De lo sagrado a lo artístico

Konvent, el convento transformado en centro de arte donde la memoria cambia de molde

Un proyecto ubicado en el Bergadá que arropa todas las formas de expresión artística y enriquece la cultura arraigada al territorio.

En la antigua colonia textil de Cal Rosal, un convento de monjas de finales del siglo XIX cambia su “c” inicial por una “k” rompiendo con las formas del recuerdo. Convertido en centro artístico multidisciplinar, este recinto ubicado en el sur de Berga –capital de la comarca del Berguedà, en la Cataluña interior–, es también un referente en trascender los límites de lo que se entiende por espacio.

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Konvent. Las llaves de un proyecto

Foto: konvent

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Las llaves de un proyecto

Una tarde de 1992, cuando Cal Rosal ya había sido paulatinamente abandonado debido a la crisis que vivió el sector textil décadas atrás, las últimas cuatro monjas del convento salieron de él cercándolo con un cerrojo. A su partida, entregaron sus llaves a la madre de Pep Espelt, un antiguo alumno de la escuela que el edificio había albergado, para encomendarle el cuidado de sus plantas. Desde entonces, Espelt se tomó al pie de la letra el llamado, regando las plantas del jardín a diario y transformando los recovecos que habían quedado en desuso en puntos de encuentro para artistas y colectivos creativos. Así vio la luz el Festival Konventpuntzero (‘konvento punto cero’ en catalán), que buscó dinamizar la cultura en la provincia del Bergadá y terminó desembocando en lo que hoy es Konvent, un espacio auto-gestionado que arriesga en contenido y forma.

Konvent. Potencia textil

Foto: Séverine Sajous con postproducción de imagen de Pepe Molina Cruz.

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Potencia textil

Cal Rosal nació en 1858 cuando los hermanos Rosal compraron unos terrenos cercanos al río Llobregat y construyeron la que sería la primera colonia textil de Cataluña. La fábrica empezó sus actividades dos años más tarde, empujada por la energía proporcionada por el río, a base de máquinas de hilar, cardas y telares. Más adelante se dotó de un almacén de balas de algodón, abridores y batanes; así como de secciones para el blanqueo, el tinte, el apresto, la confección, el plegado y el embalaje. Con el tiempo, llegó a contar con 1.200 trabajadores que se organizaban en tres turnos, manipulando 500 telares y 25.000 husos. El auge de su producción fue parejo al del crecimiento de la colonia, que se expandió con viviendas para los dueños y los trabajadores, una iglesia, un cine, un estanque y otros negocios, así como un convento que incluía una escuela y una residencia para mujeres jóvenes –las más solicitadas para el trabajo, por considerarse sus manos las más ágiles de todas.

Estudios

Foto: konvent / estudios fábrica

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Llenando los vacíos

En la actualidad, el espacio –y el lugar donde éste se encuentra– es lo que da identidad a este centro que resuena por sí mismo, con maderas que crujen y unos vientos que se escurren atrevidos entre las ventanas rotas de las primeras naves. La actual entrada al recinto atrae con vigas caídas, medianeras agrietadas y lámparas que tambalean sin bombilla, con sus pantallas rotas. Un poco más al fondo, se
presenta el edificio del antiguo convento –el mejor conservado y donde se concentran la mayoría de las actividades– con un sinfín de objetos que guardan su estética original: cruces sin cristo colgadas en los cuartos o una partitura austríaca abierta en la página 105 en la galería del primer piso, por ejemplo, dialogan con un jardín de descanso bucólico. La magia de entrar en el Konvent es, precisamente, esta: nada ha sido escenificado; cada elemento habla del pasado, siendo pensado para el presente en debate constante.

Según Rosa Cerarols, fundadora de Konvent junto a Pep Espelt y Eduard Finestres, “el espacio nos eligió a nosotros”, descentralizando Barcelona como plataforma de producción cultural y artística. Por esto, desde él se convocan residencias artísticas que tengan arraigo con el territorio y apelen a la experimentación, abogando por “la creación en el sentido libre de la palabra”.

5W. Denundia

Foto: 5W

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Arte y denuncia

La sensación de inacabado que dejan los espacios en desuso aquí es tomada como una oportunidad de vanguardia, en una visita que a la vez es cruda y poética. Así, por ejemplo, una nave desolada de la antigua fábrica expone fotografías de gran tamaño en las que Guillem Trius retrata el silencio que la guerra ha dejado en Siria; los pacientes de salud mental de Afganistán y Pakistán fotografiados por Diego Ibarra Sánchez aguardan en la antigua enfermería, dentro del convento; o la crudeza de las migraciones del Mediterráneo retratada por Santi Palacios cubre el patio principal, buscando una libertad que la realidad no encuentra.

Otros proyectos se exponen como parte de la muestra ‘Necessari’ (Necesario) –activa a lo largo de octubre– que reúne doce trabajos publicados en la revista 5W en motivo de sus cinco años de fundación, como los realizados por Anya Miroshnichenko, Ricardo Garcia Vilanova, Mikel Ayestaran, Alfons Rodríguez, José Colón, Núria López Torres, Anna Surinyach, Cinta Fosch o Séverine Sajous.

