Maravilla en las alturas

Machu Picchu: guía para no perderse nada entre templos, llamas y vistas vertiginosas

Ascender a 2.438 metros de altitud no solo tiene como recompensa una postal idílica, también un viaje en el tiempo a través de unas ruinas legendarias.

Machu Picchu simbolizó el gran poder del Imperio inca. Edificada en las alturas, a los pies de los majestuosos cerros de Huayna Picchu y Huchuy Picchu, en la cordillera andina, esta ciudad que redescubierta en 1911 por el explorador estadounidense Hiram Bingham, quien la consideró como un refugio del Inca acompañado de las vírgenes del Sol. Más tarde se pensó que era una fortaleza militar y también ha sido vista como un singular centro sagrado. Aunque las últimas investigaciones apuntan a que se trató de una residencia real temporal. Sea como fuere, Machu Picchu, declarada en 2007 como Nueva Maravilla del Mundo Moderno, evoca el misterio y alimenta los enigmas más diversos, lo que se refleja en sus casi 200 construcciones a 2438 metros de altitud.

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iStock-588223086 (2). Llamas de bienvenida

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Llamas de bienvenida

Tras cruzar el punto de acceso a esta ciudad sagrada, se sube por una rampa que lleva a las terrazas escalonadas que son un ejemplo de arte incaico. Los incas maximizaban así el escaso espacio cultivable y evitaban desprendimientos a causa de las lluvias torrenciales. El verdor de estas terrazas y las llamas que se pasean por ellas invitan a hacerse fotos con el animal más icónico de Perú. Dejando atrás las terrazas, se entra en el barrio alto, Hanan, atravesando un muro que rodeaba la llacta (ciudad en quechua).

dragisa-braunovic-pbTVcqjgae4-unsplash. La única construcción circular de la ciudad

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La única construcción circular de la ciudad

Una vez en el interior, el viajero se adentra en un laberinto en piedra cuya edificación más emblemática es el templo del Sol, la única estructura circular de Machu Picchu. Pero lo más sorprendente es el hecho que fue construida sobre una enorme roca natural que le sirve de cimiento. Los arquitectos incas aprovecharon la forma de este peñasco para darle continuidad al edificio a base de reducir la anchura de los bloques, que apenas se percibe. Los incas no conocían la rueda ni tenían animales de tiro, por lo que observar grandes construcciones integradas en la naturaleza es una magnífica muestra de la destreza de sus arquitectos, ingenieros y canteros.

iStock-1208211919. Un ¿torreón medieval?

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Un ¿torreón medieval?

También se lo conoce como “el torreón” por su parecido a un torreón medieval. La parte inferior acoge una cueva enigmática, repleta de altares y hornacinas, lo que sugiere que fue un espacio de culto. Quizá fue el mausoleo real donde descansaba la momia del Inca Pachacuti, “el transformador del mundo”, quien erigió esta ciudad a mediados del siglo XV.

Tras subir unos peldaños desde fuera, se accede a la parte superior del templo del Sol donde sorprende un sólido muro circular con ventanas trapezoidales abiertas que rodea una gran piedra de granito en su interior, una especie de altar, que en cada solsticio, al alba, era iluminada por la luz del sol. La orientación de sus ventanas está perfectamente alineada para recibir los primeros rayos solares en los solsticios. Por ello se cree que, además de ser un templo dedicado al culto del astro rey, también era un observatorio astronómico.

 

iStock-484373595. La única construcción circular de la ciudad

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Deidades y vistas

En la civilización inca, el dios principal era Inti, el Sol, cuyos rayos daban sustento y vida a todos los seres. Los templos en su honor, generalmente edificados en piedra y de forma circular, se encontraban en todos los lugares del Imperio.

Pero lo mejor es su ubicación, desde donde se puede contemplar un hermoso amanecer por la cordillera de Vilcabamba y una panorámica sobrecogedora del cañón del río Urubamba y del cerro Putucusi.

iStock-660359804. ¿Princesa o sacerdote?

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¿Princesa o sacerdote?

Después de deleitarse con las magníficas vistas desde el templo del Sol, a escasos metros, en una bella plaza, se encuentra el palacio de la Ñusta o casa Sacerdotal. Aunque es más conocido por su primer nombre, no se sabe con certeza cuál era su función. La ñusta era una princesa que pertenecía a la panaca, o familia real, del inca gobernante, la cual estaba compuesta por la coya, la esposa principal, las esposas secundarias, o concubinas, y los príncipes varones, llamados auquis. Cada panaca tenía sus sirvientes personales (yanas), sus propias tierras para la agricultura y residencias privadas. Para su construcción se emplearon piedras de excelente calidad, finamente trabajadas, por lo que se cree que aquí vivieron miembros importantes de la sociedad, tal vez incluso la ñusta. En este edificio de dos plantas, que no se comunicaban por el interior, también se aprecian nichos, lo que indica que estaba relacionado con las ceremonias que se oficiaban en el vecino templo del Sol. Por lo que no se descarta que se tratara de una capilla del propio templo. Otra hipótesis es que fuera un templo dedicado a la Luna. Sea cual fuera su función, en la misma plaza que comparten los dos edificios sobresale un muro que Hiram Bingham bautizó como el más bello de la arquitectura incaica.

