"E se chover, que chova..."

Lisboa en invierno: un flechazo asegurado

Parques, miradores y restaurantes donde invocar la 'saudade'.

Dispuesta sobre el río Tajo como si de un escaparate se tratara, la capital portuguesa reivindica el derecho del viajero a sentir la ‘saudade’ una vez que la descubre. Un lugar en el que lo tradicional convive con la modernidad pero donde la esencia lusa permanece inalterable en sus barrios más tradicionales. Allí, Lisboa despierta en esta mezcolanza donde lo añejo y lo vanguardista se funde en sus comercios, restaurantes, parques y mercados, para reivindicarse como una ciudad donde el cosmopolitismo es bien recibido.

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liam-mckay-VHWyqXsWHg0-unsplash. Alfama y sus miradores

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Alfama y sus miradores

Mantiene su coquetería, propia de ciudad pequeña, como si se tratara de una dama que no quiere que todos sus encantos sean descubiertos a primera vista. Quizá a ello ayude su fisonomía, donde las perpetuas y empinadas calles de adoquines conviven con los tranvías amarillos, que tienen en los barrios de Alfama y Graça los mejores exponentes de la ciudad en cuanto a solera. La mejor opción para descubrirlos es en sentido descendente, encaramándose a lo alto de sus miradores como el de Miradouro de Graça (también llamado de Sophia de Mello Breyner Andresen), o los de Santa Luzía y Portas do Sol, en Alfama, con los tranvías y bajar desde estas cumbres urbanas. Menos cargados de encanto pero también muy útiles son los numerosos autobuses que cruzan la ciudad y que serán el mejor aliado de cualquier viandante, perfectos para acudir al rescate del que pensara que Lisboa es una ciudad pequeña.

Café. El café como religión

Foto: Confiteira National

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El café como religión

El pasado colonial de la ciudad hace que entrar en calor en sus cafeterías sea un rito casi obligado. Convertida en puerto de entrada de destinos exóticos en África, América o Asia, la cultura cafetera portuguesa se plasma en alguno de los lugares más emblemáticos de la capital, como A Brasileira (incluyendo una escultura en bronce de Fernando Pessoa en la puerta), Alcantara Café, Café Nicola, Café Vertigo, Bénard o la pastelería Versailles. Una auténtica ruta por la historia en la que no falta el contrapunto (muy) goloso, donde predominan los pasteles de Belém teniendo justa fama los de Fábrica da Nata, los de Confeitaria Nacional y los multipremiados de Pastelaria Aloma. Realmente, ¡estos pasteles rellenos de crema darían para una ruta por ellos mismos! Si apuestas por algo menos frecuente aunque también tradicional, otros dulces muy típicos del ideario lisboeta son los sonhos de abóbora, una especie de buñuelos hechos con calabaza; los coscorões, una ligera masa de harina frita y azucarada, el bolo de chocolate (mención especial merece el de Landeau) o los bolos de arroz como los de Padaria da Esquina.

3º Simpli Bakery Coffee. Cafeterías 2.0

Foto: Simpli

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Cafeterías 2.0

Siempre abierta al viajero, las nuevas influencias culturales que llegan a esta ciudad de moda han dejado su impronta gastronómica y, como no podía ser de otra forma, también han dejado poso (literal) en el mundo del café. Razón por la que en toda la ciudad abundan cafeterías de autor, donde los cafés de especialidad, la bollería y panadería de masa madre y el aguacate han tomado el poder. En este golpe de estado sabroso hay direcciones que todo amante del café no debe dejar atrás, como las cafeterías Simpli y Milkees (ambas cerca de la plaza de Marqués de Pombal), Café Boavida, The Mill o Heim Café. Ensaladas, tortillas y brunches se citan así con la tradición lisboeta del café aunque generalmente con precios menos lisboetas de lo común. Si la apuesta es por el chocolate, el lugar está más que claro: Bettina & Niccolò Corallo, una tienda consagrada al cacao donde además tomar un chocolate caliente o apostar por su sorbete de chocolate, hechos por ellos mismos con el cacao que cultivan en una finca familiar en el Caribe.

