¡Partenón a la vista!

Manual para contemplar la Acrópolis de Atenas

Miradores naturales, terrazas y hasta una suite privada desde donde disfrutar de este majestuoso conjunto monumental.

¿De qué nace la emoción? De una cierta relación entre los elementos categóricos: cilindros, suelo pulimentado, muros pulimentados. De una concordancia con las cosas del lugar.

Le Corbusier recurría a su visión de la Acrópolis de Atenas en numerosos escritos teóricos, como si fuera una imagen transcendente con la que inspirar sus creaciones y poner orden en las composiciones. Pero el genial arquitecto no ha sido el único ser humano sorprendido por la belleza de este conjunto ubicado sobre el barullo de Atenas.

Más allá de los numerosos templos, entre los que sobresale con luz propia el Partenón, lo que fascina de este conjunto monumental es su predominancia sobre la ciudad, como si los achaques -visibles en los daños sufridos- no hubieran restado ni un gramo de fotogenia a su estampa. Y claro, observarla, pese a que su influjo es persistente, no es baladí. De hecho, es el mandamiento #1 de todo viajero que desea disfrutar de la ciudad y que, pese a su belleza asoma como una serendipia en la calle menos esperada, tiene un pequeño manual de usuario. 

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Desde el Areópago

Volviendo a la inspiración del arquitecto franco-suizo, el dibujo que acompañó durante mucho tiempo a esta epifanía fue trazado desde esta colina ubicada a los pies de la entrada del Acrópolis. Antaño, este montículo, cuyo nombre significa "montaña de Ares", era el lugar de reunión del Consejo del Areópago, un órgano judicial formado por aristócratas y/o magnates (dependiendo la época) desde donde se formulaban las leyes, se resolvían conflictos y se dictaban sentencias.

En la actualidad, sigue siendo un monolito de mármol algo resbaladizo pero habilitado para los pequeños paseos. Una escalera da acceso a su parte más alta, donde es muy sencillo distinguir entre turistas y atenienses. Los primeros, se afanan por lograr la mejor instantánea de los Propileos, la entrada monumental a la Acrópolis. Los segundos, observan cómo el atardecer cae sobre la ciudad moderna, ubicada a sus pies. 

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Foto: Getty Images

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Desde la colina de Filopapo

Una belleza tan brutal merece un poco de perspectiva, unos cuantos metros de profundidad de campo de más para que la panorámica sea total. Y, puestos a pedir, para que la orientación de la vista sea desde el suroeste ya que permite contemplar el Partenón en toda su grandeza. Puede que sea mucho pedir, pero la colina de Filopapo reúne todos los requisitos. Es más, por el camino regala alguna que otra ruina más mientras se recorren senderos flanqueados por olivos. En la pequeña marcha de no más de media hora que se realiza, la espectacularidad de esta maravilla ateniense asoma casi por sorpresa, enmarcada por las hojas de estos árboles, ofreciendo una estampa idílica. Eso sí, el éxtasis visual se alcanza en el monumento a Filopapo, un mausoleo portentoso del siglo II dedicado a Cayo Julio Antíoco Epífanes Philopappos, el último príncipe del Reino de Comagene. No es que esta construcción comparta gloria y postal con la Acrópolis, simplemente es que se ubica en el lugar más prominente de la colina de las Musas. 

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Foto: NJV Athens Plaza

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Desde la Presidential Suite del hotel NJV Athens Plaza

Atenas es una ciudad difícil de estructurar. Parece estar hecha a retales no solo urbanísticos, también de épocas. Pero, eso sí, hay una plaza en la que parece que se intenta poner orden en ese torbellino de tiempos verbales, estilos artísticos y comidas internacionales. Y esa esa es la Síntagma, un ágora contemporánea en la que Atenas respira (literalmente), se reúne y presume de independencia. Aquí se ubica el Consejo de los Helenos y, también, uno de esos hoteles levantados para ejemplificar la Grecia más cosmopolita: el NJV Athens Plaza. 

Más allá de su ubicación, este establecimiento abriga con la simpatía de sus trabajadores, la comodidad de sus habitaciones, la calidad que se le presume a un establecimiento miembro de Preferred Hotels y una sorpresa que se desvela al salir al balcón de cualquiera de sus habitaciones superiores con vistas a la plaza. Y es que, cuando el huésped se asoma con el fin de dominar esta explanada, de repente se encuentra de frente con la magnética presencia del Partenón. El embrujo rápido hace efecto, convirtiéndose en una imagen a la que recurrir constantemente y a cualquier hora del día. Eso sí, los desayunos en el balcón o los atardeceres desde aquí cuentan con un telón de fondo que lo eclipsa (casi) todo. 

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Foto: Shutterstock

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Desde el Museo del Acrópolis

Esta institución es un acierto en muchísimos sentidos. Más allá de su contenido, una recopilación de las piezas más valiosas de los principales yacimientos encontrados en esta colina y en sus laderas, lo es por su arquitectura. Sus dimensiones son las mismas que las del Partenón mientras que su disfrute es similar al de contemplación de un templo. Eso sí, la gran sorpresa llega en la sala superior, donde se replica el famoso friso de este precioso santuario. Cuando el ojo no se centra en los detalles y en la grandiosidad de estas estatuas, se pierde en la contemplación de la construcción original, ubicada en el horizonte oeste. Aquí la rima visual entre el pasado y el presente, entre el emplazamiento original y el museístico es efectiva, bella y muy sorprendente. 

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Foto: Javier Zori del Amo

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Desde lo alto de la plaza Monastiraki

Si la Síntagma es el salón de la Atenas moderna, esta plaza es su verdadero epicentro y corazón. A pie de calle, sorprende el delicado urbanismo con el que fue remodelada y cómo convergen aquí desde los turistas más guiris hasta los atenienses más cosmopolitas que se citan en sus bancos para empezar o rematar una velada. De hecho, en sus inmediaciones hay numerosos bares y terrazas desenfadadas donde se celebra la vida con alegría y alboroto. Llegados a este punto, el objetivo es aunar en una sola experiencia la animación de la zona con la postal perfecta que forman la antigua mezquita de Tzisdarakis, la iglesia de la Asunción y la indiscutible Acrópolis a lo alto. ¿La solución? La azotea del hotel A for Athens, donde hasta el más novato puede sacar la instantánea que mejor sintetiza la heterogeneidad de una ciudad fascinante. 

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