iStock-1295790437. Un palacio con muchas leyendas

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Un palacio con muchas leyendas

La residencia real, al lado de la casa de la Ñusta y del templo del Sol, era un conjunto de dependencias donde se alojaba el Inca Pachacuti y su familia cuando visitaban la ciudad. La privacidad de los aposentos reales estaba garantizada por un muro y se accedía por un pasillo oscuro y angosto que conducía a un luminoso patio. En torno a esta residencia han surgido muchas leyendas, como la de una habitación con un puma encadenado, un patio donde pudo reposar la momia del propio Pachacuti, un retrete privado y un magnífico jardín en el que las orquídeas competían en belleza con las magníficas vistas.

iStock-144935040. Tres ventanas para tres hermanos

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Tres ventanas para tres hermanos

Uno de los edificios más fotografiados e icónicos de Machu Picchu es el templo de las Tres Ventanas. Se sabe que originalmente eran cinco, y dos ellas fueron cegadas para convertirlas en nichos u hornacinas donde se colocaban queros (vasos de madera coloreados usados en las ceremonias), figurillas y otros utensilios. Se encontraron muchos restos de cerámica, probablemente para ritos, pero no se ha podido descifrar su significado ni tampoco si fue realmente un templo. Lo que más llama la atención, aparte de unas estupendas vistas a la plaza Principal desde sus ventanas, es el gran tamaño de las mismas, inusualmente grandes para este tipo de construcción. Este templo se relaciona con uno de los principales mitos sobre el origen de los incas, el del cerro Tambotoco. Según la leyenda, de este cerro de tres cuevas – que representan las tres ventanas- surgieron Manco Cápac I, el mítico fundador del Imperio inca, y sus hermanos. Más allá de su carácter simbólico, ligado al mito fundacional, sí puede afirmarse que se trataba de un edificio del tipo wayrona, de tres paredes, con una columna de piedra en el centro de la parte frontal, encarado hacia la plaza Sagrada. Posiblemente esta columna sirvió de apoyo a una viga que sostenía una enorme techumbre inclinada. Esta debía de ser gruesa y pesada para poder soportar las copiosas lluvias y también sus fuertes vientos.

iStock-1003126048. La pirámide frente Huayna Picchu

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La pirámide frente Huayna Picchu

Desde la plaza Sagrada, donde se ubica el templo de las Tres Ventanas y un par de estructuras más, parte una empinada escalera hábilmente labrada por los incas. Esta conduce a la cima del templo de Intihuatana, una magnífica pirámide con forma escalonada detrás la cual se alza imponente la montaña Huayna Picchu, el icono por excelencia de esta ciudad sagrada.

iStock-1218683314. La energía de la piedra sagrada

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La energía de la piedra sagrada

Una vez se llega a la cima, se abre una explanada con una construcción de tres paredes (wayrona), y frente a ella, unas rocas talladas que imitan las formas de las montañas de enfrente, como si fueran auténticos espejos. En el punto más alto, en la misma explanada, se alza la piedra sagrada, tallada en una sola pieza, cuyos picos estaban alineados con las montañas más importantes. Además, las aristas de sus puntas señalaban los cuatro puntos cardinales, y durante los dos equinoccios, el Sol pasa por la piedra sin dejar sombra en ella. Para los incas, las piedras talladas en consonancia con la naturaleza constituían huacas, puntos sagrados, y existían muchas en el Imperio inca.

iStock-1294444116. Topónimos 'made by' Hiram Bigam

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Topónimos 'made by' Hiram Bigam

Los nombres de las construcciones más importantes son fruto de la fértil imaginación de su descubridor, Hiram Bingham, y este templo no es una excepción. El nombre intihuatana significa en quechua “lugar en el que se ata el sol”. El explorador norteamericano asoció esta piedra a otra similar que había visto en Pisac (a unos 30 km de Cuzco), donde se ataba simbólicamente el Sol a la piedra para que este no desapareciera en los días más cortos del año. Tampoco se descarta que este altar natural fuera un reloj solar, e incluso escenario de ritos sacrificiales. Parece ser que los incas usaban llamas de diferentes colores dependiendo del ritual que iba a llevarse a cabo.