4º MERCADO DE ALVALADE © CM-LISBOA.PT. Mercados de siempre

Foto: CM-Liboa.pt

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Mercados de siempre

Con las pilas cargadas, Lisboa se pone en marcha y sus mercados tradicionales, aunque ya pocos, por desgracia, se convierten en el metrónomo de la ciudad, donde lisboetas de viejo cuño y turistas coexisten en estos espacios, muchos de ellos aún cargados de tradición, sobre todo cuánto más lejos del centro se esparce el viajero. Es el caso del Mercado Da Ajuda, cuyas amplias alas están colmadas de frutas y pescados -y algún puesto de carnes-, que sufren un especial ‘alboroto’ los martes, cuando los primeros barcos pesqueros regresan de faenar.

Cargado de vida, además literalmente, está el Mercado Biológico de Príncipe Real, que sólo se dispone los sábados y donde las protagonistas son las verduras y hortalizas orgánicas. Algo más alejado pero convertido en un casi templo de los abastos portugueses está el Mercado de Alvalade, uno de los más grandes de la ciudad y donde difícilmente se oyen otros idiomas que no sea el portugués. Aquí se citan carnes excepcionales (como las de O Talho de Alcides), pescados -sin olvidar el bacalao seco-, especias y frutas con las que realizar casi cualquier receta.

iStock-492160968. Más allá de lo hipster

Foto: iStock

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Más allá de lo hipster

Contagiados de esa dinámica de mercados gastronómicos, Lisboa no es ajena a esos espacios en los que puestos tradicionales conviven con pequeños restaurantes o franquicias en las que disfrutar, como si de una plaza central se tratara, de diversos platillos. Es el caso del Mercado Da Ribeira, muy bien situado, donde una de sus alas es ocupada por vendedores de fruta y pescado; y la otra por diversos restaurantes -más de dos docenas- en las que descubrir tatakis, hamburguesas, tartares y otro sinfín de platos.

 

También con guiños de fusión pero algo más auténtico está el Mercado de Martin Moniz, al que llegar con el legendario tranvía 28, que cruza la ciudad de este a oeste y vertebra Graça y Alfama (al este) con Campo do Ourique y Estrela (al oeste). Bautizado como Mercado Fusao, es perfecto para descubrir lo que tienen en común diversas cocinas del mundo con la portuguesa en sus coquetos espacios. Menos abigarrado y también más alejado del centro, aunque con características similares al de Ribeira, está el Mercado de Campo de Ourique, en el barrio de Estrela, que tras su última remodelación ha tomado aires de mercado gourmet. Así conviven fruterías, pescaderías y carnicerías con pequeños restaurantes en los que también te preparan la compra que hayas hecho allí. Es el caso de O Atalho, una carnicería en la que abundan cortes sudamericanos; Pesticaria, donde triunfa su bacalao a bras; o la tienda Lisboa Delicatessen, cargada de quesos y embutidos, que también puedes disfrutar allí.

8º Lechón, zarapatel, puré de habas, patata suflé, puré de cáscara de naranja y salsa de pimienta, de Belcanto. © Boa Onda. Los tres tenores Michelin de la ciudad

Foto: Boa Onda

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Los tres tenores Michelin de la ciudad

Hay vida más allá del bacalao, aunque la que hay con él encanta al portugués, y Portugal (y Lisboa en particular) viven un frenesí gastronómico de aperturas, de fusión bien entendida y de puesta en valor de su gastronomía que hacen de la capital un destino gourmet de primer orden. Entre ese fulgor, un cocinero resuena con nombre propio: José Avillez, el más internacional de los chefs portugueses, con un par de florones Michelin en las puertas de su local estrella: Belcanto.

