Redescubriendo Italia

Matera: lujo labrado en piedra

Este aparente paradigma define a la perfección cómo este lugar olvidado hasta por los italianos se ha convertido en un verdadero imprescindible.

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Ciudad esculpida

Entender Matera sin comprender sus Sassi, unas cuevas rupestres que se han habitado de manera ininterrumpida desde hace varios milenios es imposible. Horadadas por la acción del hombre y por la erosión de las calizas que la conforman, han servido de hogar a los materanos, que han legado a través de estas paredes su historia. Cuajada de iglesias, la vida de la ciudad se ha sucedido intramuros durante buena parte de su historia, así hasta llegar al siglo XX, cuando la degradación de los Sassi levantó la voz de alarma en las instituciones italianas. A partir de ahí comenzó la ‘resurrección’ urbanística de la ciudad, que vio como sus Sassi se convirtieron en 1993 en Patrimonio Mundial de la Unesco y en 2019 es Capital Cultural de Europa. Así es y así ha evolucionado Matera, una ciudad esculpida en piedra desde la Prehistoria.

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Los Sassi, el alma de la ciudad

La parte antigua de Matera se divide en tres zonas: los Sasso; Caveoso al sur y Barisano al norte; y Civita, la zona más alta de la ciudad, que se encuentra coronada por la catedral, de estilo románico, y que es el ‘techo’ de la urbe. En los Sasso se encuentran los vestigios constructivos del pasado, que en la actualidad son principalmente viviendas particulares y alojamientos para viajeros. Irse de Matera sin dormir en uno de ellos es un pecado contra la Historia que no se puede cometer.

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La Murgia Materana, una propuesta verde

Tal y como sucede con Matera, la vecina Murgia está formada por una serie de colinas y pequeños montes que han sido horadados por el ser humano desde hace decenas de siglos. Esto ha conferido al paisaje un sinfín de hoyos y oquedades, aprovechadas como vivienda o como refugio de rebaños. Junto a ello crece una naturaleza indómita, distribuida por más de 6.000 hectáreas, y cruzada por el río Bradano. Un paraíso repleto de animales, como las rapaces, que se pueden avistar desde los numerosos itinerarios que recorren el Parque y que además suponen un buen contrapunto atlético para la escapada. Allí también espera el belvedere, un espléndido mirador en lo más alto de la Murgia desde el que se domina una sensacional vista de la ciudad.

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Fe y tradición en un centenar de iglesias

Crecida al fragor de las Cruzadas, Matera y sus alrededores albergan más de 150 iglesias, fruto del continuo tráfico de peregrinos y soldados a Tierra Santa. A medio camino entre el arte latino y la herencia bizantina son numerosos los ejemplos artísticos de éstas, sobre todo en los frescos y las pinturas, con ejemplos tan famosos como la de San Pietro Caveoso, la de Santa Maria di Idris e San Giovanni o la iglesia rupestre de San Pietro Barisano. Un legado cultural de valor incalculable que atrae anualmente a miles de viajeros.

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Devotos de la Bruna

El día grande de Matera acontece el 2 de julio, cuando se celebra la Fiesta de la Madonna Bruna, a la cual se procesiona por la ciudad a bordo de un carruaje decorado anualmente por un artista local. Por la tarde, cuando la Virgen vuelve al Duomo (en la imagen), la fiesta se convierte en una algarabía en la que los materanos despedazan el decorado que envuelve el carruaje, llevándose consigo piezas y recuerdos que tienen casi la consideración de amuletos. El día concluye con un espectáculo atronador de luces y color que corona el cielo de Matera con fuegos artificiales y con los que se pone fin a una festividad que data del siglo XIV.

