El Hierro: la isla indómita

Bosques de laurisilva, valles con acantilados, una meseta interior y cráteres sumergidos forman su insólito paisaje.

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iStock-1283400063. Una escultura natural

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Una escultura natural

El Hierro posee la violenta energía de una obra de arte de la naturaleza. Un áspero peñón emerge de las aguas del Atlántico y se eleva rápidamente hasta los 1501 m del Pico de Malpaso. Con menos de 30 km en su máxima dimensión, sus costas abruptas y su figura de pirámide truncada generan paisajes de grandes pendientes en cada una de sus caras exteriores con una meseta elevada en el centro. No existe una carretera que bordee la isla. Para conocer la más occidental de las Canarias hay que recorrer las tierras altas desde el interior y bajar al mar cuando sea posible. El viaje permite comprobar el acierto de su designación como Reserva de la Biosfera y la ejemplar convivencia entre sus habitantes y un prodigioso jardín donde se entretejen cultivos, bosques de laurisilva y umbríos pinares, gracias a la caricia húmeda de los vientos alisios.

shutterstock 571325935. Una catedral en equilibrio

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Una capital en equilibrio

El avión aterriza en una estrecha pista litoral, cerca del puerto de La Estaca y de los aislados terrenos de Timijiraque y Las Playas, frente al que se baña el solitario Roque de La Bonanza. Desde el aeropuerto, la carretera asciende a Valverde, la capital que ofrece su agradable arquitectura de sencillas casas blancas a 600 m de altitud, dominando la meseta de la isla, que acoge a la mayoría de los once mil herreños. Esa repisa se desploma en gigantescos acantilados sobre la costa este, en los farallones que limitan los campos de El Golfo al noroeste y en las descomunales pendientes deshabitadas de El Julan al sur, donde un Parque Cultural guarda petroglifos y otros restos arqueológicos. Se aconseja visitar los tres municipios de la isla, Valverde, Frontera y El Pinar, enlazando cortos trayectos en coche con caminatas por senderos espectaculares.

iStock-159006179. Explorando las maravillas volcánicas

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Explorando las maravillas volcánicas

Alrededor de Valverde los pueblos agrícolas dibujan una corona en torno a la caldera de Ventejís. Son núcleos de casas diseminadas entre huertos y praderas como Echedo, Mocanal o Guarazoca. Cerca está el Mirador de la Peña, obra de César Manrique (en la imagen), que permite contemplar a vista de pájaro el gigantesco anfiteatro del valle de El Golfo, testimonio de las poderosas erupciones que dieron forma a la isla.

El Paisaje Protegido de Ventejís guarda memoria de los antiguos bimbaches y de su árbol sagrado, el Garoé, un gran tilo cuya copa condensaba la humedad de los alisios y la convertía en agua pura. Hoy deberíamos venerar la Garona del Viento, a solo 6 km, que combina tecnología eólica e hidráulica para que El Hierro alcance la autosuficiencia eléctrica y se sitúe en la vanguardia del desarrollo sostenible.

iStock-1310621675. Entre huertos y miradores

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Entre huertos y miradores

El municipio de El Pinar ocupa el sur, con anchos caseríos en San Andrés o Isora, rodeados por huertos, higueras y almendros. Extensos pinares, como los de la Hoya del Morcillo, con una bella zona de pícnic, se prolongan hasta los miradores de vértigo de Isora o Las Playas; este tiene a sus pies el parador nacional, encajado entre el Atlántico y mil metros de pared acantilada.

shutterstock 1551977846. Paraíso bajo el mar

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Paraíso bajo el mar

Bajando al puerto de La Restinga se descubre el panorama reseco y mineral del extremo sur. Los restaurantes de la única aldea playera herreña invitan a degustar pescado fresco y sus fondos marinos, a disfrutar de las mejores inmersiones de Europa. Frente a la costa, en 2011, casi emergió el nuevo volcán Tagoro, al que han dedicado el Centro de Interpretación del Geoparque de El Hierro.

Frente al puerto de La Restinga, al sur de la isla, se localiza uno de los mejores destinos de submarinismo de Europa. Se enmarca en la Reserva Marina La Restinga-Mar de las Calmas, donde se disfruta de una visibilidad extraordinaria y las corrientes alimentan una variada y rica fauna. Destacan los muriones, gallos, barracudas, meros de grandes proporciones y, ocasionalmente, tortugas, mantas y tiburones ballena. El Bajón, una chimenea rocosa que se alza del abismo marino, es una de las inmersiones estelares.

shutterstock 1075194917. Una ermita con Bajada

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Una ermita con Bajada

De regreso a El Pinar, una ruta de 18 km lleva a la ermita de Nuestra Señora de los Reyes, en el Parque Natural de La Dehesa. La mínima carretera casi aérea recorre la cornisa de El Julan, la empinada ladera a sotavento que desciende desde la línea de cumbres. Densos pinares sombrean al trayecto, que discurre en balcón sobre el Mar de las Calmas, frecuentado por cetáceos.

En esta ermita, cada 4 veranos (el próximo, en 2021) se celebra la Bajada de la Virgen, una romería en la que participa toda la isla.

iStock-497710861. El confín occidental en época romana

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El confín occidental en época romana

Cerca de la ermita está el paraje del Sabinar, con sabinas retorcidas por el tormento del viento. Otro desvío desciende en quince minutos hasta el faro de Orchilla, confín de El Hierro por el oeste, el lugar más occidental del mundo en tiempo de los romanos. Allí se situó el Meridiano Cero, referencia de navegantes hasta que Green­wich logró la primacía en 1884.

iStock-497751543. De El Golfo al Charco Azul

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De El Pinar al Charco Azul

Desde El Pinar, a través de una brumosa laurisilva rebosante de musgos y helechos, la carretera baja a la colosal depresión de El Golfo, encerrada por un telón de acantilados. Su territorio, sembrado de piñas, plátanos, aguacates y mangos, pertenece al municipio de Frontera, que también produce buen vino para acompañar el potaje de berros, el conejo en salmorejo o el chivo.

Además del baño en piscinas naturales como El Charco Azul, hay que visitar el Ecomuseo de Guinea, con casas de piedra volcánica y el Lagartario, donde miman a los últimos lagartos gigantes de El Hierro. El Golfo es un buen colofón para esta isla, transitada por una madeja de antiguos senderos y carreteras que atraviesan bosques venerables y descubren vertiginosos miradores.

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