 

Alta cocina lusa, productos de primera y una mirada hacia los productos de la tierra, algo no tan frecuente en la gastronomía portuguesa, son la base del emporio que el chef ha levantado en apenas una década. Más asequible y perfecta para los petiscos (pequeñas tapas), el propio Avillez presenta Bairro do Avillez, en la subida al Barrio Alto, donde los embutidos, los quesos y platos se encargan de saciar el apetito en un local curioso, patio incluido, donde disfrutar de sus recetas más tradicionales, como el bocadillo de pluma de cerdo ibérico.

 

Más allá de Avillez, otras estrellas refulgen en el cielo culinario lisboeta, como la de Loco, el restaurante de bandera de Alexandre Silva, que pertenece a esa nueva ola de chefs lusos. También con el foco puesto en productos locales y en la cocina portuguesa de base, Silva reinterpreta lo más tradicional convirtiéndolo en cocina de autor. Fiel a esos sabores, su segunda propuesta, Fogo, apuesta por la brasa como elemento vinculante de toda la cocina -y la bebida- donde pescados, carnes, verduras e incluso cócteles tienen un toque ahumado.

 

El tercer tenor es Henrique Sa Pessoa, cuyo restaurante Alma es toda una declaración de intenciones en el nombre. Con ella cocina el chef, que ha puesto sobre la mesa los principales pescados de Portugal, confeccionando un menú degustación sólo con ellos. A su vez, para los clásicos, está el Menú Alma, compuesto de sus grandes éxitos. En ellos, más allá de Portugal, abundan referencias africanas y asiáticas, que imprimen un sello diferenciador a la cocina de este dos estrellas Michelin.

9º Salón principal de JNcQUOI Asia ©Francisco de Almeida Dias. Un mapamundi gastronómico

Foto: Francisco de Almeida Dias / JNcQUOI

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Un mapamundi gastronómico

El multiculturalismo lisboeta se plasma inevitablemente en sus restaurantes, brindando ingredientes y recetas de casi cualquier parte del mundo en sus calles. Es el caso de guiños japoneses como los que se disfrutan en Ajitama Ramen Bistro, que han versionado con producto portugués dos chefs y viajeros lisboetas. El ramen es plato único, disponible en cinco estilos distintos -incluyendo vegano- y servirá para templar el cuerpo de más de un comensal.

 

Asiático, con influencias japonesas, vietnamitas, chinas e indias, es JNcQUOI Asia, el hermano ‘pequeño’ de JNcQUOI, uno de los lugares más de moda de toda la ciudad. Aquí los protagonistas son las recetas más recurrentes de la cocina oriental como los nigiri, los curry o los dumpling, en un espacio de cocina abierta y profusamente decorado con guiños a las culturas asiáticas y muy bien pertrechado de vinos. La nota dulce la ponen los postres de la vecina pastelería La Durée, incluyendo una tarta de queso Azeitão que merece por sí sola la visita.

 

De lo internacional, Lisboa salta a lo local en restaurantes como O Frade, gestionado por dos primos de origen alentejano, que han puesto en el tapete culinario lisboeta las recetas de su familia, provenientes del Alentejo. Es el caso del coelho en coentrada (un guiso de cordero con cilantro) o la estupeta de atún, similar a un salpicón pero hecho con carne del vientre del animal.

 

A ese recetario clásico también se dirigen lugares tan ilustres como Solar dos Presuntos, con más de 40 años de historia a sus espaldas, que vehícula la carta entre mariscos, carnes y pescados, siendo un buen lugar para quitarse la espinita del bacalao. Mención especial merece la versión a lagareira (a la brasa), asado al horno (a la portuguesa) o las célebres pataniscas de bacalao. Otras opciones donde no fallar el tiro en la ciudad incluyen la celebérrima A Casa do Bacalhau, consagrada al rey de los gádidos y con una veintena de recetas que le tienen como protagonista.

