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Cómo conocer las islas más fascinantes sin ser Robinson Crusoe

Estas son las islas más bellas del mundo para perderse una temporada o soñar con ello leyendo el último número especial de Viajes National Geographic.

Cuando llega el momento de soñar con desaparecer un tiempo, la mayoría de las personas piensan en una isla, y a poder ser, lo más remota posible. Tiene que tener arena blanca, palmeras, agua turquesa, pero, sobre todo, mucha calma. Rodeadas de mar, con la tierra lejos, las islas son una promesa de ese pequeño edén tantas veces soñado. El nuevo número especial de Viajes National Geographic aguarda en el quiosco a los candidatos a ser  Robinson Crusoe, pero sin sufrir sus desventuras. En sus páginas, las islas más fascinantes del mundo.

 
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MALDIVAS

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MALDIVAS: Un edén de coral en el Índico

Las islas de este archipiélago asiático encarnan el viaje soñado en busca de playas de arena blanca y arrecifes coralinos rebosantes de vida. Un destino de calma y maravillas submarinas donde encontrar algunos de los fondos más ricos y bellos del mundo. Las Maldivas están formadas por 24 atolones, cada uno con decenas de islas esparcidas en aguas del Océano, en la ruta histórica que unía Africa y China, formando un destino que condensa tradiciones y una espléndida oferta viajera. Malé es la capital y ciudad más habitada. Su centro está dominado por la cúpula dorada de su gran Mezquita, un monumento situado cerca del puerto y del animado mercado de pescado.

 
SRI LANKA

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SRI LANKA: La Perla del Índico

La antigua Ceilán invita a un viaje cargado de sorpresas visuales y sensoriales. En la isla hay que dejarse llevar por los sentidos entre templos milenarios como los de Polonnawura, terrazas con campos de té como los que tapizan las colinas de Kandy, y playas de coral en el sur donde se puede ver a los pescadores faenando en las orillas alzados sobre zancos. Sri Lanka es la mezcla perfecta de cultura, tradición, naturaleza y gente humilde y sonriente. La tristeza no define para nada a esta isla asiática con forma de lágrima y repleta de enclaves Patrimonio de la Humanidad, testimonios silenciosos de las diversas civilizaciones que la han habitado a lo largo de milenios. Un recorrido sugerente debe pasar por la colonial Kandy, la gran ciudad de las Tierras Altas rodeada de campos de té; Sigiriya, un monte de granito coronado por vestigios milenarios;  Dambulla, un recinto de cinco cuevas con templos; Passakudah, destino de playa y buceo en la costa oriental; Weligama, una bahía en el sur ideal para disfrutar del mar; y Galle, donde se pueden visitar el Fuerte Holandés y la Ciudad Vieja.

 
FILIPINAS

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FILIPINAS: Las islas de la exuberancia

Su entramado de 7000 islas compone este país asiático de naturaleza exuberante. El viaje desde Manila discurre entre volcanes, arrozales y playas de un mar de coral. Además las islas regalan una fusión de culturas difícil de hallar en otro lugar. Entre sus principales etapas está la isla Luzón, donde están Manila, Vigan y los arrozales de Banaue y las playas de Bicol. En la isla de Boracay está la costa de White Beach, famosa por sus 30 playas de arena fina. La isla de Pamalican es un paraíso de playas en medio del mar de Joló. Pero sin duda uno de los tesoros naturales de Filipinas es la isla de Bohol, de asombrosa diversidad. Bohol reúne paisajes muy distintos entre sí: llanuras y bosques donde habita el primate más pequeño del mundo, el mono tarsero; playas de arena blanca y fondos coralinos; la gran área fluvial de los ríos Loboc e Inabanga, con aldeas instaladas en las orillas y alargadas barcazas; y las famosas Chocolate Hills, tapizadas de hierba cuyo color varía del verde al dulce marrón que le ha dado nombre.

 
BALI

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BALI: La isla de la espiritualidad

Entre las miles de islas que forman la asiática Indonesia, Bali lleva siglo fascinando a los viajeros de Occidente. Apodada «la isla de los mil templos», esta perla verde esmeralda es un destino de bella naturaleza, con volcanes como el venerado Gunung Agung –techo de las isla–, blancos arenales y aldeas de interior como Ubud, con arrozales donde ver a campesinos recolectores que regalan imágenes de postal, y donde se puede acudir a ser espectáculos de de refinadas danzas sutiles. Entre sus encantos, el templo de Tanah Lot, construido sobre una roca bañada por las olas; el lago Batur, el más grande de Bali situado en una gran caldera volcánica y al que es habitual subir a pie para ver el amanecer desde la cumbre; y las playas coralinas del sur como las de Candidasa y Kuta.

