Kotor, la preciosa bahía de Montenegro que quería ser fiordo

Al cobijo de los Alpes Dináricos, el abrupto litoral de Montenegro esconde uno de los grandes tesoros de la Costa Dálmata, las Bocas de Kotor.

Un macizo rocoso navega por el translúcido Adriático reflejando en él cuevas artificiales, fortalezas, pueblos medievales, islas minúsculas y plácidas playas. La imagen real de este paraíso recóndito del Mediterráneo corresponde a la bahía de Kotor, conocida como el fiordo más meridional de Europa.

Para leer más: 

1 /8

1 / 8

¿Fiordo o ría?

El derrumbamiento del cráter de un antiquísimo volcán y la desaparición del río Bokelj han configurado esta especie de fiordo que en realidad es una ría de la extinta corriente de agua. El territorio está perfilado por escarpadas montañas abiertas hacia cuatro ensenadas, dos interiores y dos exteriores, y comunicadas a través del estrecho de Verige. El agua penetra en tierra unos 28 kilómetros definiendo una accidentada costa de 107 kilómetros denominada Bola Kotorska o Bocas de Kotor. En su interior aguardan maravillas inesperadas que, con el buen tiempo, hacen del lugar punto de encuentro de la vida montenegrina.

iStock-1163159759 (1). Kotor, la ciudad que le da nombre

Foto: iStock

2 / 8

Kotor, la ciudad que le da nombre

La ciudad que da nombre a la bahía se encuentra ubicada al final de ésta. Su amplio patrimonio floreció entre los siglos XII y XIV gracias al comercio, alentado por su situación estratégica, y hoy es el principal motivo de que se haya convertido en el núcleo turístico de Montenegro.

Kotor está protegida por la UNESCO, bajo la curiosa mención de Comarca Natural, Cultural e Histórica, desde que un terremoto dañara gran parte de sus edificios históricos en 1979. Pero además está resguardada por los 4,5 kilómetros de muralla que serpentean por el monte de San Juan mimetizándose con las rocas. En la empinada cima, a más de 200 metros de altura, se obtienen algunas de las mejores panorámicas de Kotor vigiladas por la fortaleza de San Juan. Para llegar hasta ella habrá que subir aproximadamente 1.300 escalones que se detienen ante la iglesia ortodoxa de Nuestra Señora de la Salud, del siglo XVI, ofreciendo un respiro durante el fatigoso ascenso.

shutterstock 318477653. Esplendor veneciano

Foto: Shutterstock

3 / 8

Esplendor veneciano

La ciudad fue fortificada durante la República de Venecia para defenderla de ataques otomanos, aunque ya había constancia de sistemas defensivos anteriores. De este próspero periodo, en el que era conocida como Cattaro, son también muchos de los bonitos edificios e iglesias del casco antiguo repartidos por callejuelas bautizadas con números en lugar de con nombres. Para recorrerlas habrá que traspasar uno de los tres accesos situados en los muros. El de Gurdic parte de una pasarela para continuar por un sombrío y emocionante pasadizo como preludio a la maraña de calles y plazuelas blancas que intercalan tiendas de recuerdos, talleres de artesanía y restaurantes donde los menús suelen estar compuestos por platos de pizza y pasta.

Entre los monumentos destacan la iglesia ortodoxa de San Nicolás, el curioso museo en honor a los gatos , presentes en todos los rincones de Kotor, incluyendo sus souvenirs; el Museo Marítimo, situado en un palacio del siglo XVIII y fundamental para entender la importancia de la zona para el control del Adriático, o la antiquísima catedral de San Trifón, dedicada al patrón de la ciudad. Más moderno es el Teatro de Napoleón, construido en el siglo XIX

En la Plaza de Armas se levanta el elegante Palacio Ducal, herencia veneciana, y la Torre del Reloj, en funcionamiento desde 1602. Ante ella se alza la Puerta Del Mar acercando un sinfín de playitas acompañadas por animadas terrazas.

shutterstock 781787779. Carreteras panorámicas... y reviradas

Foto: Shutterstock

4 / 8

Carreteras panorámicas... y reviradas

Una carretera bordea la sinuosa bahía descubriendo infinidad de bellas estampas custodiadas por montañas que se abrazan. Las playas se prolongan hasta donde la vista alcanza. Aunque son de piedra, sus aguas, de intensos azules, bien podrían pasar por caribeñas si se obviara su temperatura, algo menos cálida.

