Horizontes de vértigo

Los pueblos de España que desafían al abismo

Laderas, gargantas y acantilados que parecen no tener fin, estos enclaves han convertido sus ubicaciones vertiginosas en su principal atractivo.

Parecen salidos de un cuadro o de un set cinematográfico, pero en realidad son pueblos habitados, vivos, que por su emplazamiento resultan espectaculares. Nacieron junto a accidentes geográficos, como gargantas, meandros o acantilados, que en su origen los protegían estratégicamente o simplemente los embellecían. 

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Ronda (Málaga)

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Ronda (Málaga)

La malagueña Ronda es uno de los pueblos más espectaculares de Andalucía. Se asienta a horcajadas sobre una garganta de unos 100 m de profundidad, conocida como «el Tajo», al fondo de la cual fluye el río Guadalevín. El origen musulmán de esta localidad aún se respira en el núcleo amurallado que los árabes levantaron en el siglo VIII. Aunque Ronda cuenta con la defensa natural del «Tajo», los bereberes la reforzaron con una robusta muralla. Se conservan algunos tramos y varias puertas: la de Amocábar es el antiguo acceso a la medina; por la de Alberca se entraban ganados y víveres; la Puerta de Cijara está situada junto a los Baños Árabes; y la de la Fuente, ampliada en 1742 con el Arco de Felipe V, se halla junto al legendario Sillón del Moro. El costado que mira a la Serranía de Ronda se asoma a su emblemático «Tajo», que puede cruzarse por el Puente Nuevo, en realidad del siglo XVIII, cuyo arco central fue usado como cárcel durante unos años. Junto a sus tabernas y restaurantes de sabrosas tapas y guisos, Ronda preserva un patrimonio que abarca desde casas moriscas como la del Gigante o la Casa del rey Moro, o el Palacio de Mondragón, que aloja el museo de la ciudad, hasta iglesias que mezclan arte islámico y gótico, como la del Espíritu Santo, construida en 1485 para conmemorar la victoria cristiana. La guinda de la visita es su genuina plaza de toros, de 1785, una de las más antiguas de España. El casco antiguo de Ronda está declarado Bien de Interés Cultural.

 

Arcos de la Frontera (Cádiz)

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Arcos de la Frontera (Cádiz)

El resplandeciente Arcos de la Frontera no es solo uno de los pueblos más bellos de Cádiz, sino que además sirve de puerta a uno de los itinerarios más fotogénicos de Andalucía: la Ruta de los Pueblos Blancos. Ubicado sobre una gran peña que se alza sobre el río Guadalete, la que fue la antigua capital del Taifa de Arcos en época musulmana debe a ese periodo su esplendor primigenio. El pueblo se visita en ascensión desde las orillas del río, paseando por empinadas y estrechas callejuelas encaladas que llegan hasta los monumentos que la coronan, como la basílica de santa María de la Asunción, la iglesia de San Pedro o el Palacio Ducal. Arcos de la Frontera está declarado Conjunto Histórico y Bien de Interés Cultural.

Albarracín (Teruel)

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Albarracín (Teruel)

Musulmanes y cristianos dieron vida a la identidad de este pueblo con más de mil años de historia. Aupado sobre una loma que encajona el río Guadalaviar se asienta el turolense Albarracín, declarado en conjunto Monumento Nacional, y defendido por una muralla de color arcilloso y origen árabe (siglo X). El largo y trepador lienzo amurallado, vestigio de la época en la que el pueblo trazaba la frontera entre musulmanes y cristianos, conserva varias torres intercaladas. Destacan la de Doña Blanca –hoy sala de exposiciones– y la del Andador (siglo X) la más alta del perímetro de muralla y el mejor mirador para ver el pueblo  a sus pies. Sobre este destacan la Catedral, rematada con azulejos, y las azoteas de este ejemplo de arquitectura serrana y de color arcilla. Famoso por sus edificios mezcla de estilos árabe, renacentista y barroco, lo habitual es deambular por sus calles estrechas y empinadas, como las del Chorro y Azagra, que se adaptan al terreno con escalinatas y pasadizos. El Portal de Molina es la vía principal y más  comercial del pueblo. Una singularidad de Albarracín son sus casas de piedra con balcones de madera. La más famosa es la Casa de la Julieta que, en una esquina, parece desafiar la gravedad. 

Castellfollit de la Roca (Girona)

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Castellfollit de la Roca (Girona)

En la comarca gerundense de la Garrotxa, el pequeño y excepcional pueblo de Castellfollit de la Roca se asienta sobre un vertiginoso risco basáltico, una roca de origen volcánico, de 60 metros de altura y casi un kilómetros de largo, recortado en su base por el río Fluvià. Las estrechas y sinuosas callejuelas de este enclave único, que parece flotar en el aire, desembocan en la antigua iglesia de Sant Salvador, justo en el extremo de esta atalaya que quita el aliento. El templo está precedido por un impresionante mirador con vistas al pasiaje dominante del Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa en el que se engloba.