 
Cuba

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Cuba: La Gran Antilla del Caribe

Es uno de los pocos enclaves del Caribe que no han perdido un ápice su sabor, cultura y ambiente tradicionales. La isla es un mundo en sí misma, algo que se descubre en un viaje que puede comenzar en la capital La Habana, seguir hacia Santiago en el este y seguir hacia el Valle de Viñueales al oeste, en cuyo extremo se halla la playa de María la Gorda, meca de submarinistas, para acabar en los cayos del norte. Además, viajar a Cuba aún tiene algo de última oportunidad para descubrir la riqueza natural y cultural de este país a punto de soltar amarras hacia un futuro lleno de retos. El paseo por la colonial y sensorial La Habana debe pasar por el Malecón, la Catedral, el Capitoral, los locales nocturnos con música en directo, mercadillos de viejo en algunas plazas. Santiago de Cuba aúna la belleza de sus coloristas calles a la memoria de la Revolución, aún presente por toda la ciudad. Camagüey es un núcleo de calles estrechas que desembocan en agradables plazas. Trinidad es otro enclave colonia de bonitas calles empedradas, casas con patios y ventanas enrejadas. Matanzas es una buena base para conocer la reserva de la Ciénaga de Zapata, y las playas de Varadero y las de Girón. Mientras Pinar del Río es la localidad de referencia en el extremo oeste de la isla desde la que se accede al bello valle de Viñales.

 
HAWÁI

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HAWÁI: El paraíso en la Tierra

Hawái se yergue como una pequeña flota fondeada en mitad del Pacífico, en el punto más alejado de cualquier tierra continental. Forma parte de la hilera de ínsulas, volcanes submarinos y atolones de la Cadena Hawái-Emperador, que se extiende 6000 km hacia el sur desde el canal entre la península de Kamchatka y las islas Aleutianas. Es en su extremo meridional, justo rebasado el trópico de Cáncer, donde la lava, el viento, la lluvia y el mar han ido modelando con paciencia el milagro de estas islas, en los confines de un azul profundo que se hace turquesa alrededor de sus costas. El viaje podría comenzar en la isla Oahu, donde se asienta la capital Honolulu, pero de las ocho islas principales hay una tríada que no podemos dejar de visitar, Big Island, Maui y Kauai, las tres esmeraldas de un collar de zafiros. Todas emergen en medio de un azul profundo que se hace turquesa en las costas. El archipiélago aúna la belleza salvaje de sus volcanes y acantilados y un espíritu abierto y pacífico de gentes excepcionalmente acogedoras. Es, además, un destino idóneo para el trekking e idóneas para admirar los peces de arrecife, las cuatro especies de tortugas, la foca monje de Hawái o los delfines.

GALÁPAGOS

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GALÁPAGOS: Santuario de fauna

Este archipiélago de origen volcánico, perteneciente a Ecuador y anclado en pleno Pacífico, se considera uno de los destinos más excepcionales del planeta para ver fauna endémica. Sus islas se convirtieron en un lugar mítico desde que el científico naturalista Charles Darwin halló en ellas animales que le inspirarían su teoría y posterior libro El origen de las especies (1859). Cualquier paseo por Galápagos, donde lo normal es alojarse en barcos-cruceros, permite familiarizarse con iguanas marinas, cuyo fiero aspecto de dragón esconde un buceador vegetariano. Sus hermanas, las anaranjadas iguanas terrestres, viven en el interior y se alimentan de jugosas hojas de los cactus. En las playas dormitan los leones marinos, tan indiferentes a la presencia humana como las aves pescadoras que instalan sus precarios nidos en el suelo. Al observar la vegetación de estas islas abriéndose paso entre la lava y el mar, el viajero tiene la sensación de asistir al origen de la vida. Sus islas principales son Santa Cruz, donde está Puerto Ayora, la única ciudad del archipiélago; Floreana, de naturaleza fabulosa; la volcánica Isabela; Fernandina, cuya flora y fauna se conservan casi intactas; Santiago, con playas en las que anidan las tortugas marinas; San Cristóbal, donde se puede visitar una  laguna de agua dulce en un cráter; y la Española, un edén para las aves marinas.