 

Ajenos a los convencionalismos, restaurantes como 100 Maneiras, dirigido por el chef bosnio Ljubomir Stanisic, apuesta por juntar en una mesa portuguesa distintas formas de entender la cocina, en la que hay guiños portugueses, eslavos, italianos y de otros continentes. Establecido en dos locales separados por apenas 600 metros, el chef ofrece menú degustación en el restaurante de Rua do Teixeira, 39, y a la carta en Largo da Trindade.

FOTO 10 El salón principal del Bar Foxtrot (c) barfoxtrot.pt. Para bajar la cena...

Foto: Foxtrot

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Para bajar la cena...

El Barrio Alto como destino es la mejor forma de acabar la noche lisboeta entre cócteles, copas y algún club con música en directo. Convertida la zona en la más divertida y movida de la ciudad, son numerosas las propuestas tanto de vinos como de coctelería que se abren al visitante. El primer trago, nada más encaminarse a la rua de Alecim, con la que encaramarse al barrio, se puede dar en Pensão Amor, una casa de lenocinio hace décadas y que ahora se ha convertido en lujosa coctelería. Amplios salones y una estética colorida, con aires orientales, se encargan de tentar al cliente desde primera hora de la noche. Más arriba, los amantes de la buena cerveza y de los ambientes exclusivos tienen una parada casi obligada en Pavilhão Chinês, un bar de fuerte remembranza china -como su propio nombre indica- donde la música de los setenta y los ochenta campa a sus anchas.

 

Cambiando de estilo de musical pero sin salir de Barrio Alto está Páginas Tantas, una de las referencias del jazz en directo de la capital lusa, con un horario nocturno generoso que suele extenderse hasta las tres de la mañana. Cerca también está, para cerrar la noche, Foxtrot, un bar con aire de coctelería inglesa y guiños a los Locos Años 20 con los que culminar el copeo.

FOTO-11-Uno-de-los-salones-de-Eurostars-Museum-Lisboa. Una noche en el museo

Foto: Eurostars Museum Lisboa

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Una noche en el museo

Después de una intensa dosis de Lisboa el descanso se vuelve obligado y la ciudad brinda sus mejores galas en forma de hoteles al viajero. Subida al carro de la alta hotelería internacional, la ciudad enarbola una larga lista de alojamientos singulares con los que poner el broche de oro a la noche. Uno de ellos es el Eurostars Museum, de reciente renovación tras varios años en obras y que a los lujos y comodidades de un cinco estrellas con vistas sobre el río Tajo se añade un detalle especial: es un auténtico museo en sí mismo. Erigido a los pies de Alfama, el museo aloja en su interior las ruinas de una antigua domus romana, así como restos de la muralla medieval de la ciudad e incluso una inscripción fenicia con más de 4.000 años de antigüedad, haciendo así que la noche en él sea realmente histórica.

FOTO-12º-Habitación-de-Fontecruz-Lisboa-con-vistas-al-barrio-de-São-José. ¡Aviso para los navegantes... contemporáneos!

Foto: Fontecruz

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¡Aviso para los navegantes... contemporáneos!

Bien ubicado y en plena Avenida da Liberdade, Fontecruz Lisboa Autograph Collection reivindica el carácter de hotel boutique con los guiños al viajero internacional, heredero de las grandes travesías de las que Lisboa era testigo a principios de siglo. Aquí, con la fachada dando a la gran arteria lisboeta pero abriendo las vistas de la parte posterior del edificio al barrIo de São José, cargado del encanto añejo de la Lisboa clásica. Dos vistas de una ciudad divertida y renovada en la que lo tradicional coexiste con lo moderno de forma armónica. Un lujo en el que conciliar el sueño y reponer fuerzas para seguir descubriendo una Lisboa que atrapa irremediablemente al viajero.

3º Simpli Bakery Coffee

Lisboa en invierno: un flechazo asegurado

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