Cada obra se funde con el lugar, pero también con el visitante, quien asume un rol nada más entrar: completar el espacio con su huella.

'Grans', arte territorial

Foto: Séverine Sajous con postproducción de imagen de Pepe Molina Cruz. / Seis monaguillos en los años 50, de los cuales Jesús Burniol Pagerols y Josep Bascompte Tarrés aparecen con aspecto actual. Un

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'Grans', arte territorial

El carácter de Konvent no solo reside en el interior del recinto, sino también en sus territorios circundantes, con residencias artísticas como la elaborada junto a Séverine Sajous, una fotógrafa francesa que aborda la imagen de forma participativa y que fue convocada para realizar ‘Grans’. Este proyecto, comisariado por Rosa Cerarols de Konvent con el apoyo del Ayuntamiento de Avià, busca homenajear a la gente mayor de esta población ubicada a cinco kilómetros de Cal Rosal.

Grans. Presente y pasado

Foto: Séverine Sajous con postproducción de imagen de Pepe Molina Cruz. / Maria Teresa Calderer y Ludi Argüelles compartiendo pupitre de colegio en el año 1958. Fotografía colgada en la plaza del Padr

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Presente y pasado

Sajous, que al ser residente en Konvent ha podido explorar nuevos territorios artísticos en un espacio que “no solo cambia las formas, sino también las lecturas”, recupera escenas cotidianas del pasado, reproduciéndolas en el presente. Durante una semana acudió a Avià con una cámara, un trípode, dos flashes y un croma y se dedicó a recrear fotografías que los vecinos del pueblo habían elegido de sus álbumes familiares –acudiendo de nuevo con ellos a la ubicación original o retratándolos con un croma. El resultado es un proyecto que incluye las fotografías actuales insertadas en las antiguas, en una incrustación poética que trasciende el collage y se aleja de la imagen de archivo. Con la postproducción de imagen a cargo de Pepe Molina Cruz, se logra resaltar este tránsito entre pasado y presente con unas líneas de color que enmarcan a la persona fotografiada en la actualidad, dentro de la vieja imagen.

Así, el marco adquiere una fuerza que se aleja del dramatismo que el confinamiento ha dejado en la sociedad. “Si colocábamos las dos imágenes juntas sin más se fundían en confusión. Con el marco queríamos marcar un parón emocional, que ayudara a pensar cuál ha sido el recorrido vivido”, comenta Sajous.

Foto 01: Caterina Pujol en el día de su casamiento frente a la iglesia de Avià, 1958.. Potencia textil

Foto: Séverine Sajous con postproducción de imagen de Pepe Molina Cruz. / Caterina Pujol en el día de su casamiento frente a la iglesia de Avià, 1958.

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Homenaje a la vida

Cada historia que emana la fotografía está vinculada con un color en particular, elegido por su significado. Por ejemplo, el marco que representa a Caterina Pujol frente a la iglesia donde se casó hace 62 años es de un rojo que evoca la pasión del primer amor, así como la pérdida de su marido fallecido un año atrás. En otras ocasiones, el mismo color simboliza el ambiente de posguerra y la crítica franquista, como es el caso de la imagen tirada a seis monaguillos, de los cuales Jesús Burniol Pagerols y Josep Bascompte Tarrés aparecen con su aspecto actual. Las tonalidades pasteles aluden a la infancia, como los retratos de Maria Teresa Calderer y Ludi Argüelles, compañeras de colegio; el verde a lo rural, con Japet Burniol mirando a un parapente volar en un descampado; y el azul a la inocencia, como es el retrato de Joan Lluís Sabata en la fecha de su comunión.

Además de los marcos, cada imagen busca conseguir la misma luz que la de las fotografías antiguas, intentando mantener la distancia focal y las posturas, en una muestra que deviene casi un trabajo etnográfico, como muchas de las propuestas que nacen de Konvent.

Grans. Un canto a la vida

Foto: Séverine Sajous con postproducción de imagen de Pepe Molina Cruz.

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Los grandes del pueblos

‘Grans’ es un viaje en el tiempo tanto para el visitante como para sus protagonistas, quienes removieron sus armarios y memorias, fisgoneando en los propios álbumes “en un momento en que la saturación de imágenes que vivimos nos puede hacer olvidar quiénes somos, viendo y escuchando cosas que ni nos corresponden”, dice Sajous.

Así, un total de 13 fotografías que unen el pasado con el presente se exponen en lonas de gran tamaño –10x7 metros la de mayor dimensión– a lo largo de las calles de Avià hasta finales de octubre. “Quisimos jugar con la palabra ‘grans’ [‘mayores’ y ‘grandes’ en castellano] porque es gente mayor y es en gran formato, con un gran impacto visual”, explica Cerarols.

Además de un homenaje a la vida, la muestra también es un reconocimiento a Joan Gabarró, retratista consagrado del pueblo del cual se aprovechan muchas fotografías originales.

Grans

Konvent, el convento transformado en centro de arte donde la memoria cambia de molde

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