Ni clásica, ni chic: simplemente Viena

Viena en 7 experiencias que hay que vivir sí o sí

Un vals de siete pasos por la interesantísima urbe centroeuropea.

La bella capital de Austria asombra con su legado imperial y su vitalidad  artística. Una época excelente para visitarla es el verano, cuando Viena despliega su elegancia en las calles y sus parques, palacios y museos se transforman en escenarios de festivales de música.

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iStock-928346966. En el #7: Disfrutar del Danubio

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En el #7: Disfrutar del Danubio

Viena nació a orillas de este gran río europeo, pero no fue hasta finales del pasado siglo cuando empezó a incorporarlo a su día a día. En la actualidad, la zona del Alte Donau acoge la Isla del Danubio y el Canal del Danubio. Ambos ofrecen diversas actividades, desde pequeños cruceros fluviales a paseos en barca de remos, rutas en bicicleta por las orillas o zonas donde tomar un tentempié o una copa junto al Danubio. Allí se instala en verano la Playa de Gänsehäufel, que incluye una piscina de olas. En agosto se organizan conciertos nocturnos. Cerca del Danubio se extiende el Prater, un área boscosa que fue un coto de caza y hoy se ha transformado en un espacio para pasear y acoger festivales. Este parque es famoso por su noria centenaria.

iStock-533910123. En el #6: Alucinar en colores con la Casa Hundertwasser

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En el #6: Alucinar en colores con la Casa Hundertwasser

El Distrito 3 de Viena alberga uno de los edificios más singulares y coloristas de Austria. Se trata de la Casa Hundertwasser (Kegelgasse 37-39), un proyecto del artista Friedensreich Hundertwasser –su nombre real era Friedrich Stowasser (1928-2000)–, construido entre 1983 y 1985 con la colaboración de los arquitectos Josef Krawina y Peter Pelikan. Este edificio de viviendas tiene la singularidad de que los propietarios pueden decorar la parte de fachada exterior que rodea sus ventanas. Enfrente está la Hundertwasser Village, un antiguo taller de neumáticos transformado por el artista en centro comercial con una plazoleta interior.

iStock-1097761158. En el #5: Alucinar con el Modernismo vienés

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En el #5: Descubrir el amplísimo Modernismo vienés

El clasicismo de los palacios imperiales y las grandes avenidas vienesas provocó, a finales del siglo XIX, una reacción entre los artistas modernistas austriacos. El uso de las artes aplicadas (forja, estucos, vidrio, cerámica...) en fachadas e interiores y de materiales nuevos como el aluminio permitió crear una estética muy distinta a la imperial. Otto Wagner lideró esta corriente arquitectónica en Viena. Sus obras se hallan por toda la ciudad e incluyen viviendas (Casas de la Wienzeile), estaciones de metro (líneas U4 y U6), la iglesia Steinhof (en la imagen) y la sede de la Caja Postal de Ahorros de Viena. Joseph Maria Olbrich sorprendió en 1898 con la cúpula de hojas doradas del Edificio Secesión, sede del movimiento modernista. Adolf Loos, en cambio, prefería pocos ornamentos y líneas rectas, algo que aplicó en la Casa Loos. Paul Engelmann y Ludwig Wittgenstein aún se mostraron más austeros en la Casa Wittgenstein (1928), más cerca del estilo Bauhaus. En pintura, Gustav Klimt (1862-1918), del que se puede seguir una ruta propia, fue uno de los máximos representantes del movimiento modernista. El pintor legó a su ciudad natal varias copias de su icónica obra El Beso, y otras muestras de su talento que pueden admirarse en varios museos y en edificios que decoró. En el Burgtheater, por ejemplo, Klimt pintó los frescos que cubren el techo de las escaleras; y en la Karlsplatz, el pabellón Stadtbahn del arquitecto Otto Wagner posee ornamentos diseñados por el artista.

iStock-1055873732. En el #4: Pasear infinitas veces por la Ringstrasse

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En el #4: Pasear infinitas veces por la Ringstrasse

Colmada de palacios, parques y museos en permanente renovación, la principal avenida de la ciudad se muestra esplendorosa desde que en 2015 se embelleciera para celebrar su 150 cumpleaños. Este Ring o anillo fue abierto cuando el emperador Francisco José ordenó derribar las murallas y construir una arteria alrededor del corazón vienés. Hoy la Ringstrasse es un elegante paseo circular, algo irregular, donde se levantan desde el Ayuntamiento a la Ópera. La Ringstrasse se disfruta a pie o desde el Ringtram, el tranvía que da la vuelta completa y acerca al Palacio Coburg, hoy convertido en un hotel boutique, en cuyo vestíbulo se pueden ver vestigios de la antigua muralla.