 
SEYCHELLES

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SEYCHELLES: Un jardín en el Índico

Las Seychelles son mucho más que un destino de playa para recién casados. Las 115 islas de este archipiélago del Índico seducen con sus selvas de tupida vegetación y cascadas, fauna endémica, arenales blancos con bloques graníticos que parecen dispuestos por gigantes, y un fondo submarino rico en corales. Aisladas en la inmensidad del océano, son islas de origen volcánico o coralino, lo que les da una belleza única y favorece la diversidad vegetal y animal. Este lugar paradisiaco estuvo deshabitado hasta bien entrado el siglo XVIII. Fueron los franceses asentados en la vecina Mauricio quienes decidieron explorarlas y bautizarlas con el nombre del ministro de finanzas de Luis XV, Jean Moreau de Séchelles. Las islas de Mahé, Praslin y La Digue, con sus playas de arena blanca y bloques de granito, invitan a relajarse y a soñar con la legendaria ruta de las especias que tenía en estas islas una etapa destacada. Mahé, la mayor del archipiélago, alberga la capital y el único aeropuerto internacional. En la isla de Praslin, sus visitas principales son la playa Anse Lazio y el Valle de Mai, donde las palmeras gigantes coco de mer sorprenden. Por su lado, La Digue es la mejor conservada del grupo de Islas Interiores y tiene la playa con rocas graníticas más espectacular, Source d’ArgentAdemás, con 300 especies de peces y más de 30 tipos de coral, además de tortugas marinas, no resulta extraño que Seychelles sea uno de los destinos para submarinistas más apreciados del planeta. El Parque Marino de Sainte-Anne, a 15 minutos en barco desde Mahé, es el enclave más accesible, pero existen muchos más: la plataforma coralina de Desroches Drop, Cocos Island, Coral Gardens, Whale Rock y el atolón de Aldabra, declarado Patrimonio de la Humanidad.

 
BORNEO

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BORNEO: Territorio para descubrir

La tercera isla más grande de la Tierra y hasta hace poco una selva inexplorada da cobijo a fabulosas especies animales y vegetales. La llaman «la tierra del cálao», ave de pico enorme y emblema de la isla, pero también podría ser la del orangután, de las plantas insectívoras y de las etnias. Los estados de Sarawak y Sabah, con el sultanato de Brunei en medio, conforman el Borneo malayo, la franja norte de la gigantesca isla. Sus parques naturales constituyen un paraíso para botánicos, ornitólogos y naturalistas en busca de uno de los grandes primates del planeta, el orangután. La ciudad de Kuching, en el oeste, ejerce de puerta de entrada y de base para preparar un recorrido por los tesoros naturales de sus parques nacionales: los pináculos de caliza de Mulu, las cuevas de Niah, las aves lacustres de Loagan Bunut, las tortugas y los cálaos de Similajau, el mono narigudo del parque nacional Bako y los increíbles fondos marinos de Pulau Sipadan. El Borneo malayo también ofrece la oportunidad de conocer innumerables etnias. Para una introducción rápida, se recomienda visitar la Aldea Cultural de Sarawak, 35 km al norte de Kuching, que agrupa siete casas alargadas tradicionales y en agosto acoge el Rainforest Music Festival.

CERDEÑA

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CERDEÑA: Una tentación en el Mediterráneo

Para descubrir la perla italiana lo mejor es seguir una ruta circular alrededor de su costa saltando de playa en playa, con inicio en la histórica Alguer (noroeste), parada en Cagliari (sur) y final en la deslumbrante Costa Esmeralda (nordeste). En el camino valdrá la pena realizar desvíos hacia el interior, de sabor más tradicional y bosques y valles con aldeas que preservan la esencia sarda. La naturaleza ha sido generosa con esta isla. Su costa recortada esconde grutas, calas de aguas turquesas, playas de arena blanca o dorada, rocas de granito en la orilla, o pinos y matas de enebro. La diversidad es la principal riqueza del litoral sardo y también el aliciente que anima a regresar más de una vez para disfrutar de uno de los destinos de playa más prístinos del Mediterráneo.

TASMANIA

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TASMANIA: Naturaleza en estado puro

Como un pequeño mundo apenas domesticado, la gran isla de Tasmania podría decirse que cuelga del sur de Australia. Alberga incontables tesoros naturales desde playas de arena blanca y montañas tapizadas de bosques a una fauna endémica. Su enorme valor hace que el 80% de su territorio esté protegido por reservas y parques nacionales. La capital, Hobart es la puerta de entrada y una ciudad relativamente pequeña, con 200.000 habitantes y situada en el sudeste de la isla, en la entrada del río Derwent. A su espalda se alza el monte Wellington que ofrece una vista formidable desde su cima –a la que se puede subir en coche–, a 1270 m de altitud. Esta ciudad portuaria, con un pasado ballenero y no excesivamente desarrollada, conserva en muchas de sus construcciones de estilo georgiano y piedra arenisca –sobre todo en el barrio de Battery Point y el puerto– el sabor colonial de sus primeros tiempos.

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