El mapa de los secretos

Nueva York: lo que el turista no ve

La gran metrópolis del mundo oculta, tras su grandiosidad, rincones que merecen tomar un desvío.

Difícil titular así un artículo que recoge los lugares escondidos de la ciudad más expuesta del mundo. Más de 67 millones de personas visitaron la ciudad de Nueva York en 2019 según datos de la oficina de turismo local aunque, probablemente, muchas de ellas nunca vieron ni estuvieron en todos estos lugares. Y casi que mejor, así que... Shhhhh.

 

 

 

Los jardines secretos

del Rockefeller Center

 


Lo dicen todas las guías, hay que visitar en Rockefeller Center para divisar el skyline de la ciudad desde el Top of the Rock, ir de compras y patinar sobre hielo durante el invierno (si es que lo logra tras una espera de varias horas). Sin embargo, hay otra curiosidad acerca de este mítico edificio/complejo de la que pocas de esas guías y recomendaciones se hace eco: los majestuosos jardines. Una inesperada tranquilidad en mitad de la bulliciosa Quinta Avenida donde respirar aire fresco y obtener una foto digna de postal. Perdón, de Instagram. Con una inesperada tranquilidad, los jardines secretos son el lugar perfecto para tomarse un tiempo de las bulliciosas calles y respirar una nueva y fresca perspectiva. Aquí los años de la Gran Depresión (época en la que fue construido el edificio), no se perciben.

Meditación de la ONU

“La sala de meditación de la ONU, tienes que ir”. Me lo chivó la profesora de yoga que tuve durante el tiempo en el que viví allí. ¿En la ONU?, pensé yo, pues sí, en la ONU. En las entrañas de este edificio que, a pensar de encontrarse en la esquila de la calle 42 con la Primera Avenida se considera territorio internacional, existe una Sala de Meditación cuya entrada es totalmente gratuita y abierta al público. Y aunque hoy en día solo sea posible visitarla, y hacerlo bajo estrictos controles de seguridad, es una curiosidad interesante dentro de la mole que supone el emblemático complejo.

La galería de susurros

de Gran Central

 

Si hay un adjetivo que jamás acompañaría a la estación de Grand Central es susurro. Y es que uno de los lugares más transitados de la ciudad, donde también se puede comer y muy bien dentro de su galería dedica a comida, es también uno de los más ruidosos de Nueva York. Pero con una excepción: la Galería Whispering. Esta pequeña sala que no mucha gente conoce de la estación permite, gracias a su inusual diseño de las paredes, que el sonido viaje a través del techo abovedado de modo que dos personas paradas en arcos diagonales puedan escuchar los susurros del otro. ¿Magia? Claro, es Nueva York.

The Morgan Library


El financiero John Pierpont Morgan construyó este oasis de paz en mitad de la transitada Avenida Madison para albergar aquí su particular colección de libros, curiosidades y arte. Si bien en un principio se trató de una iniciativa privada, en 1924 se abrió al público hoy es posible visitar los tesoros que encierra, que incluyen obras de Leonardo da Vinci y otros maestros del Renacimiento, así como manuscritos y cartas originales de remitentes tan heterogéneos como Jane Austen, Charles Dickens, Bob Dylan y muchos otros. Cierto que la sombra de museos de fama internacional como el MET o el MoMA es tremendamente alargada, pero mirando el lado positivo de las cosas, tal vez sea este el motivo por el que esta joya no es uno de los museos más conocidos de la ciudad, y que ni falta que le hace. Un detalle, ¿acaso alguien puede resistirse a entrar en un edificio Victoriano que contiene los Evangelios de Lindau, cuyo origen se remonta ala Edad Media, o partituras intactas de Mozart o Chopin en mitad de Manhattan? Ya me sé la respuesta.

The Jane Hotel


Poner un pie en este hotel es como adentrarse en una película de Wes Anderson donde no faltan los botones uniformados y sus habitaciones tematizadas. Construido en 1908 para alojar marineros, en 1912 también pasaron por aquí los supervivientes del Titanic. Tras años de hastío, durante los años 80 y 90 el hotel formó parte de la cultura bohemia de NY y fue sede de numerosos eventos de rock and roll con todo lo que eso conlleva. Aquí no hay lujo del que se mide en estrellas, teniendo en cuenta además que las habitaciones estándar ni siquiera cuentan con baño propio, pero sí mucha diversión en un hotel con nombre propio (The Jane, claro). Y aún hay más bondades aún hay más para destacar. La primera de todas ellas, el precio, con habitaciones desde 89$. La segunda, su ubicación que, en pleno West Village, no tiene parangón; El Museo Whitney, la High Line y el distrito del Meatpacking (antigua zona de mataderos que hoy es un barrio carísimo) están tan cerca que ni siquiera hará falta coger ninguna de las bicicletas gratuitas del hotel. Ah, su restaurante, Old Rose, ofrece un interesante menú de brunch durante el fin de semana y su tostada de aguacate es, cómo no, la reina del lugar... y también de Instagram.

