla domina el estilo gótico, aunque en su interior se encuentran restos de otras épocas de ocupación, dispersos por una zona militar y otra eclesiástica. Se conserva la Puerta de Hierro, fruto de la reforma del califa Al-Nasir en el siglo X. La visita también muestra la Torre del Espolón y las salas del Moro y la de Omega, esta con habitáculos excavados en la roca. Aquí residió la noble Ana Hurtado de Mendoza, noble del siglo XVI que pasó a la historia como Princesa de Éboli, entre otros títulos. Esta realizó reformas en el castillo para mejorar su habitabilidad, pero los dueños posteriores se desentendieron y dejaron que se arruinara. El Castillo de Zorita de los Canes está declarado Monumento Histórico-Artístico.

Riba de Santiuste
Foto: Shutterstock

Riba de Santiuste

El excelente estado de conservación de esta fortaleza es el gran valor de este castillo montano, amoldado a una dificultosa orografía en lo alto de un cerro. Esta verdadera joya arquitectónica empezó a construirse en el siglo IX sobre un monte escarpado, casi inaccesible, aunque la mayoría de sus restos son de los siglos XII y XIII. Los asedios debían llevarse a cabo cercando el cerro, y no la propia fortaleza, debido a la gran pendiente de las laderas, cosa que contribuyó a su preservación. El acceso estaba defendido por dos torreones y el estrecho camino que llega hasta la puerta, que dificultaba el paso a los atacantes. En la visita se pasa por un primer Patio de Armas de reducidas dimensiones, a través del cual se entra en un espacio con cuatro torres y diversas estancias con antiguas chimeneas. Se desemboca en un nuevo patio, rematado en una torre pentagonal que defiende el extremo norte. Conserva su perímetro fortificado y grandes torres cuadradas.

Palazuelos
Foto: Shutterstock

Palazuelos

Esta villa amurallada, la única de Guadalajara que conserva un lienzo de murallas completo, se funde con la estructura del castillo que la domina. Eso hace que el acceso al pueblo se realice por antiguas puertas de la muralla. Esta villa y su bastión fueron fundados en el siglo XV por Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana. El pueblo mantiene su fisonomía medieval de calles estrechas y rincones pintorescos, entre los que se eleva una iglesia que conserva portada y espadaña románicas y varias casonas con blasones en la fachada. La mole de su castillo tiene torreones cilíndricos en los ángulos y una gran Torre del Homenaje adosada al muro oeste. El escudo de armas de los Mendoza está sobre las puertas de muchas casas de Palazuelos. En la gran plaza central también se puede contemplar la llamada Picota de Palazuelos, una columna y antiguo símbolo medieval de las villas independientes que podían tener un juez e impartir justicia: los condenados también podían terminar atados a la picota, que conserva los hierros en su parte superior donde el reo era expuesto.

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Foto: Turismo de Sigüenza

Sigüenza

Una de las villas con mayor patrimonio de Guadalajara es Sigüenza, localidad que en enero del 2024 empezará a celebrar sus 900 años. Su castillo fue erigido sobre una antigua alcazaba árabe, y en tiempos cristianos funcionó como residencia de monjes-soldado, obispos, cardenales y reyes hasta el siglo XIX. Tras ser abandonado durante décadas y encontrarse en estado de ruina, el año 1972 fue recuperado como el Parador de Turismo de Sigüenza. Este alojamiento ha mantenido su espíritu medieval y los detalles más importantes de la que fue una gran fortaleza del siglo XIII. En ella se refugiaban los habitantes cuando se atacaba el pueblo y la comarca, y contenía un pozo para abastecer de agua la fortaleza. Uno de los elementos que más llama la atención es su enorme patio interior a cielo abieto. Pero además del castillo, la visita a Sigüenza no estaría completa sin visitar otros enclaves destacables, como la Casa del Doncel, con la famosa escultura que le da nombre, la Catedral de Santa María o el Monasterio de las Clarisas.

Atienza
Foto: Shutterstock

Atienza

Kilómetros antes de llegar al castillo de Atienza ya contemplar su silueta en el horizonte abierto. El vestigio de su gran torre de Homenaje, elevada sobre un rocoso peñasco, es un punto de referencia en kilómetros a la redonda. Además de esta atalaya se conserva la antigua puerta de entrada, rematada con un arco de medio punto y ubicada junto al torreón de planta cuadrada. En el patio interior pueden verse restos de dos aljibes tallados en la roca, uno con parte de la bóveda que antaño lo cubría. Desde la base de esta atalaya se disfruta de un bello panorama de la meseta castellana. Por la historia de este castillo, antaño muy poderoso, pasaron personajes históricos como Alfonso III, Alfonso VI o el Cid Campeador. La fortaleza se rindió por un breve tiempo al rey asturiano Alfonso III en el siglo IX; se cuenta que Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, no quiso pasar frente a ella a la luz del día por considerarla “peña mui fuert”; Alfonso VI la conquistó para territorio cristiano, aumentando con ella la defensa del Señorío de Molina. Pero el episodio más recordado fue la captura y salvación de Alfonso VIII. La familia Lara lo depositó en la villa, confiando en la seguridad de su castillo. Los vecinos, al ver llegar el ejército del rey Fernando III de León que pretendía secuestrarle para reinar en Castilla, lo disfrazaron de arriero y lo sacaron del pueblo, salvándole así la vida. Como premio, Alfonso VIII otorgó privilegios a la villa y rehizo su castillo.

Molina de Aragón
Foto: Shutterstock

Molina de Aragón

Es llegar al centro histórico de Molina de Aragón dominado por su castillo y empezar a imaginar caballeros a lomos de sus caballos o en gestas y torneos medievales. El monumento conserva el perímetro amurallado del que sobresalen varias torres de defensa. La fortaleza se remonta al siglo XII y fue edificada por el primer señor del Señorío de Molina, Manrique de Lara. Sobresalen vestigios de la muralla que la rodea y la Torre de Aragón, que fue erigida sobre el castillo árabe, este a su vez en el lugar de un anterior castro celtíbero; este torreón, reconstruido con tres plantas en el siglo XIX, es hoy un mirador. El acceso al castillo se realiza a través de la Puerta del Reloj, que da paso al amplio espacio interior que, en el siglo XIII, cuando la señora de Molina era Doña Blanca Alfonso, llegó a albergar un barrio entero. Restos de la iglesia de Santa María del Collado son testigo de ello. En el patio de Armas se hallaban las distintas estancias que formaban la residencia del señor de Molina, las caballerizas, cocinas, hornos, pozos, aljibe y calabozos. Y por cierto que Molina de Aragón también es famoso por su bien conservada judería, un puente románico y varios casas-palacio con blasones, reflejos del esplendor que alcanzó como cabeza del Señorío de Molina.