Tras el cavallino rampante

La Italia donde nació la leyenda de Ferrari

La mítica marca del Cavallino Rampante tiene su mítico feudo en el norte de Italia, patria del queso de Parma y el vinagre de Módena.

La Vía Emilia sigue cruzando la región de Emilia Romagna como si veintitrés siglos no fueran nada, aunque ahora es una carretera moderna —la Strada Statale nº 9— y no la calzada romana que en el siglo II a. C. unía en línea recta Piacenza y Rímini. Al poco de ser asfaltada por primera vez en 1929, pasó por ella un Fiat 514 Sedán con su parrilla reluciente, tal como quedó inmortalizado en un documento fotográfico de la época. Desde entonces, por esta carretera no han dejado de circular algunos de los mejores coches de la historia automovilística. Tampoco de construirse, la sede de diferentes marcas automovilísticas coinciden a lo largo de la vía hasta el punto de que a la región se la conoce como el Valle del Motor de Italia. 

En Emilia Romagna es fácil escuchar el rugido de velocidad que nace de la aceleración de un motor de más de 500 caballos de potencia. “Un automóvil que parece correr sobre metralla es más hermoso que la Victoria de Samotracia”, escribió Marinetti en su manifiesto futurista veinte años antes de que aquel Fiat 514 estrenara el asfalto de la Vía Emilia. Hoy Emilia Romagna es el hogar de Lamborghini, Bugatti, Maserati y, por supuesto, de Ferrari, símbolo de la excelencia italiana, con feudo en Módena y Maranello.

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Ferrari
Foto: shutterstock

Maranello: el feudo de Ferrari

En Maranello, la vida gira en torno a Ferrari. Una glorieta en el centro de la ciudad, decorada con una escultura del emblemático Cavallino Rampante, señala el camino hacia la galaxia ferrarista. Mientras la escultura del cavallino queda en el retrovisor, se deja a un lado la iglesia de San Biagio, cuyas campanas suenan cada vez que Ferrari se apunta una nueva victoria en la F1. La vinculación entre la ciudad y la marca es tan fuerte que uno de los estratos narrativos más importantes de Maranello es el formado por las ubicaciones históricas de Ferrari.

Unos metros más por la Via Nazionale y se llega a la fábrica de Ferrari, donde Enzo acabó trasladando en 1943 la sede desde Módena para comenzar a construir sus propios coches. La entrada de ladrillo rojo que se ve hoy es la misma por la que el 12 de marzo de 1947 salió el 125-S, el primer “Cavallino”. Hoy pasan por delante Ferraris de todos los modelos y épocas, la gran mayoría alquilados en alguno de los muchos establecimientos que ofrecen soñar por horas. 

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Tiempos modernos

La única forma de recorrer el interior de la fábrica es siendo uno de los clientes que acuden invitados para ver cómo avanza su Ferrari o para inspirarse a la hora de escoger entre las casi infinitas opciones de personalización. Viajes National Geographic sí pudo acceder, aunque antes de entrar a la planta, los responsables se aseguraron de colocar pegatinas en las lentes de todas las cámaras y móviles: nada de fotografías, todo lo que hay dentro es secreto y no se pueden arriesgar a sufrir espionaje tecnológico. 

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Y dentro lo que hay es vegetación natural entre los robots que ensamblan piezas, como si más que una fábrica fuera una utopía futurista. En apariencia poco tiene que ver la línea de montaje de un Ferrari 250 GT de los años 60 con las tecnificadas líneas de ensamblaje actuales por donde pasan los actuales 812 GTS o  SF 90 XX Spider. Sonidos metálicos, tornos en marcha, escalinatas para auparse en el capó, un pie de rey dispuesto para sacar el milímetro. Tiene algo de belleza hipnótica ver a los robots colocar piezas diminutas y dejar atrás virutas de aluminio. De aquellos años 60 a la actualidad queda la esencia Ferrari por la cual, la empresa sigue produciendo internamente la mayoría de sus componentes, algo único en el panorama automovilístico, tal como asegura la compañía.

