De un lado a otro

Hondarribia, una frontera muy diferente

Seis planes para descubrir una localidad que ha sabido aprovechar muy bien su estratégica ubicación.

Las fronteras siempre tienen fama de peculiares. Lugares que, como las estaciones de autobuses, dan para muchas historias y posiblemente fotos, pero normalmente son más de paso que de visita.

Pero Hondarribia no es una frontera al uso. De hecho, este municipio guipuzcoano técnicamente no lo es, aunque la desembocadura del río Bidasoa diga lo contrario porque muy cerca, en la otra orilla, está Hendaya. Una muga -así se dice frontera por aquí- natural con mucha historia detrás y que, según a quien se le pregunte, separa España de Francia o Euskadi Sur de Iparralde, el País Vasco Francés.

 

Fuenterrabia, Hondarribia u Onyarbi -usar este último nombre garantiza parecer de por aquí- es ese bonito municipio costero que cualquier que haya volado a San Sebastián habrá visto desde el aire. Es aquí donde se localiza -casi en medio del puerto y con un descenso tan espectacular como poco apto para aprensivos- el pequeño aeropuerto que sirve a Donostia.

 

Pero este viaje hay que plantearlo con los pies en el porque Hondarribia bien merece una visita.¿Lo mejor? Seguir estas pistas. 

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iStock-657391914. Empezar por el Casco Histórico

Foto: iStock

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Empezar por el Casco Histórico

Declarado Conjunto Monumental, el casco histórico de Hondarribia es visita obligada. Ubicado en la parte superior y dentro de las antiguas murallas de la ciudad, podemos acceder por la puerta de Santa María y caminar por la adoquinada Calle Mayor hasta la Plaza de Armas.

Allí se ubica el castillo de Carlos V, actual Parador Nacional y con una cafetería perfecta para los amantes de los clásicos. Tal vez demasiado clásico, cierto. Otra zona interesante sin salir del casco antiguo de la ciudad son los restos de la muralla medieval habilitados con diferentes pasarelas y los jardines Gernikako Arbola que permiten una vista exterior de las murallas.

Magalean. Una villa que es, estéticamente, frontera

Foto: Villa Magalean

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Un hotel que sintetiza Hondarribia

La elegancia de San Sebastián con un toque -si cabe- más afrancesado y un espíritu vasco y muy marinero. La misma descripción que serviría para hablar de Hondarribia es perfectamente válida para Villa Magalean. Este establecimiento consiste en un pequeño boutique hotel de 8 habitaciones. Cada una con una decoración única y cuidada al detalle, y bautizadas con el nombre de algún lugar de la localidad o los alrededores. Ubicado en una antigua villa de los años 50, cuenta con spa, un maravilloso desayuno a la carta y el restaurante Mahasti donde el argentino Juan Carlos Ferrando y el vasco Markel Ramiro ofrecen una cocina elegantemente ejecutada a base de buen producto local.

 

Cuentan con una interesante selección de vinos. De hecho, Mahasti significa viñedo en euskera y el local se define como restaurante y wine bar. Una buena ocasión para combinar el txakoli con referencias franceses aprovechando que quedan tan cerca.

Sardara. De pintxos por la Alameda

Foto: D.R.

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De pintxos

Si hay una postal conocida de la localidad -con permiso del alarde que se celebra en septiembre- es la de las fachadas de colores de las casas de la calle San Pedro, una de las más populares de bares y pintxos de Hondarribia.

Un par de recomendaciones para quienes quieran empezar sobre seguro: el bar Sardara y su famoso pintxo Barbalada (en la imagen) a base de bacalao en tres texturas que hace unos años le valió el premio al mejor de Euskadi; y los picantes de Ignacio Taberna, otro de esos bares que todo el mundo conoce y frecuenta por allí.

 

La oferta gastronómica para quienes busquen algo más serio es realmente amplia. Estamos en el País Vasco y ya se sabe que aquí no se bromea con lo de comer. Además del citado Mahasti, si hacemos caso a Michelin hay que pasar por el restaurante Alameda, distinguido con una Estrella y con menú degustación a partir de 78 euros.

HondarribiaTurismo01. Cruzar la frontera en barco

Foto: Hondarribia Turismo

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Cruzar la frontera en barco

Ya que la muga que marca el río Bidasoa siempre está presente, lo mejor será cruzarla. Y la mejor forma es hacerlo en la barca que une Hondarribia con Hendaia en menos de 10 minutos y por 2 euros el trayecto.

Ya al otro lado, si el tiempo acompaña lo mejor es aprovechar para dar un largo paseo por la preciosa playa de esta localidad vascofrancesa con más de 3 kilómetros de longitud. Intentar llegar hasta el Chatteu de la Abbadie es tentador, pero posiblemente sea pasear demasiado si además luego hay que volver.

Pero si hay tiempo merece la pena coger el coche para rodear la bahía de Txingudi, cruzar a Hendaia desde Irún -una parada aquí en la pastelería Aguirre para probar sus palmeras y brioches tampoco es mala idea- y conocer este castillo-observatorio situado en un precioso campo sobre el acantilado.

hIRUZTA. Un txakoli en Hirutza

Foto: Hirutza

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Un txakoli en Hiruzta

Esta es tierra de txakoli, ese vino blanco con uva hondarribi zuri que ha sabido evolucionar en los últimos años para dejar de ser un vino demasiado ácido y ganar elegancia, además de un sitio en las mesas de los mejores restaurantes.

 

Un ejemplo de ello es la bodega Hiruzta, situada en Hondarribia y donde incluso se atreven con espumosos vascos con esta misma variedad de uva, tanto en versión blanca como rosé. Visitar la bodega y los viñedos y probar su Berezia con crianza sobre lías de 4 meses es un excelente plan.

DSC00082. Una caminata desde el faro

Foto: Iker Morán

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Una caminata desde el faro

Pero no todo va a ser comer o beber. O sí, pero hay que disimular un poco o hacer hambre entre el desayuno y la comida. Aunque Hondarribia es una ciudad muy paseable, si se quiere algo más de monte lo mejor es subir hasta el faro de Higuer y empezar a caminar-cámara en mano, porque el lugar es de foto- bordeando la costa.

El monte Jaizkibel separa Hondarribia del puerto de Pasajes. Una caminata de bastantes horas que requiere estar preparado, aunque si queremos una meta más sencilla y que merezca la pena, en una hora y media es fácil llegar hasta el Fuerte de Guadalupe. Merece la pena.

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Hondarribia, una frontera muy diferente

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