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Bretaña francesa: qué ver en esta tierra de leyendas y cuna de Julio Verne

Castillos y bosques que esconden historias, pueblos encantadores hechos de piedra y el susurro del agua entre las múltiples islas de un inmenso golfo son solo algunos de los motivos por los que el viajero quedará prendado a cada paso.

El impresionante paisaje costero de Bretaña, desde Nantes hasta Saint-Malo, sorprende por la severidad de sus escarpados acantilados y el estilo pintoresco de sus puertos pesqueros. Al mismo tiempo, bellos pueblos y ciudades con casas de entramado de madera, calles adoquinadas y animados mercados, transportan a la Edad Media. Una historia anclada a las guerras, pero también al bravo océano, conceden a sus habitantes un sentimiento de independencia y un amor hacia la costa que se reafirma en cada esquina.

Todo viaje por la costa bretona debería empezar en Nantes, antigua sede del ducado de Bretaña y ciudad natal de Julio Verne, autor de periplos que han colmado la imaginación de varias generaciones de viajeros que, como aquellos que leen estas líneas, buscaban recorrer y descubrir nuevos mundos.

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Dinan
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Dinan

Dinan fue un importante enclave comercial gracias a su puerto del río Rance. Su época de máximo esplendor fue en los siglos XIV y XVIII, cuando sus calles estaban repletas de tejedores, curtidores, carpinteros y otros artesanos. Hoy aún se pueden encontrar talleres y tiendas donde todo está hecho a mano.

Dinan tuvo un importante papel en la historia de la Bretaña, primero por haber sido comprada por el héroe bretón Bertrand Du Guesclin para defenderse durante la guerra y, posteriormente, por la retirada de la reina Ana de Bretaña al castillo que se alza en lo alto del pueblo.  

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Nantes
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NANTES

La pujante excapital del ducado – elegida por los franceses, junto con Burdeos, ciudad con mejor calidad de vida de su República – es muy conocida por su extraordinaria Galería de las Máquinas, creadas por Delarozière y Orefice, presidida por el Gran Elefante animado de 12 m de altura y por el Carrusel de los Mundos Marinos.

Más allá de esto, el museo del castillo renacentista de los duques de Bretaña o el bullicio de las calles medievales del Bouffay ofrecen estampas acorde a la naturaleza cultural de la ciudad. La catedral de Saint-Pierre-et-Saint-Paul, el maravilloso pasaje cubierto Pommeraye o el sugestivo Museo Verne – y muchas más sorpresas – dan para pasar unos días en una de las ciudades más interesantes de Bretaña.

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Belle-Ilê
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Belle Ilê

Conviene luego embarcarse en un ferry hacia la preciosa Belle-Île, la mayor de las islas bretonas, que queda fuera del golfo. Allí la gran actriz teatral Sarah Bernhardt adquirió en 1894 un fuerte junto al faro en la espectacular Pointe des Poulains. Dicha residencia es ahora un museo que conmemora su memoria.

Belle-Île es famosa por su enorme Ciudadela Vauban de 1549, así como por sus playas, rocosos farallones y pléyade de coloridas aldeas marineras y puertecillos. El pintoresco Sauzon, en el estuario del río de idéntico nombre, sedujo al impresionista Claude Monet, quien pintó en el Port Coton una treintena de obras maestras. Le Palais, pequeña capital de animado puerto, desprende alegría de vivir y seduce con sus cafés y mercados, como el de la plaza de la République.

Concarneau
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CONCARNEAU

Este conjunto excepcional de callejas intramuros y la preciosa Casa del Gobernador, flanqueado por torres y una atalaya, tiene un encanto extemporáneo. Su célebre Ville Close es un amurallado islote medieval unido a tierra firme por dos puentes. Posee un bonito Museo de la Pesca situado en el antiguo arsenal y desde la Puerta de los Vinos de su gruesa muralla se obtiene una magnífica vista del agitado puerto pesquero.

Dotada de buenas playas, la localidad seduce también por su intensa vida marinera. Se trata del mayor puerto atunero de Francia y un lugar perfecto para disfrutar de los soberbios mariscos y pescados locales, así como de las marmitas con salsa armoricana, que no americana. 

