Inspiración báltica

LITUANIA EN 7 EXPERIENCIAS QUE LA HACEN ÚNICA

Esta exrepública soviética de personalidad nórdica se disfruta a golpe de contrastes arquitectónicos y naturaleza despampanante.

A Lituania se le recuerda como un territorio olvidado bajo el yugo soviético, frío, distante y melancólico, que nada tiene que ver con la realidad actual. Mirando al mar Báltico y al futuro, Lituania exhibe con orgullo su majestuosa naturaleza –un tercio del país está cubierto de bosques– y envuelve sus ciudades en una vorágine de ocio y cultura. Amante del jazz y del baloncesto, con la mayor concentración de ámbar del mundo y fiel a sus tradiciones, este pequeño país de poco más de 3 millones de habitantes está repleto de sorpresas naturales, arquitectónicas y gastronómicas

 
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Vilnius

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Vilnius, la alegre capital lituana

Cuando brilla el sol, la capital lituana se viste de sobriedad y encanto histórico. Hay que perderse por sus callejuelas en busca de joyas barrocas como la iglesia de San Pedro y San Pablo o del emblema gótico de la ciudad, la imponente iglesia de Santa Ana. También habrá que subir a su colina más famosa, la de Gediminas, desde cuya torre se puede observar la estampa de techos rojizos de su casco antiguo –declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco–, contrastando con los rascacielos de cristal que hay más al fondo. Cuando llega la oscuridad, Vilnius (en lituano) se enciende en una fiesta interminable, animada por su alta población estudiantil, que sabe a cerveza y a sidra artesanal.

 
 De Trakai

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¡Ah, del castillo!

A tan solo media hora en tren desde la capital, la pequeña localidad de Trakai está en el mapa turístico por su legendario castillo emplazado en una isla en medio del lago Galvé. A esta fortaleza medieval de ladrillo rojo, que recuerda los tiempos del Gran Ducado de Lituania, conviene apreciarla desde el agua, en barco o remando en un kayak. Y aunque el interior no es tan espectacular como las vistas desde fuera, hay que acercarse cuando haya algún concierto o exposición en él. Además de rutas de senderismo por los bosques aledaños, en la localidad está asentada la minoría lituana caraíta que con sus menos de 300 miembros (en todo el país) intenta preservar su lengua y sus costumbres

 
Kaunas

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Paseo para culturetas en Kaunas

Con personalidad propia y un interesante contraste entre lo tradicional y lo moderno, la segunda ciudad lituana es toda una belleza báltica, que quiere ser Capital Europea de la Cultura en 2022. Gran parte de su atractivo cultural recae en los edificios art-decó de su centro heredados del periodo de entreguerras, cuando era capital de Lituania. La geometría, los colores llamativos, el drama visual, los festivales de jazz en monasterios y las galerías de arte moderno están aquí a la orden del día. Es hogar de Genys Brewing Co, que lidera la revolución de la cerveza artesanal en el país, también del único museo del mundo dedicado al diablo y del Lituanica, uno de los primeros aviones en cruzar el Atlántico.

 
Uzupio

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El barrio ácrata de Vilna

Desde 1997 el barrio bohemio de Užupis, rebosante de murales y obras de arte, declaró su independencia de Vilna y se convirtió en República. En sus calles conviven estudios de moda y galerías de arte con cafeterías molonas, restaurantes de cocina internacional y boutiques de moda local. Lo más interesante es que tiene su presidente, moneda propia, un ejército compuesto por 15 miembros, y, por supuesto, su propia constitución, que ha sido traducida a varios idiomas, entre ellos el español, y colocada en un muro en una de sus calles. Antiguamente fue un barrio judío, que tras el Holocausto quedó destruido y marginado; hoy es un hervidero de artistas que han dado rienda suelta a su imaginación. 

 
Curlandia

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Originalidad playera

En este paraíso playero no habrá chiringuitos ruidosos, sombrillas multicolor o multitudes desafiando las olas. Esta estrecha y alargada porción de tierra que separa el Lago Curlandia del mar Báltico es uno de los paisajes más surrealistas de Lituania y uno de los menos poblados. De hecho, el 95% del territorio del Istmo de Curlandia tiene un aspecto agreste y sin urbanizar. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y protegido por uno de los cinco Parques Nacionales del país, bien vale recorrerlo en bicicleta pues cuenta un carril especial que atraviesa los 52 kilómetros de la parte norte, perteneciente a Lituania; la parte sur es territorio de Kaliningrado, Rusia.

 Druskonis Druskininkai

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La experiencia balneario

Druskininkai, conocida como los pulmones de Lituania es, desde el siglo XIX, un destino de salud por excelencia, gracias a las propiedades curativas de sus manantiales y a su lodo medicinal. La reputación de esta ciudad como lugar de salud y bienestar fue reconocida por los gobernantes de la Rusia imperial que ordenaron construir sanatorios y balnearios; hoy en día alberga algunos de los spas más lujosos y antiguos de Europa. Además de sus aguas, Druskininkai se encuentra muy cerca del Parque Nacional de Dzūkija, el más grande del país, por lo que tiene un aire bastante puro que, sin duda, contribuye a esa sensación de bienestar que la rodea.

 
 COLINA DE LAS CRUCES

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¡Qué cruz!

Más de 200.000 cruces de todas las formas, materiales y tamaños adornan esta mágica colina situada a 12 kilómetros de la ciudad de Šiauliai que, aunque no encierra mucho misterio, es uno de los lugares más curiosos de Lituania. Aunque no se conoce muy bien el origen de este lugar, las teorías rondan alrededor de la resistencia de los lituanos contra la opresión soviética; algunos católicos creyentes comenzaron a poner cruces espontáneamente, en memoria de sus seres queridos muertos en las batallas contra el zar y cuyos cuerpos nunca pudieron recuperar. Lo que sí está claro es que se ha convertido en un símbolo de espiritualidad, esperanza y libertad.

 

Vilnius

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