Sí se puede visitar los exteriores de la fábrica gracias a un autobús lanzadera que se mueve por el Viale Enzo Ferrari en un recorrido de 45 minutos que permite a los visitantes explorar esta ciudadela industrial con edificios firmados por importantes nombres de la arquitectura mundial como Reno Piano o Jean Nouvel, y admirar las instalaciones, incluyendo la pista de Fiorano, sin bajarse. Desde la ventanilla, se pueden ver los test drivers, auténticos sueños de cuatro ruedas que habrían cautivado a Marianetti. 

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El Museo Ferrari de Maranello

A unos 300 metros de la fábrica del Cavallino Rampante, está el Museo Ferrari de Maranello. Entrar depara la experiencia automovilística definitiva, lo que Marinetti soñó en su manifiesto: velocidad para todos. El museo no solo alberga la esperada colección de los modelos Ferrari más famosos, sino que también exhibe premios, fotografías y objetos históricos relacionados con la historia de la icónica marca, como el despacho original de Enzo, el lugar donde comenzó el mito de Ferrari en 1929, convertido en una especie de altar agnóstico y pop. Durante el recorrido, varios superdeportivos se exponen como una oda futurista a la belleza.  

El Museo de Maranello también destaca por el impresionante salón de las victorias, que celebra los triunfos de la Scuderia Ferrari en el Campeonato del Mundo de F1 de 1999 a 2008. Esta sala recoge más de 110 trofeos y los cascos originales de los 9 pilotos campeones del mundo en la historia de Ferrari. Y sí, tiene algo de melancolía ver la sección dedicada al gran Schumacher: 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004. De fondo, en las imágenes proyectadas, una sinfonía de motores que pondrá la piel de gallina a los más entusiastas. 

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Ristorante Cavallino: Massimo Bottura al volante

Para comer sin perder la esencia ferrarista basta dar unos pocos pasos hasta el Ristorante Cavallino, la misma pagaduría que el propio Enzo Ferrari escogía para disfrutar de sus comidas. Situado en los límites entre la fábrica de Ferrari, el departamento Gestione Sportiva y la Flagship Store de Maranello, destaca por su llamativa fachada pintada de rotundo rojo. En una fotografía que cuelga en uno de los salones, se puede ver a Enzo, con sus eternas gafas de sol y su traje de corte perfecto, disfrutando de la experiencia en este icónico restaurante durante la era mítica de Ferrari, dando de comer —el gesto congelado en una broma infinita— a John Surtees, el único piloto en la historia en convertirse en campeón mundial de Fórmula 1 y de motociclismo. 

La fotografía transmite la alegría del momento, la belleza y la frescura, exactamente las mismas emociones que procura la decoración del Cavallino, donde abundan recuerdos y piezas únicas redescubiertas en los archivos históricos de la empresa, y su carta, de la que se encarga Massimo Bottura. Es buena y sana, dice el famoso chef modenés. Platos de caballa marinada con chalota, queso squacquerone di Romagna y rúcula Fusillone alla mugnaia, cochino, ostras y las pastas con caviar y caldo de pescado alcanzan la perfección entre la ligereza contemporánea y el peso de la tradición modenesa.

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El museo amarillo de Ferrari

A tan solo 21 kilómetros de Maranello se encuentra el Museo Casa Enzo Ferrari, en Módena. Puede sorprender el color que da la bienvenida a los visitantes porque no es el rojo clásico de Ferrari, sino el Giallo Módena, un RAL 1016 brillante y despreocupado que despierta puro hedonismo solo con verlo. Es la pintura más inesperada de Ferrari, vista en modelos antiguos como el F40. 

El museo es un interesante ejercicio de arquitectura contemporánea y restauración, fusionando la antigua casa que Enzo convirtió en su primer taller -Officina Meccanica Alfredo Ferrari, se puede leer en la fachada- y la galería futurista diseñada por el arquitecto checo Jan Kaplicky con una cubierta que parece el capó de un bólido de la F1 a punto de salir del pit lane para seguir compitiendo. En el interior, una gran sala blanca al modo de un ágora da la bienvenida al público con una película que repasa la vida de Enzo Ferrari con mucha más épica que la que se ha gastado el su biopic Michael Mann.

Después de visitar Maranello y Módena en clave ferrarista, uno podría pensar que el futurismo de Marinetti era literal, que viajó en el tiempo hasta hoy y regresó proclamando la era de la eterna velocidad. Como dijo Enzo, "el futuro siempre está en manos de quien sabe anticiparlo".