Mama Elo's, el proyecto de Tanzania que conecta a los viajeros con la comunidad local

Israel Gonzalez llegó a Mlangarini con la ilusión de crear una ONG que ayudase a la comunidad, pero el país le enseñó muy pronto que para formar parte de la solución tenía primero que cuestionar sus prejuicios y sus propias ideas. Tras un duro proceso de ensayo y error, ahora dirige ‘Mamá Elo’s’, un proyecto de intercambio cultural equitativo.

Todo el mundo la describe como una aldea, pero la realidad es que Mlangarini no es un lugar concreto. Se trata de un área de terreno donde los campos de cultivo y las calles sin asfaltar se entrecruzan durante unos siete kilómetros a lo largo de la carretera principal. Sorprenden la cantidad de escuelas que se encuentran a sus alrededores, y las mezquitas e iglesias que discurren en fila india a ambos lados de la calzada. La mayoría de las casas tienen estructuras de ladrillo o madera a medio construir, tejados de metal y ventanas cubiertas por sacos y telas. Como en cualquier lugar pequeño, la gente te mira con curiosidad; saben que eres extranjero.

Mama Elo's

Foto: Raul Romera

Mama Elo's

Hasta el año 2016, los únicos muzungus que pasaban por allí eran misioneros o turistas perdidos en su camino hacia la cercana ciudad de Arusha. Entonces llegó Isra, con una mochila cargada de ilusiones y 4000€ ahorrados para montar una ONG de ayuda a mujeres embarazadas. Por aquel entonces, Israel Gonzalez acababa de empezar a trabajar como asistente de dirección en una multinacional centrada en el sector de la energía. Tenía pareja, casa y una vida estable, pero un viaje a Tanzania como voluntario cambió el que parecía su rumbo vital.

Mientras recaudaba fondos para una fundación que trabajaba con Masáis, se quedó sorprendido al ver que las mujeres faenaban en el campo hasta el mismo momento de dar a luz. Decidió pedir una permiso en su trabajo y volver al país durante un mes para fundar Mama Elo’s, una casa de protección donde las embarazadas podrían descansar y evitar las jornadas interminables talando árboles o llevando cubos de agua. Sin embargo, la realidad le obligó a cuestionarse sus propios prejuicios: las mujeres rechazaban su protección y las familias le pedían dinero por tener derecho a cuidarlas. A las malas, Isra se dio cuenta de que sus buenas intenciones no estaban alineadas con lo que el pueblo realmente necesitaba y que no podía aplicar su cosmovisión (europea, blanca y occidental) en un país cuya cultura desconocía.

Mama Elo's
Foto: Raul Romera

Confundido, decidió dejar su trabajo en España y asentarse en Mlangarini. Allí fundó una ONG, y utilizó el dinero recaudado en su proyecto fallido para escolarizar a niños del lugar y crear una red de apoyo para las personas sin recursos. Por aquel entonces, Mama Elo’s ofrecía voluntariados en los que personas de todo el mundo viajaban hasta Tanzania para pasar algunas semanas "ayudando" a personas vulnerables. Aunque sus intenciones eran buenas, fallaba en la praxis; la tormenta no tardó en estallar.

A raíz de un desacertado sorteo en redes sociales, varios activistas antirracistas acusaron a Isra de estar perpetuando una industria que se lucra con la romantización de la pobreza, y confrontaron sus actos poniendo sobre la mesa una verdad dolorosa: que los viajes de voluntariado son, en muchos casos, un producto comercial que mueve miles de euros bajo la premisa de la “ayuda internacional”. Y sobre todo, que reforzar la visión de África como un continente necesitado de ayuda extranjera crea una relación de poder que perjudica tremendamente la capacidad de autodeterminación de los africanos.

Teniendo en cuenta que las personas que los realizan no suelen tener los conocimientos adecuados ni permanecen en el país más de un par de semanas, la utilidad de estos supuestos voluntariados es como mínimo, cuestionable. Pero sobre todo, el problema es que perpetúan la idea de que África no es capaz de avanzar sin la caridad occidental. Sin quererlo, Isra estaba empleando el mismo argumento paternalista que ya utilizaron los misioneros del siglo XV y que perpetuaron los colonos del XIX para justificar su intromisión, religiosa, comercial y política, en tantos países del Sur Global.

Mama Elo's
Foto: Raul Romera

Al sentirse identificado con muchos de estos comportamientos, Isra tuvo que enfrentarse a un dilema: dejar de lado el trabajo que había realizado durante años y volverse a España o tratar de aprender de sus errores, cuestionar sus intenciones e intentar crear una nueva hoja de ruta sobre las cenizas de Mama Elo’s. Eligió la segunda opción. Decidió mantener el nombre, pero cerró la ONG y convirtió su casa y las que habían sido sus oficinas en un espacio donde acoger a viajeros que querían descubrir Tanzania desde una perspectiva ética y responsable. No más voluntariados. No más actividades centradas en “ayudar” a los necesitados. Ahora, quien viaja a Mlangarini se encuentra con un proyecto que mezcla visitas turísticas, inmersión cultural y el trabajo en comunidad. Existen dos acercamientos: contratar un viaje a medida o unirse a uno de los camp backpacker que se organizan todos los veranos.

Se trata de viajes de tres semanas donde grupos de 16 personas conviven en habitaciones compartidas mientras descubren el norte del país y cuestionan sus propios prejuicios. En su web ya lo señalan, “A este viaje no se viene solo a ver, se viene a compartir”. Y es que las actividades mezclan planes convencionales, comolas visitas a los cafetales de las faldas del Kilimanjaro o los safaris en el cráter del Ngorongoro, con otros que Isra ha creado específicamente para la ocasión: tours en moto por la sabana, una noche de intercambio cultural con miembros de la tribu Maasai, donde cada participante tiene que aportar de la manera que quiera algo representativo de su día a día en España, o visitas y formación sobre el sistema educativo y sanitario tanzano. Entre una cosa y otra, se incita a la reflexión y al debate mediante charlas distendidas centradas en los problemas que se derivan de la romantización de la pobreza, las diferencias entre cooperación y caridad y el complejo del salvador blanco.

Mama Elo's
Foto: Raul Romera

Mama Elo’s es un ejemplo de cómo a través del esfuerzo y la deconstrucción personal se puede cambiar el rumbo de un plan establecido para que sea acorde a nuestros valores. Que es posible recalcular las metas, aprender de los errores y trabajar activamente para que estos no se vuelvan a repetir. También se trata de un proyecto en construcción. Sería inocente pensar que los problemas derivados del voluntariado internacional con fines turísticos pueden resolverse de la noche a la mañana.

Este es un círculo vicioso que afecta tanto a las empresas que tratan de lucrarse de las ansias de compasión occidental como a los propios habitantes del lugar, que acostumbrados a la limosna extranjera no están dispuestos a ofrecer alternativas. Pero, aunque no tengamos una solución clara, lo que sí podemos hacer es contribuir en aquellas empresas que apoyan un turismo responsable, teniendo claro el futuro del que queremos formar parte y poniendo nuestro granito de arena para que se convierta en una realidad.