Hoy en día no existe una respuesta exacta en cuanto a la función de esta enigmática piedra. Lo cierto es que muchos de los visitantes que la han visto y tocado confirman sentir una energía telúrica especial, lo que convierte este lugar en el más místico de Machu Picchu

iStock-1131406232. El ágora de Machu Picchu

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El ágora de Machu Picchu

A los pies de la pirámide de Intihuatana se extiende la Plaza Principal, en el centro de la ciudad, que es la división natural entre el barrio bajo, Hurín, y el alto, Hanan. Como reflejo de una sociedad muy jerarquizada, aquí convivieron dos sectores bien definidos: el urbano y el agrícola. La parte alta, en el norte, correspondía al sector urbano y albergaba los edificios principales de la élite gobernante y de la casta sacerdotal, que representaban la espiritualidad, el poder, la nobleza… El barrio bajo, en el sur, era el sector agrícola y estaba formado por terrazas que cimentaban la ciudad y alimentaban a sus habitantes. Era el sacrificio y el sometimiento al Estado.

iStock-478033889. Unas enormes alas de piedra

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Unas enormes alas de piedra

Desde la plaza Principal, y a través de un pasadizo, se llega al templo del Cóndor, situado en el barrio bajo, una de las construcciones más singulares. Su fachada, formada por dos rocas que sugieren unas enormes alas de piedra abiertas, es el elemento que lo distingue del resto de estructuras. Las sombras proyectadas por estas rocas creaban también la ilusión óptica de dos grandes alas de cóndor desplegadas. Además, justo enfrente de la fachada se alza una curiosa escultura en piedra tallada en forma de esta ave, con su característico anillo alrededor del cuello. En su interior, se aprecian unos nichos de gran tamaño que algunos autores creen que pudieron ser celdas donde los prisioneros eran sometidos a terribles castigos. Entre ellos, que pumas y serpientes acabaran con sus vidas y su carne la devorase luego un cóndor, interviniendo en este castigo los tres animales sagrados de los incas. En la parte inferior de este templo se halló una momia, por lo que este sitio también puso ser una tumba.

 

El cóndor, esa ave majestuosa que solo habita en América, era un animal sagrado y muy respetado por los incas. Representaba la inmortalidad, la fuerza y la inteligencia. Tenía la importantísima misión de hacer que el Sol renaciera todos los días porque con su fuerza lo empujaba para salir de las tinieblas proporcionando a la tierra vida y fertilidad. Por ello, no es extraño que hubiera un templo dedicado a esta ave en la ciudadela.

iStock-1080443238. Ciudad de vírgenes

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Ciudad de vírgenes

Las mujeres, en esta sociedad, solo tenían dos destinos (sin poder elegir): casarse o ingresar en el acllahuasi, que significa “casa de las escogidas” en quechua. Se trataba de una institución de carácter religioso creada por el Inca Pachacuti y estaba formada exclusivamente por mujeres, las acllas o “vírgenes del Sol” (así las llamaron los españoles). Ingresaban a la edad de 8-10 años, previamente seleccionadas, y eran separadas de sus familias obligándolas a hacer voto de castidad y a trabajar para el Estado, quien financiaba la institución. Estas jóvenes, sin ningún contacto con la sociedad, quedaban bajo la supervisión de las mamaconas, quienes les enseñaba a hilar, tejer y realizar tareas domésticas. También se encargaban de elaborar la chicha, una bebida alcohólica que obtenían fermentando el maíz. Entre sus obligaciones religiosas, debían mantener el fuego sagrado siempre encendido y preparar las ceremonias, de las que, por desgracia, se convertían a veces en protagonistas involuntarias al ser sacrificadas.

Tras cuatro años de formación, el Inca elegía el destino de las jóvenes. Las más hermosas se convertían en sus concubinas o esposas secundarias; eran las huayrur acllas. Otras eran entregadas a guerreros como recompensa por sus hazañas en el campo de batalla; eran las paco acllas. Solo unas pocas permanecían toda la vida en el acllahuasi, las mamaconas, que eran realmente las vírgenes del Sol. El asunto de la virginidad era de suma importancia ya que su pérdida se castigaba con la muerte.

iStock-92657817. Las Escogidas

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Las Escogidas

Durante un tiempo se pensó que Machu Picchu era la mítica Vilcabamba, el último refugio del emperador Manco Inca, que huyó de los españoles junto a las vírgenes del Sol. Esta teoría de tintes románticos se debió a una confusión con los restos humanos encontrados cuando Hiram Bingham descubrió la ciudad. Un osteólogo de su equipo confirmó que la gran mayoría de los cuerpos pertenecían a mujeres, basándose en el tamaño de los huesos. Años más tarde, con nuevas técnicas de análisis forense, se concluyó que los esqueletos eran en realidad de hombres y mujeres en un porcentaje cercano al 50%. A pesar de esta confusión, no se descarta que la estructura bautizada como la casa de las Escogidas por el explorador norteamericano fuera realmente el acllahuasi, pues hay espacios habitacionales, un santuario, wayronas para el trabajo, almacenes de productos, y también unos cuencos de piedra en el suelo que probablemente eran morteros donde se preparaba la chicha.

Sobek