El ucraniano 


de East Village
 
Nadie en su sano juicio se plantearía viajar a Nueva York para comer en un restaurante ucraniano de la segunda avenida, a menos que alguien le aconseje, encarecidamente, visitarlo. Ese alguien es, en este caso, yo misma, ya que durante una etapa de mi vida viví prácticamente enfrente del centro comunitario ucraniano (National Home), en pleno East Village. Este popular barrio, que ha sido epicentro de inmigración ucraniana de Manhattan, ha dejado paso, básicamente porque no le ha quedado otro remedio, a jóvenes estudiantes, hipsters, artistas y vecinos con mayor poder adquisitivo en general, aunque, y afortunadamente, aún queda parte del legado ucraniano, aunque sea escondido en un vestíbulo. Y aquí se sirven excelentes versiones de platos reconfortantes de Europa del Este, desde pierogis hasta repollo relleno o gulash, rodeadas de emigrantes con muchas ganas de contar historias. Esto es sin duda lo mejor del menú. Si bien el Ukrainian East Village no es un lugar para iniciados en la ciudad (lo siento, no sirven hamburguesa), sí ha sido un elemento básico del vecindario durante décadas, y sigue siendo un lugar de visita obligada para aquellos que desean probar el antiguo East Village; Les aseguro que sabe delicioso.

Housing Works

Un café, una librería, una obra de caridad

 


Esta hermosa librería del bajo Manhattan (en pleno Soho, para ser exactos) es un lugar de reunión frecuente de poetas, artistas demás activistas sociales que han encontrado en Housing Works un lugar donde crear, comunicar, tomar buen café y hacer una buena obra, valga la redundancia, ya que aquí todos los ingresos van destinados a la lucha contra el SIDA y la falta de vivienda. Housing Works pone a disposición de sus usuarios en su propia web un calendario de eventos que incluye lanzamientos de podcasts, lecturas de poesía y concursos de narración en vivo y demás actividades culturales entre las que merece la pena mezclarse aunque estemos de visita. Y ahí va otra otra excusa: su café es excelente.

City Hall

La estación fantasma


Ni una ciudad sin su estación de metro en desuso. En el caso de Nueva York, City Hall fue una de las estaciones de la primera línea de metro de la ciudad, pero quedó inactiva en 1945 debido a la falta de infraestructura y a otros intereses. La estación está enterrada debajo del edificio gubernamental más antiguo de la ciudad, la carga histórica de este lugar es un suma y sigue constante, y aunque no es la única estación abandonada de Nueva York, sí que es la más bonita. Construida sin escatimar en detalles bajo un más que interesante Art Decó neoyorkino plagado de curvas de ladrillo abovedadas y cristaleras que hacen las veces de tragaluz, todo fue diseño del valenciano Rafael Guastavino. La actual línea 6 de metro atraviesa esta estación de forma tan fugaz que apenas da tiempo a ver los preciosos candelabros de latón que iluminan los vestigios de un final que llegó demasiado pronto, así que para prestarle la atención que merece, el New York Transit Museum ofrece visitas guiadas.

Garfunkel's

Donde pedir un cóctel o un té

 


Una hamburguesería ubicada en plena Clinton Street que sirve como puerta de entrada a un bar clandestino donde sirven algunos de los mejores cócteles de la ciudad en pleno Lower East Side. No puede haber nada más Nueva York que eso. Bien, esto es Garfunkel’s, así que pase y póngase cómodo en uno de los bares más íntimos de Nueva York, con sofás de terciopelo y estanterías plagadas de libros y antigüedades. En la lista de cócteles conviven, al igual que sucede en la ciudad, cócteles creativos y clásicos, todos ellos seleccionados por la famosa mixóloga Lucinda Sterling y entre los que el Monte Claro es mi preferido. Pero aunque el Garfunkel’s es fundamentalmente un lugar oscuro y nocturno, de miércoles a domingos de 12 a 5pm también ofrece un Afternoon Tea (té al estilo inglés), cambiando las mixturas por los sándwiches de queso crema o los scones servidos con mantequilla y mermelada. Muy recomendable reservar.

Whispering

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