Bellezas limítrofes

Maravillas naturales de Francia a dos dedos de la frontera

Llegar a estos pequeños paraísos es posible sin necesidad de desplegar todo el mapa del país vecino.

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iStock-1167004795. Circo de Gavarnie

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Circo de Gavarnie

El inmenso circo glaciar de Gavarnie se abre a los pies de la Brecha de Roland, justo al otro lado del parque nacional de Ordesa y Monte Perdido. Patrimonio Mundial por la Unesco, Gavarnie es un enclave espectacular en todas las épocas del año por los cambios de color que presentan sus praderas y bosques, del verde intenso del verano, al ocre otoñal hasta que caen las primeras nieves y con la primavera, el deshielo, llena de flores y riachuelos el valle. La localidad de Gavarnie, a 1300 m de altitud, es el punto de partida de la excursión más popular, la que alcanza la gran cascada, pero el camino continúa hasta el refugio y más allá, por encima. delos glaciares que coronan el circo hasta la mismísima Brecha de Roland, a 2800 m. Un buen lugar para contemplar ese increíble tajo en la roca es la estación de esquí Gavarnie-Gèdre, en la vertiente opuesta del valle.

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© Raphaël Kann. Tourisme Ariège

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Foix y el Ariège. Castillos y grutas prehistóricas


La ciudad de Foix es la puerta de entrada al Ariège, una comarca histórica en la que abundan los bosques, los pueblos medievales, los castillos cátaros y las cuevas prehistóricas. El castillo que se alza sobre el núcleo de Foix desde lo alto de una roca fue la sede de uno de los condados pirenaicos más influyentes de la Edad Media, cuyos dominios alcanzaban los valles andorranos, de los que fue copríncipe del siglo XIII al XVII. Una escapada por la zona descubre otros vestigios medievales como el Puente del Diablo, en Montoulieu, y sorpresas naturales como el río subterráneo de Labouiche, un curso que discurre bajo estalagmitas y que se recorre a bordo de una barca a lo largo de 1,5 km. La experiencia cavernícola puede seguir en Tarascon sur Ariège, 20 km al sur de Foix. Alrededor de esta población se han hallado varios grupos de cuevas –las grutas de Niaux son las más espectaculares– con vestigios de asentamientos prehistóricos, como pinturas murales y utensilios de caza.
 

iStock-544811038. El Vallespir: entre cerezos y alcornoques

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El Vallespir: entre cerezos y alcornoques

El verde Vallespir se encaja entre la sierra de las Alberas y el legendario macizo del Canigó, al otro lado de la frontera gerundense. Es una de las zonas pirenaicas más interesantes de Francia por su variedad de paisajes: campos de cerezos, bosques de alcornoques, robles y castaños, alta montaña, la abadía Santa-María en Arles-sur-Tech, el Museo de Arte Moderno de Céret (con obras únicas de Picasso, Matisse, Braque, Gris o Chagall), los balnearios del Boulou y de Amélie-les-bains, o los puertos de montaña por los que cruzaron los últimos dirigentes republicanos al final de la Guerra Civil.

shutterstock 1825257806. Pueblos y castillos cátaros

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Pueblos y castillos cátaros

La amurallada de Carcasona es un clásico para los entusiastas de los enclaves medievales. Pero lo mejor de esta ciudad, escenario de decenas de películas, es su situación en el centro de la región cátara, una gran área en la que abundan los castillos y las leyendas e historias sobre los buenos hombres o cátaros, que fueron cruelmente perseguidos por la Iglesia católica. Pasear por los pueblos de Minerve y Mirepoix, o subir hasta las fortalezas (o las ruinas, mejor dicho) de Montsegur, Peyrepertuse, Queribús, Lastours invitan a imaginarse aquella época y a contemplar espectaculares vistas de la cara norte de los Pirineos.

iStock-670618530. La Costa de Coral Rojo: vistas al Mediterráneo

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La Costa de Coral Rojo: vistas al Mediterráneo

Siguiendo la línea de la Costa Brava hacia el norte, al cruzar la frontera en Portbou, el litoral ofrece un perfil recortado con entrantes en los que se protegen unos pueblecitos marineros perfectos para una escapada de fin de semana o de puente. Cerbera, Banyuls, Portvendres y Colliure, los pueblos de la llamada Costa Roja (por el coral que antes se extraía de sus aguas) forman un cuarteto irresistible. El plan puede ser tan sencillo como sentarse a contemplar el mar mientras se da cuenta de un plato de pescado o bien aprovechar los días soleados sin viento para dar un paseo en barca, hacer una ruta en bicicleta, caminar por una playa o subir hasta el collado de Querroig. También habrá tiempo para las visitas culturales. Hay dos ineludibles: la casa museo de Aristide Maillol en Banyuls y perderse por las calles de Colliure para acabar rindiendo homenaje a la tumba de Machado.

iStock-1255965141. Gargantas de Holzarte

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Gargantas de Holzarte

Entre los diversos parajes naturales próximos al pueblo de Larrau (Larraine en euskera), la pasarela de Holzarté es uno de los que inyecta más adrenalina. Este puente colgante de 67 m de largo se asoma a las aguas del río desde una altura de 150 m. El camino que conduce hasta esta vertiginosa pasarela de 1920 empieza en el puente de la Mouline, cerca de la carretera que comunica Larrau con Tardets. La ruta a pie completa dura 1h30 (sin contar paradas), es apta para ir con niños, pero conviene evitar los días de lluvia porque el suelo se vuelve algo resbaladizo.

iStock-1149125455. Lagos de las Bouillouses: paseos para toda la familia

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Lagos de las Bouillouses: paseos para toda la familia

Un laberinto de lagos de alta montaña se extiende a los pies del Puig Carlit (2921 m), en la Cerdagne o Cerdanya francesa. Una vez acaba la época estival se reabre la carretera que desde Mont-Louis se acerca al lago mayor, la presa de la Bollosa, punto de partida de la mayoría de excursiones. Otra opción es subir en el telesilla de la estación de esquí de Font Romeu y, si ha caído suficiente nieve, realizar un paseo con raquetas. La ruta circular con raquetas más típica parte del Pla dels Avellans y enlaza 9 o 12 lagos, depende de lo que se haya madrugado.

shutterstock 151796765. Pic du Midi de Bigorre: Observatorio astronómico y balcón de los Pirineos

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Pic du Midi de Bigorre: Observatorio astronómico y balcón de los Pirineos

Famosa entre los aficionados al ciclismo y los montañeros, la cumbre del Pic du Midi de Bigorre (2877 m) es también un fantástico observatorio astronómico. La ausencia de contaminación lumínica lo ha convertido en un enclave de referencia para identificar constelaciones y planetas. Si se va de día, el espectáculo lo ofrecen los lagos y picos que se elevan hasta la frontera con Aragón.

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Maravillas naturales de Francia a dos dedos de la frontera

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