Lombardía mio amore

Mantua, una cápsula del tiempo en el norte de Italia

Esta exquisita ciudad de la Lombardía conserva intacto un patrimonio artístico acumulado a través de los siglos.

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iStock-515359551. Una ciudad entre tres lagos

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Una ciudad entre tres lagos

Incrustada entre tres lagos artificiales, surgida de las aguas, Mantua parece una ciudad hechizada, magia de frescos y esplendores, de fantasmas y artes. Según uno de sus mitos, fue la adivina Manto quien fundó esta bella urbe. Según otra versión, celebrada por Virgilio, ilustre hijo de Mantua, habría sido Ocnos, al dotar a la ciudad de murallas y darle el nombre de su madre.

GettyImages-680679779. Patrimonio de la Humanidad desde 2008

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Patrimonio de la Humanidad desde 2008

Este núcleo urbano a medio camino entre Milán y Venecia llegó a convertirse en uno de los centros culturales más refulgentes del Renacimiento, con palacios llenos de esculturas, frisos e imágenes de incomparable belleza. Por eso, junto a la cercana Sabbioneta, la Atenas italiana, Mantua fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008.

iStock-1214692789. Todo comenzó en una rotonda

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Todo comenzó en una rotonda

El fulgor de Mantua empezó en el siglo xi, bajo los Canossa, que mandaron construir una de sus iglesias más admiradas, la Rotonda de San Lorenzo. Con la dinastía de los Gonzaga, cuyo gobierno duró de 1328 a 1707, la ciudad se impuso en el panorama italiano y extranjero. Y fue sobre todo una mujer, Isabel d’Este, esposa de Francisco II Gonzaga, la que acogió a artistas como Leonardo da Vinci, Ludovico Ariosto, Baltasar de Castiglione, Rafael, Andrea Mantegna y Giulio Romano.

shutterstock 1639202635. Un castillo con fantasma

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Un castillo con fantasma...

La mano de Mantegna está detrás de la resplandeciente Camera degli Sposi, tesoro del castillo de San Giorgio. Desde el bastión hoy anexionado a la inmensa residencia palaciega de los Gonzaga, que las luminarias nocturnas envuelven en una atmósfera de encantamiento, iniciamos nuestro recorrido por Mantua.

El castillo de San Giorgio no destaca solo por la famosa estancia de Mantegna, con la representación de los miembros Gonzaga y con la obra maestra del óculo, una falsa claraboya que proporciona un juego de perspectivas. Se trata también del escenario de un crimen: en 1391 la joven Agnese Visconti, mujer de Francisco I Gonzaga, fue aquí decapitada por su supuesta­ traición, si bien parece que los motivos fueron de índole política. Según la leyenda, en las noches de agua y de sombras, su fantasma y el de su amante se citan, persiguiéndose por las salas del castillo y por los salones del inmenso Palacio Ducal, hasta emitir un chillido espantoso y volver al silencio de la muerte. 

shutterstock 540704734. ...y con mucho arte

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...y con mucho arte

De día, el conjunto del Palacio Ducal, que incluye varios edificios conectados a través de galerías y patios, fascina gracias al brillo de sus obras de arte, entre las que destacan la Galería de los Espejos, el Piso Ducal y la bóveda con los signos zodiacales. Con sus 34.000 m2 y más de 500 estancias, la ciudad-palacio ocupa buena parte del casco histórico.

shutterstock 1322658638. La plaza ejemplar

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La plaza ejemplar

La plaza Sordello reúne no solo el Palacio Ducal, sino también el Palacio Acerbi, con su Torre della Gabbia, donde se exponía a los cautivos, y la majestuosa catedral románica de San Pedro. Reformada por Giulio Romano, acoge tumbas de personajes insignes, incluido el patrón de Mantua, san Anselmo.

La plaza Sordello es una de las cuatro notables plazas de la ciudad, conectadas por elegantes calles y distantes solo unos cientos de metros. Como las flores de loto que decoran los lagos de Mantua y de su río Mincio, las plazas se abren y revelan al viajero sus pétalos: edificios de ladrillos claros o rojizos, con armónicas geometrías.

GettyImages-680679787. Safari de 'piazzas'

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Safari de 'piazzas'

Paseando bajo soportales se accede a la plaza Broletto, más pequeña y adornada por delicados adoquines. Representa el período comunal de Mantua, antes del ascenso de los Gonzaga. La rodean el Palacio del Podestà y la Torre Comunal o de las Horas, que proyecta su sombra sobre las terrazas de los bares. Aquí, o en otras cafeterías, se puede probar un helado o postres típicos de Mantua, como el pastel de almendras –la sbrisolona–, el hojaldre anello di monaco o el rosco bussolano.

De la época medieval quedan huellas en múltiples torres pe-ro la Torre dell’Orologio (del Reloj), la más famosa, es renacentista. Situada en la plaza delle Erbe, o del mercado, entre el Palacio della Ragione y la Rotonda de San Lorenzo, cautiva por su arquitectura bien proporcionada y un reloj que también indica las fases lunares y el paso del Sol a través de los signos del Zodiaco.

La cuarta plaza esencial es la de Mantegna, en una zona de osterie, restaurantes que sirven tortelli di zucca (de calabaza), embutido salamelle o queso grana padano. En ella se erige la basílica de San Andrés, obra maestra del Renacimiento, iniciada en 1462 por encargo de Ludovico II de Gonzaga, quien consideraba que la iglesia que ocupaba el lugar no reflejaba la grandeza de su ducado. Bajo su cúpula de 80 m de alto hay frescos de Mantegna, cuyo sepulcro se halla en el interior del templo.

GettyImages-90935638. Un té con gigantes

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Un té con gigantes

Ciudad protegida por los astros, Mantua brilla además con el Palacio del Té, construido en el siglo xvi en una zona pantanosa. Gracias al talento de Giulio Romano, Federico II, hijo de Isabel d’Este, transformó un islote en un lugar donde distraerse junto a sus comensales y a su amante, Isabella Boschetti, la misma joven que, según algunos, aparece retratada en Mujer ante el espejo, de Ticiano.

Triunfo de jardines, glorietas y de frescos con escenas mitológicas, el Palacio del Té, que acoge actualmente el Museo Cívico, es una joya que reúne todo el espíritu de Mantua: su magia exquisita, su fulgor nacido sobre el agua, las pasiones de sus ilustrados gobernantes y la inspiración inimitable de sus artistas.

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