Quimper
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quimper

Quimper es una de las más bellas y luminosas ciudades de Bretaña. Antigua capital del reino de Cornualles, fue fundada a orillas del Odet y de su afluente Steir por el legendario soberano Gradlon – cuya estatua ecuestre se divisa entre las agujas de la catedral–, tras el naufragio de la mítica Ys. Enfrente de la catedral gótico-flamígera de Saint-Corentin se sitúa el excelente Museo de Bellas Artes, que cuenta con magníficas telas de los pintores de Pont-Aven, así como con obras de Corot, Fragonard, Rubens o Jordaens, entre otros artistas. 

La ciudad de Quimper posee preciosas calles medievales con casas de entramados de madera y plazas tan encantadoras como la del Beurre y el excelente mercado cubierto de Saint-François. El barrio de los ceramistas que la han vuelto mundialmente famosa es el de Locmaria, con iglesia románica del siglo XII y el jardín medieval del Priorato, que simbolizaba el Paraíso al borde del Odet. Sus teatros, centros culturales y numerosos restaurantes y creperías, así como el Festival de Cornualles en julio son una buena muestra de su vitalidad.

Carnac
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CARNAC

Símbolo, al igual que Stonehenge en Inglaterra, de misterios y ritos ancestrales, Carnac deslumbra por la vertiginosa extensión de sus campos de menhires –algunos con serpientes grabadas en su base y tres metros de altura– y crómlechs a cielo abierto. Los menhires de Menec, en el yacimiento neolítico de Carnac, regalan amaneceres y atardeceres llenos de misterio, con la bruma difuminada bajo el sol.

Estos gigantes pétreos de más de cinco mil años han originado infinidad de leyendas, como la de Saint-Cornély, referente a un ejército de soldados petrificados; la de los Kerrigons, pueblo de duendes danzarines que morarían en ellos, o la de su mágico vuelo anual y realineamiento celeste durante la Nochebuena. 

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Kerlouan
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Kerlouan

Kerlouan es uno de los lugares más curiosos de la Bretaña francesa por sus dunas, los bloques de piedra que rodean el pueblo y por su arquitectura de piedra negra y tejados de chamizo. Los puestos de guardia, unas enormes casas construidas con bloques de piedra, y la capilla Pol son algunos de los edificios más conocidos de la localidad. Por si fuera poco, los alrededores están repletos de playas y peñascos donde relajarse observando el océano.

Vannes
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VANNES

La portuaria Vannes, con casas de entramado y jardines al pie de murallas levantadas en el siglo XIII sobre restos galorromanos, es el centro urbano más importante del golfo de Morbihan. El paseo por el casco histórico discurre junto a casas del siglo XV con entramado de madera (colombage) que parecen a punto de caer. 

La Place des Lices, la plaza principal de la ciudad, es un lugar animado donde se celebra un mercado dos veces por semana, y el impresionante castillode Vannes, construido en el siglo XIII, es otro lugar destacado, pues en él se encuentra un museo que cuenta la historia de la ciudad y muestra una bella panorámica desde las murallas. Los jardines de estas, donde también se encuentran los históricos lavaderos, ofrecen un bello paseo antes de dirigirse a su puerto, desde donde zarpan barcos para recorrer el enigmático golfo.

Golfo de Morbihan
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GOLFO DE MORBIHAN

Vannes es punto de partida idóneo para descubrir una de las 17 bahías más reputadas del mundo. "Nodriza de leyendas", llamó Maupassant a esta comarca con más de 60 islas "druídicas, misteriosas y encantadas que cargan a sus espaldas túmulos, menhires, dólmenes", como los de la isla de Gravrinis.

Las dos islas más grandes son Moines y Arz. La primera, conocida como 'la perla del golfo', cuenta con una exuberante vegetación, hermosos senderos costeros y numerosas calas y ensenadas para explorar, además de una encantadora villa con tiendas, restaurantes y cafés para disfrutar de la gastronomía local.

Por otro lado, Île d'Arz, más pequeña pero igualmente atractiva, es conocida como la 'isla de las aves' por su rica vida aviar y su entorno natural preservado. Hermosos paisajes con prados, huertos y bosques, perfectos para paseos tranquilos, y playas pintorescas, como la de Port Miquel.

Fourgères
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Fougères

Esta ciudad cuenta con la fortaleza más grande de Europa, un vasto complejo de piedra construido durante los siglos XII y XV con trece torres que actualmente están rodeadas de jardines. Este punto, uno de los lugares clave en la lucha por las fronteras de Bretaña, ofrece unas vistas de Fougères impresionantes. Su casco antiguo también ha sabido conservar su esencia medieval a pesar de estar repleto actualmente de pequeñas tiendas y cafés que le dan al lugar un toque pintoresco.