Si se camina hacia el núcleo de ese círculo que es la Ringstrasse se llega a una arteria peatonal y comercial que se conoce como Graben y que se asienta donde estuvieron la Vindobona romana y el mercado medieval. La vía desemboca en la plaza de San Esteban, presidida por la catedral vienesa. El templo gótico se erige enfrente de la Hass Haus, un edificio de líneas rompedoras y con fachada de vidrio, concebido por Hans Hollein y rodeado de polémica cuando fue inaugurado en 1990. Alrededor del Graben se abre un entramado de calles medievales con iglesias barrocas, tiendas, restaurantes, cafés clásicos y varias casas-museo de músicos como Mozart y Schubert.

Sacher. En el #3: Deslumbrarse en sus sabrosas pastelerías y confiterías

Foto: Hotel Sacher

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En el #3: Deslumbrarse en sus sabrosas pastelerías y confiterías

A los Habsburgo les gustaba asombrar con sus palacios y tesoros, pero también disfrutar de momentos discretos, por ejemplo en los clásicos cafés del centro a los que a veces acudían disfrazados. Estos establecimientos son una seña de identidad de la ciudad y, desde el año 2011, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco. Rincones sosegados para reposar degustando un café con nata y una porción de tarta –la Sacher es la más famosa, elaborada con una receta secreta desde 1832–. Además del café que da nombre a la tarta destaca la Confitería Demel, la pastelería que nutría la corte de los Habsburgo, a la que la emperatriz Sissí encargaba violetas confitadas, flores acarameladas o recubiertas de chocolate. Hoy también hay cafés de diseño como el Leopold y el Drechsler.

iStock-458871135. En el #2: Sentirse como un príncipe en sus palacios

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En el #2: Sentirse como un príncipe en sus palacios

El esplendor con que los Habsburgo dotaron a Viena al construir sus palacios imperiales cambió para siempre la historia de la ciudad. El Hofburg –en pleno centro– es un gran complejo residencial. En su interior se suceden salones dorados decorados con colecciones de arte y estancias en las que residían los Habsburgo. Las más buscadas son las que utilizaba la emperatriz Elisabeth, convertida en un personaje por la película Sissi, (1955) y cientos de biografías. El palacio Schöbrunn –hoy conectado por metro– era la residencia estival de los Habsburgo de aires versallescos. Cuenta con 1441 salas, varios museos y un parque abierto todo el año donde se puede visitar un invernadero considerado uno de los más bellos de Europa. Por último, el Belvedere, formado en realidad por dos palacios (el Superior y el Inferior) separados por un bello jardín. La Gran Galería decorada con frescos de Giorgio Guglielmi es la sala más suntuosa.

iStock-681867476. En el #1: No perderse ni un museo

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En el #1: No perderse ni un museo

Viena es una ciudad de museos. Una de las visitas imprescindibles es el llamado MuseumsQuartier, uno de los mayores recintos culturales del mundo. Este cuadrilátero de 60.000 metros cuadrados albergaba las caballerizas imperiales y ahora guarda varios edificios de arquitectura vanguardista donde se exhibe arte de los siglos XIX al XXI. Destacan el Leopold Museum, que exhibe la obra de Egon Schiele, representante del expresionismo austriaco, y de Klimt; y el MUMOK de arte vanguardista, un edificio opaco de basalto, con colecciones rompedoras. El recinto incluye espacios dedicados al teatro y la danza contemporánea. Muy cerca, en la Plaza de María Teresa, uno frente al otro se erigen el Museo de Ciencias Naturales y el de Historia del del Arte, este inaugurado en 1891 para alojar las colecciones artísticas de la casa imperial. En sus salas se expone un impresionante fondo de grandes maestros de la pintura europea, como Vermeer, Velázquez, Rubens, Rembrandt, Durero, Tiziano, Tintoretto y la mayor colección de Bruegel el Viejo. Un paseo de 10 minutos acerca al Albertina, otro icono de la ciudad. Este edificio clásico, hoy coronado por un techo voladizo de vidrio y acero, exhibe una de las colecciones gráficas más extensas del mundo y, con frecuencia, las mejores exposiciones itinerantes. En Viena vale la pena visitar también el Weltmuseum Wien, que reabrió renovado hace un par de años y que se ha convertido en un magnífico museo etnográfico dedicado a las culturas del mundo y nutrido por 250.000 objetos reunidos entre los siglos XV y XX por los archiduques austriacos. Y como broche, un pequeño tesoro: el Museo del Globo Terráqueo de Viena, único en el mundo.

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