Del 7 al 1

La isla sur de Nueva Zelanda en siete imprescindibles

Las pistas, lugares y experiencias que sí o sí hay que vivir en este paraíso de las antípodas.

Es uno de los países más seductores del mundo. Prueba de ello es su naturaleza, pero también la oferta cultural y de experiencias que crece día tras día. Tierra de volcanes, de lagos, de pájaros e incluso de El Señor de los Anillos, Nueva Zelanda presume de ser 'lo más' del mundo en muchos aspectos, y la isla sur es experta en ello.  

1 / 7

Foto: iStock

1 / 7

En el #7: Descubrir el street art de Christchurch

La tercera ciudad del país se reconstruye poco a poco de los terremotos de 2010 y 2011. Ocho años después, las calles de Christchurch siguen llenas de conos, grúas y andamios, pero la capital de Canterbury se ha renovado y se ha convertido en un centro cultural al aire libre. Las intervenciones artísticas y el arte urbano conviven con la arquitectura de reminiscencia británica, neogótica y maorí y aportan un toque canalla a la ciudad. La que fue capital del cristianismo británico en el siglo XIX, ahora se distingue por tener los museos de arte moderno más interesantes del país, apostar por las actividades culturales y promoverlas entre los más jóvenes.

Foto: iStock

2 / 7

En el #6: Catar vinos en Canterbury

Entre bosques y glaciares, los viñedos se aferran al paisaje de Nueva Zelanda desde el siglo XIX. El país se incorporó tarde a la producción de vino, pero lo hizo por todo lo alto con una de las tierras más fértiles del planeta. El enoturismo es una actividad económica en potencia y los maridajes de vino son cada vez más frecuentes. En la isla sur es posible adentrarse en los viñedos de Canterbury para tomarse un Souvignon Blanc y un Pinot Noir con vistas a los Alpes. Si por algo destacan los vinos neozelandeses es por tener carácter propio; su sabor frutal con toques cítricos no deja indiferente. A pesar de que el país no se distingue por tener una gastronomía propia, ha sabido hacerse un hueco en el ámbito internacional, y el vino, la cerveza y el café hacen de Nueva Zelanda un lugar al que vale la pena volver solo por la calidad de sus productos. 

Foto: iStock

3 / 7

En el #5: Amanecer en el lago Pukaki

Sí, recorrer Nueva Zelanda en autocaravana es la mejor opción. El país se presta a ello con sus innumerables espacios naturales casi ajenos a la presencia humana, entre los que los lagos y las costas de las playas son los mejores lugares para pernoctar o comer. Amanecer con la cordillera de los Alpes del Sur como telón de fondo es posible desde las orillas del lago Pukaki, uno de los más bellos del país. Y hacerlo no es difícil. Nueva Zelanda está perfectamente adaptada para recorrerla en furgoneta, incluso sin tener que pasar por campings de pago. Las aplicaciones móviles se convierten en el mejor acompañante para saber los lugares permitidos para dormir y las plazas de las que dispone.

Foto: iStock

4 / 7

En el #4: Descender a Sandfly Beach

Encontrarse en medio de una playa virgen a poca distancia de lobos marinos de 2,5 metros es posible en la península de Otago. Llegar por carretera a la playa Sandfly es relativamente fácil con un GPS, lo difícil empieza después, cuando se tiene que descender una duna de 30 metros. En la arena se pueden observar lobos marinos que descansan y se remojan, pero la tranquilidad y la proximidad también permiten ver una pelea entre los alfas de las manadas. Eso sí, acercarse a menos de los 10 metros que recomiendan las autoridades puede ser muy peligroso, ya que los lobos marinos tienen unos reflejos mucho más rápidos de lo que parece. La isla sur es paradero indispensable para avistar ballenas en Kaikoura y pingüinos de ojos amarillos en Oamaru.

Foto: iStock

5 / 7

En el #3: Observar la vía láctea y la aurora austral

El país de los pájaros puede presumir de tener uno de los cielos más bellos del mundo. La pureza del aire y la poca contaminación lumínica hacen de la zona de Mackenzie una de las mejores para observar las estrellas. Perteneciente a la reserva de la biosfera, el observatorio del lago Tekapo tiene cola en su agenda para aceptar reservas. Pero simplemente desde las orillas del lago ya es posible contemplar la vía láctea. Además, en está zona se puede observar la aurora austral entre los meses de marzo y setiembre, coincidiendo con el otoño y el invierno del hemisferio sur.

Foto: iStock

6 / 7

En el #2: Regresar a la Edad de Hielo

Para recorrer los glaciares de Fox y Franz Josef no es necesaria una excelente forma física, ya que su clima templado hace que sean unos de los más fáciles de visitar. Mientras en el resto del mundo los glaciares están retrocediendo, en Nueva Zelanda es posible volver a la Edad de Hielo y observar como los valles de hielo se extienden por debajo de la cota de nieve casi hasta el mar. Al pasear por el pie de los glaciares, se pueden apreciar las laderas empinadas y las cicatrices que dejó el avance y el retroceso de los glaciares durante milenios. 

Foto: iStock

7 / 7

En el #1: Sea lo que sea, pero en Milford Sound

No es de extrañar que Rudyard Kipling lo describiera como la octava maravilla del mundo. El estrecho de Milford Sound es, si no la que más, una de las principales atracciones turísticas de Nueva Zelanda. Con 15 kilómetros de extensión, el Mar de Tasmania se convierte en un escenario de montañas de hasta 1200 metros, cascadas, laderas escarpadas y bosques húmedos, en el que habitan delfines, pingüinos y leones marinos. Situado en Fiorland, el estrecho permite ser navegado en barco o kayak y observado a vista de pájaro desde un helicóptero o con ojos de pez desde sus profundidades. Además, Milford Track recorre 54 kilómetros desde Fiorland National Park hasta Milford Sound, una ruta para maravillarse durante cuatro días de esta zona, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1990. 

En el #4: Descender a Sandfly Beach

La isla sur de Nueva Zelanda en siete imprescindibles

Compártelo