Saint-Malo
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SAINT-MALO

La costa norte de Bretaña esconde uno de sus más imponentes bastiones, el de Saint-Malo, cuyo paisaje de costa contrasta con las fuertes murallas cuyas piedras cuentan historias de piratas. Su puerto, que en los siglos XVII y XVIII fue de los más importantes de Francia, permitió la bonanza y el crecimiento del lugar. Su casco antiguo, con las callejuelas que se entrelazan y dan a parar a la Catedral Saint Vincent, tiene al sur el fuerte de la Cité, fortaleza alemana durante la Segunda Guerra Mundial, y alrededor del bello paseo de sus murallas, flanqueando su exterior, tranquilas playas aguardan al visitante durante la marea baja.

Punta du Raz
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PUNTA DU RAZ

Este cabo granítico de 70 metros de altura se interna en el llamado mar de Iroise. La región es una reserva protegida por su población de aves y por su increíble diversidad de arbustos que, como la retama, florecen en primavera, así como de plantas rupícolas que trepan por los acantilados. Es el fin de la tierra y sin embargo hay, hacia Occidente, otros puntos firmes desafiando la violencia de las corrientes: el Faro de la Vieja y la Isla de Sein. Como es de imaginar, las historias de naufragios proliferan y el rumor del oleaje es permanente. De ahí que haya lugares con nombres temibles como el Infierno de Plogoff, un hueco excavado en la roca por el agua y cuyo destino el lector puede averiguar dando un paseo, si es posible, de noche.

Ouessant
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Ouessant

Es una de las islas del archipiélago con el mismo nombre que se encuentra a 30 kilómetros de la punta de Saint-Mathieu. Junto con Molène es una de las dos islas habitadas. Su principal encanto es que se encuentra delimitada por preciosos acantilados, además de estar rodeada por los faros que sus antiguos habitantes construyeron para ayudar a los navegantes a encontrar la costa. También se pueden encontrar en ella casas rurales típicas de la época que todavía hoy están habitadas por campesinos y ganaderos.

Combourg
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Combourg

Se trata de uno de los pueblos más bonitos de la Bretaña francesa por su castillo, el lago que se encuentra a sus pies, el entramado de sus calles medievales y la vegetación que la rodea. Es la cuna del Romanticismo y el lugar de origen del escritor y poeta francés Châteaubriand, del que se cree que vivió en una de las cuatro torres del castillo, la llamada torre del Gato, desde donde se goza de unas increíbles vistas al lago. Esta fortaleza del siglo XI fue crucial en la defensa de Bretaña.

castillo Detrecesson en el bosque de Broceliande
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Brocéliande y el castillo de comper

Este impresionante bosque está repleto de cuentos y antiguas leyendas. Una de ellas es que Brocéliande era el lugar donde vivía elmago Merlín, el hada Viviana y el caballero de Lancelot. Estas historias se pueden conocer a través de las diferentes rutas guiadas, ya sea por el castillo de Comper, ocupado en el siglo IX por el rey Salomón, por el valle de Nunca volver, con su famoso estanque del espejo de las hadas, por la fuente de Bareton o por la fuente de la Juventud. 

Bécherel
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Bécherel

Los amantes de la literatura encontrarán en Bécherel el lugar idóneo para perderse entre libros de primera y segunda mano. En esta pequeña ciudad medieval se celebra una famosa feria de libros antiguos el fin de semana de Pascua, además de la fureur de lire(el furor de leer), unas jornadas de lectura que se organizan en octubre. Por sus callejuelas se pueden encontrar antiguas librerías, casas de encuadernación y papelerías que harán las delicias de los amantes de las palabras.

Josselin
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Josselin

Presidido por el château de Josselin, este pequeño pueblo medieval a orillas del río Oust es uno de los más encantadores de la Bretaña francesa y una de las paradas imprescindibles para aquellos que realizan cruceros fluviales. El castillo de estilo gótico flamígero es propiedad de la familia Rohan, una de las estirpes más antiguas de Bretaña. En el centro del pueblo se encuentra, aún en pie y rehabilitada, la casa más antigua de Josselin, de 1538, que en su día sirvió de modelo para el resto de edificaciones medievales de entramado de madera y tejados de pizarra.  

 

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