Ballenas y calamares gigantes

Luarca y los tesoros de las mareas

Salpicado por el Cantábrico, este pueblo portuario de Asturias desvela su historia marinera, gastronomía de producto y paisaje diverso.

Arponeros astures de Luarca, dura raza señora del Océano, domadora del viento y de la ola, rival del ballenato entre la espuma. El viajero que llega a la Mesa de los Mareantes y se encuentra con esta inscripción e ilustraciones de la caza de ballenas, de batallas navales y veloces bergantines, pensará que acaba de desembarcar en el puerto de Nantucket si no fuera por las banderas de Asturias.

Es este el primer escenario de un recorrido salpicado por el Cantábrico para empezar a tomar conciencia del vínculo de la Villa Blanca con el mar. Un vínculo que ha marcado la idiosincrasia de este puerto de origen medieval, desde su economía a su paisaje y biodiversidad pasando por una gastronomía que rinde culto a los tesoros escondidos entre la ola y el arrecife.

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Luarca. "Por allí resopla"

©diegosanchez / Turismo Luarca - Valdés.

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"Por allí resopla"

En una de las laderas que protegen el puerto pesquero se encuentra el barrio marinero del Cambaral y en lo alto este sitio histórico donde se reunía el antiguo gremio de “Mareantes y Navegantes” de Luarca. Desde la Edad Media y hasta el siglo XIX se organizaban aquí campañas balleneras, se preparaba la defensa militar ante incursiones inglesas o francesas y se debatían asuntos y costumbres gremiales. La más emblemática era la de decidir si se salía o no a faenar en momentos de clima adverso. En el panel de cerámica de Talavera que preside la gran mesa de pizarra, hoy restaurada, aparece representada la escena de los marinos situándose a un lado u a otro de la mesa, donde se colocaba un pequeño barco y una casa. Salir o no salir, esa era la cuestión.

Mientras tanto, atacan los normandos en el siglo IX, las naos luarquesas conquistan Sevilla en el siglo XIII o el bergantín “La Favorita” realiza la travesía más veloz por el Atlántico. Junto a la Mesa de los Mareantes se ubica una serie de quince paneles de cerámica donde se recuerdan escenas de la historia naval de Luarca.

Luarca

©diegosanchez / Turismo Luarca- Valdés.

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Y, de repente, la Punta del Focicón

La Mesa hace de antesala a la Punta del Focicón. Esta estrecha península se adentra en el Cantábrico sobre acantilados de sesenta metros de altura para guardar el conjunto de la atalaya o una de esas postales que se quedan grabadas para siempre en el catálogo de pueblos del norte. Sobre su cara oeste se emplaza el cementerio donde está enterrado el premio Nobel Severo Ochoa y en el extremo norte la capilla de la virgen de la Blanca, patrona de los marineros junto a la del Rosario, y el faro. Desde 1862, esta linterna alumbra a los navegantes que se acercan por este litoral recortado por precipicios y salpicado de islotes con formas caprichosas. La costa más salvaje de Asturias.

Luarca. La costera del bonito

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Refugio de pescadores

“Luarca nació como refugio de pescadores; debe al mar su origen, su sustento y su engrandecimiento”. De esta manera hablaba de la capital del concejo de Valdés el folclorista e investigador Modesto González Cobas. En la desembocadura del río Negro, al final de un estrecho valle entre los acantilados de la rasa, se abre al Cantábrico una bahía donde se asentaron los primeros barrios marineros de la villa en el siglo IX. Entre el Cambaral y la Pescadería se esconde el muelle de Luarca.

Suena la sirena de la rula (lonja) que anuncia la llegada de los barcos de pesca. El de Luarca es uno de los puertos más antiguos de Asturias que cuenta con treinta embarcaciones dedicadas a la pesca de altura y de bajura. “El bonito se espera como el maná en esa época del año”, cuenta Juan Carlos Menéndez, gastrónomo experto en productos de la zona. Una de las campañas más importantes de la temporada es la costera del bonito, que dio comienzo a principios de junio en la villa. 

Luarca. La costera del bonito

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La costera del bonito

“El bonito viene hasta aquí haciendo una ruta migratoria que empieza en el golfo de México para cruzar el Atlántico, entrar por Francia hasta el mar Cantábrico y subir a Irlanda antes de volver a casa”. Así lo explica César Rodríguez, patrón del barco Mundaka, que acaba de partir con sus marineros a la costera. “Empezamos en Azores”.

Marea tras marea, como se llama a cada partida de pesca, y hasta que termine el verano, perseguirán los bancos de la especie thunnus alalunga, durante su travesía en una feroz competición con el resto de embarcaciones españolas. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación permite a los buques nacionales pescar un máximo de 18.126 toneladas esta temporada. Una vez alcanzada la cuota, la costera se termina. El año pasado lo hizo a mediados de agosto. “Es una carrera a contrarreloj”, comenta Rodríguez. Esta variedad de atún blanco puede alcanzar los 140 centímetros y 40 kilos de peso y su precio puede variar entre 3,40 y 11 euros el kilo. Su sabor es el único valor asegurado.