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Escenario(s) de película

Gracias a su singular estado de conservación, Matera se ha convertido en un reclamo ideal para numerosos rodajes de cine. Pasear entre sus paredes es hacerlo en un viaje en el tiempo que cineastas italianos e internacionales han aprovechado para sumergir sus producciones en la Historia. Es el caso de Mel Gibson, que rodó buena parte de La Pasión de Cristo en la ciudad, o el reciente biopic sobre María Magdalena, con Rooney Mara en el papel principal. A ellos se suman iconos cinematográficos transalpinos, como El Evangelio según San Mateo, de Pier Paolo Pasolini, o Anno uno, de Roberto Rosselini.

Foto: Aquatio Luxe Cave Hotel

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Dormir bajo la roca

Como no podía ser de otra forma, las ‘catacumbas’ de Matera sirven como alojamiento para hoteles boutique y cuidadas grutas en las que el viajero puede deslumbrarse cómodamente con varios siglos de historia. Confort y lujo coexisten aquí, en hoteles como el Aquatio Luxe Cave Hotel, que incluye un spa subterráneo en el que relajarse, o en Le Grotte de la Civita, con tan sólo 18 habitaciones horadadas en la roca, y que ofrecen unas singulares vistas a la Gravina y dan la bienvenida a los espléndidos amaneceres de Basilicata.

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Y, también, costa

Basilicata, emparedada por Puglia, Calabria y Campania, tiene menos fama como destino de playa que las regiones vecinas, lo que no quiere decir que no tenga impresionantes costas en las que disfrutar. En ella coexisten impresionantes arenales, sobre todo en la provincia de Matera, incluyendo la ciudad de Metaponto, en la que se alternan las grandes playas con las ruinas griegas. Costas más verdes y escarpadas esperan en Potenza, la otra provincia de la región, donde sorprenden algunas calas como la coqueta Calaficarra o las playas de Maratea, la única ciudad de toda Basilicata en las costas del Tirreno.

Foto: Cifarelli

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Gloria al pan

Al poeta local Roberto Linzalone se le adjudica la frase “Pane nostro quotidiano che sia solo materano”, es decir, que el pan de cada día sea sólo materano. Masa madre y trigo de la zona dan como resultado hogazas de entre uno y dos kilos de peso. Además, el Pane di Matera cuenta con su propia IGP, motivo de orgullo para los oriundos, que disfrutan en la mesa con esta corteza crujiente y con el mullido y dorado interior de la miga. Por eso es un auténtico pecado irse sin paladear r alguna pieza, como las que se hornean en Cifarelli, en Panificio Perrone o en Fratelli De Palo.

Plato de Vitantonio Lombardo. Foto: Marco Varoli

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No solo de pan vive Matera

Propuestas asequibles cotidianas y alta cocina coexisten en los restaurantes materanos. Ejemplo de ello es Vicolo Cieco, una salsamenteria tradicional, en la que se borda la cialledda, una ensalada fría con trozos de pan, tomate, cebolla y aceite. Otro ejemplo de clasicismo es Cibinium, perfecto para un picoteo ligero a base de antipasti, bruschettas y paninis. Moderna y frescas, sin caer en clichés gastronómicos son las proposiciones de Ridola Caffe y Soul Kitchen, donde salir de la pasta y de la pizza sin gastar demasiado. Más gourmet son las propuestas de Vitantonio Lombardi (con una estrella Michelin), que ofrece el menú Battisti, en el que hace un repaso creativo por los clásicos de la cocina de Basilicata, o las de Dimora Ulmo, que además presume de una impresionante carta de vinos.

Foto: Enoteca Dai Tossi

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Vinos, tragos y ambientazo

El materano y el viajero se entretejen cuando cae la noche haciendo vida callejera entre Via Ridola y las plazas del Sedile y de Vittorio Veneto. Pubs y bares excavados en la roca coexisten con terrazas abiertas en los tejados, donde disfrutar por igual de vinos locales o de alta coctelería. No hay que marcharse de Matera sin descubrir la impresionante bodega de Enoteca Dai Tosi, que ha restaurado una acogedora gruta en la que paladear los caldos de la región. Para más noctámbulos está Area 8, un concurrido espacio donde se suceden cócteles y conciertos entre la terraza y la grotte.

 

 

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