Frías (Burgos)

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Frías (Burgos)

En pleno valle del Ebro, sobre un peñasco de toba, el pueblo de origen medieval de Frías se vislumbra como pegado a las formas caprichosas del cerro de La Muela, con sus casas colgadas sobre las rocas. La localidad aparece por primera vez mencionada en la segunda mitad del siglo IX. De aquellos años quedan sepulcros en los alrededores de la parroquia de San Vicenta. Pero sin duda los vestigios más destacados, además del barrio de la Judería y una veintena de casas colgantes, son los de su castillo, encaramado de manera casi imposible sobre un roquedo que domina el pueblo. Su silueta se yergue en el horizonte sobre una inverosímil atalaya rocosa que nos hace regresar a la época medieval. Además de la original Torre del Homenaje, en este recinto se pueden contemplar unos ventanales decorados con capiteles de estilo románico. Frías surgió en la margen derecha del Ebro, tal y como exigía en aquella época contar con un emplazamiento estratégico de fácil defensa. Las luchas del siglo XI entre castellanos y navarros dejaron el poblado casi arruinado. De ese estado se repondría a lo largo del siglo XII, para convertirse en una de las villas más dinámicas del norte burgalés. Entre los grupos de pobladores llegados a Frías al amparo de los privilegios del rey Alfonso VIII se encontraban los judíos. Desde el emplazamiento del pueblo se goza de una amplia perspectiva del valle de Tobalina. Frías es conocido también como punto de partida para visitar el nacimiento del río Tajo.

Jorquera (Albacete)

Jorquera (Albacete)

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Jorquera (Albacete)

Encajado entre un bello meandro del río Júcar y la Cañada de Abengibre se levanta Jorquera, un fotogénico pueblo de la provincia de Albacete, que nació como inexpugnable enclave defensivo. Su núcleo se alza sobre el curso fluvial de modo que la atalaya natural, que alcanza los 200 metros de altura, parece hecha para el pueblo, con la roca ascendiendo con las casas perfectamente ensambladas. Entre sus monumentos sobresale la fortaleza del siglo XII, con varios elementos defensivos, que entrelaza la zona cristiana en la parte inferior en torno a la Torre de Doña Blanca (mediados del siglo XV), con la superior ovalada fechada en la época almohade. Otros monumentos destacados son la iglesia de la Asunción (XVI), con un bellísimo prebisterio, y la Casa del Corregidor, un edificio barroco del siglo XVIII en plena calle Mayor, con escudos heráldicos en la fachada. Si durante el paseo por sus calles estrechas se mantiene la mirada en las fachadas se ven otros blasones y elementos decorativos sobre los edificios. En las cercanías del pueblo, un sendero ribereño acerca al Santuario de la Virgen de Cubas, con una parte excavada en la roca..

Alquézar (Huesca)

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Alquézar (Huesca)

Como un centinela de la historia, el monumental castillo de la oscense villa de Alquézar lleva siglos asomándose al cañón del río Vero y al pueblo medieval que se agrupa a sus pies. Esta balconda natural de vistas espléndidas ya había sido escogida por los árabes en el siglo IX para construir un «al-Qasr», del que se conserva la llamada Torre Albarrama. Tras ser reconquistada por el rey aragonés Sancho Ramírez el año 1067, el enclave pasó a manos de una comunidad de monjes que, además de sacar lustre al pueblo, se enfrentaron a las huestes sarracenas que, amparadas en la hermética angostura del valle, lanzaban por ese territorio expediciones de rapiñas. De aquella época data la construcción de la Colegiata románica de Santa María dentro de las murallas. Aprovechando las treguas, los religiosos aún tuvieron tiempo de ampliarla con una capilla y un claustro que lucen como joyas del románico de Aragón en una tierra rica en exquisiteces del arte cristiano primitivo. Al atractivo monumental de Alquézar, pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico, cabe añadir su emplazamiento dentro del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, y cerca también del Parque Cultural del Río Vero, donde se preservan pinturas rupestres que están declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Siurana (Tarragona)

Siurana (Tarragona)

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Siurana (Tarragona)

Siurana es uno de los pueblos sobre acantilados más bellos de España, declarado Paraje Pintoresco en 1961. Este municipio tarraconense alejado de la playa se encuentra sobre un peñón de roca que es en realidad una estribación de las montañas de Prades, que regala vistas espléndidas sobre el río Siurana y el embalse de igual nombre. en definitiva, un pueblo sobre el abismo, que es un mirador a las frondosas sierras del Priorat, el corazón verde de Tarragona. En un extremo del pueblo se levanta la iglesia de Santa María, originaria de los siglos XII y XIII, justo al borde del acantilado a 737 metros de altitud sobre el que se asienta la villa. La primera vista de las ruinas de la alcazaba sarracena se obtiene desde el aparcamiento situado a la entrada del pueblo. Cerca se contempla el Salto de la Reina Mora, la peña gemela de la Siuranella y los acantilados de Arbolí, estos idóneos para practicar escalada. La calle Mayor está flanqueada por casas de piedra a la vista y techadas con tejas de barro cocido.

Masca (Tenerife)

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Masca (Tenerife)

En el paraje protegido del Parque Rural de Teno se asienta el disperso caserío tinerfeño de Masca, perteneciente al municipio de Buenavista. El lugar es perfecto si se desea disfrutar de la quietud, y a la vez que contemplar vistas increíbles, tanto hacia el mar como hacia las montañas. Apenas dos hileras de casas encaladas conforman su núcleo, flaqueado por palmeras y algunos de los barrancos más profundos de la isla. La experiencia de visitarlo comienza con la aproximación por carretera, al que se accede circulando a través de profundos barrancos, una frondosa vegetación y sinuosas curvas que, si se siguen más allá de Masca, desembocan en otra maravilla natural tinerfeña: los acantilados de Los Gigantes.

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