Luarca. La tradición en los fogones

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La tradición en los fogones

“Es un pescado azul, rico en omega-3 y de muy buena calidad”, añade Juan Carlos Menéndez sobre esta variedad que tan solo tiene un 6% de grasa. “La del bonito del norte es una carne muy blanca y su corte tradicional es en rodajas que se suelen llevar a la parrilla para servirlas con patatinas y salsa de tomate”. Menéndez destaca, a su vez, el típico guiso marinero con este producto o el rollo de bonito, ejemplo de una exquisita cocina de aprovechamiento. Entre junio y septiembre los comensales podrán degustar su versión favorita del bonito del norte en los restaurantes de Luarca y Valdés.

Además del atún blanco, en las mesas luarquesas se venera el pescado de roca y el marisco, el rape o pixín, la caballa o xarda y la bonita, la variedad atunera de Asturias. Sin embargo, a falta de denominación de origen, los calamares de potera de Luarca, en su tinta y acompañados de arroz blanco, se convierten en la propuesta marina más representativa del lugar.

Luarca.  El nuevo espacio del calamar gigante

©diegosanchez / Turismo Luarca - Valdés.

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El calamar gigante...

En las profundidades del cañón de Avilés, justo enfrente de esta costa, habita uno de esos seres que protagonizan mitos, leyendas y novelas de ciencia ficción. Si Herman Melville escribía de cachalotes y de Moby Dick; Julio Verne, que nació al otro lado del golfo de Vizcaya, escribía de calamares gigantes, entre otras muchas cosas. Además de los asuntos del yantar, quien habla de calamares y habla de Luarca, sabe que este es su caladero.

En 2014, una de tantas marejadas que arremeten contra este litoral en los meses de otoño e invierno acabó con el Aula del Mar de Luarca. Este museo conservaba un extenso repertorio de calamares gigantes y estaba situado en el Muelle Nuevo, al abrigo de los espigones que protegen el fondeadero. El mar lo redujo a escombros e “incluso se llevó algún espécimen de este enorme cefalópodo”, como cuenta Ismael González, concejal de Turismo de Valdés.

Mirador del Chano y muelle de Luarca. ... tiene nuevo espacio en Luarca

©diegosanchez / Turismo Luarca - Valdés / Mirador del Chano y muelle de Luarca

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... tiene nuevo espacio en Luarca

Ahora el Ayuntamiento pretende “recuperar para su exposición al público una de las mayores colecciones de calamares gigantes del mundo”, en palabras del edil. El nuevo Museo del Calamar Gigante abrirá sus puertas el próximo 15 de julio en Luarca con un emplazamiento y propuesta diferente. La entrada cuesta 3 euros.

“No tiene nada que ver con lo que había antes” explica el concejal. En el Aula del Mar los calamares se intercalaban con distintas variedades de peces, cetáceos e información medioambiental. “En el Museo del Calamar Gigante, esta especie es la protagonista y el resto son sus presas y depredadores”, añade González. Architeuthis dux, taningia danae o dosidicus gigas son los distintos tipos de cefalópodo que irá descubriendo el visitante, entre las que se conserva “la más grande conservada que existe”. Este espacio (270 m2) es una recreación del abismo oceánico de la fosa de Avilés, situada a 5.000 metros de profundidad, donde la falta de luz se compensa aquí con un sonido de ambiente que sumerge al visitante en una experiencia sensorial para conocer el hábitat del calamar gigante. 

Bosque-Jardín de la Fonte Baxa. Un viaje botánico a través del mundo

©diegosanchez / Turismo Luarca - Valdés / Bosque-Jardín de la Fonte Baxa

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Un viaje botánico a través del mundo

“El mar Cantábrico y la montaña tienen un papel fundamental en este entorno hasta el punto de formar parte de él”, en palabras de Rafael Ovalle, paisajista y diseñador del Bosque-Jardín de la Fonte Baxa. Desde la playa Segunda de Luarca, situada al final del pueblo, el viajero descubre sobre la ladera de pizarra el mayor tesoro botánico del occidente de Asturias. Helechos de Tasmania, secuoyas de Estados Unidos, cedros del Atlas o ginkgos japoneses entre cientos de variedades exóticas y autóctonas. El Bosque-Jardín de la Fonte Baxa propone un viaje vegetal a través del mundo que tiene su origen en los años ochenta y en la colección privada de José Ribera, fundador de Panrico. Hoy el ayuntamiento gestiona este parque de 10 hectáreas que conforman un entorno que “cambia con cada estación e incluso con cada momento de día”, según Ovalle.

Luarca. De la playa al vergel

©diegosanchez / Turismo Luarca - Valdés / Campos hacia Punta Muyeres

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De la playa al vergel

La Senda Punta Muyeres, que parte desde el arenal, conecta con este vergel con vistas al Cantábrico y continúa hasta lo alto de la rasa litoral entre campos de ganado y de cultivo. El ecuador de este recorrido circular lo marca el cabo donde se conserva un monumento arqueológico de la Edad del Hierro. El pasado verano, tras meses de excavaciones, aparecieron los restos de lo que fue un antiguo poblado fortificado del siglo I a. C. Este castro de la tribu de los pésicos fue construido con lajas de pizarra y protegido por un sistema de fosos sobre el monte que aún se aprecian a ras de mar. Aunque fue encontrado hace medio siglo, hasta el año pasado no comenzarían las investigaciones para determinar el origen de este asentamiento para dominar el Cantábrico.

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