Cualquier lugar es estupendo para saltar a ellas y comprender porqué romanos, serbios, venecianos, otomanos, húngaros e incluso españoles quisieron asentarse en este codiciado refugio mediterráneo.

Para ir en busca de más panorámicas a vista de pájaro, el monte Lovcen, a las puertas del parque nacional homónimo, es el lugar idóneo. La carretera para ascender hasta él es tan impresionante como dificultosa. 17 kilómetros y 25 curvas que muestran fabulosas vistas desde todos los ángulos posibles.

iStock-519084182 (1). Perast y el poder de Venecia

Foto: iStock

5 / 8

Perast y el poder de Venecia

Más pequeña, tranquila y elegante que Kotor es Perast, aunque al igual que su hermana mayor, vivió su esplendor durante los casi 400 años como parte de la República de Venecia. De esa época son sus escasos edificios barrocos, repartidos entre palacios e iglesias como la de San Nicolás, con un imponente campanario.

iStock-882912306. Las islas de Kotor

Foto: iStock

6 / 8

Las islas de Kotor

Desde su puertecito zarpan embarcaciones con destino a la iglesia de Nuestra Señora de las Rocas, edificada sobre un islote artificial que, según la leyenda, se construyó cuando, en el siglo XV, unos marineros encontraron una imagen de la virgen en este punto. La iglesia se planificó con un cierto aspecto musulmán para protegerla de los otomanos. Muy cerca hay también una ínsula natural bautizada por los locales como “la isla de los muertos” debido a los monjes que hay enterrados en ella. Cuenta con un monasterio benedictino del siglo XII, pero no está permitido el acceso.

iStock-1355277852. Lustica, una península repleta de historia

Isla de Mamula. Foto: iStock

7 / 8

Lustica, una península repleta de historia

A la entrada de las Bocas de Kotor, el entorno está marcado por playas solitarias, olivos y lugares como la glamurosa Tivat, ciudad de veraneo de artistas y aristócratas. La más joven de la bahía atrae por su lujosa marina, donde atracan yates millonarios.

A apenas 10 minutos en barco, el azul zafiro de las aguas se vuelve eléctrico en la Cueva Azul. Pero la escarpada costa conserva otras muchas grutas artificiales que fueron excavadas en la roca para ocultar submarinos en la II Guerra Mundial.

Frente a la Cueva Azul se encuentra la isla Mamula sobre la que, en 1853, se erigió una fortaleza austrohúngara para proteger la entrada a Kotor. Durante la II Guerra Mundial fue utilizada como prisión y actualmente ha sido convertida en un hotel de lujo.

shutterstock 1214989249. Herceg Novi y las reminiscencias española

Foto: Shutterstock

8 / 8

Herceg Novi y las reminiscencias española

Casi en la frontera con Croacia, Herceg Novi también custodia las Bocas de Kotor. Encajonado en una colina que mira al mar, este pueblo medieval presume de poseer un casco amurallado que encierra numerosas iglesias, en su mayoría ortodoxas. Su símbolo principal es una fortaleza que deja constancia del año en que este pueblo de infinitas escaleras, fue de dominio español. Concretamente en 1538. Para retroceder más atrás en la historia de Kotor hay que visitar Risan, probablemente el emplazamiento más antiguo de la bahía, o al menos así lo atestiguan sus mosaicos romanos del siglo II.

shutterstock 318477653

Ilustración: Jordi Català