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Matera: qué ver en la laberíntica ciudad de los sassi

Desde miradores donde tomar la mejor fotografía hasta rincones inmortalizados por el cine.

Matera es una ciudad invicta. Por mucho que el progreso -y las leyes de los años 50- obligara a sus habitantes a abandonar sus casas-cueva, esta preciosa urbe ubicada en el sur de Italia no deja de resurgir. Primero, con la declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993, un reconocimiento que le aportó subvenciones y un poco de orgullo local. Después vino la capitalidad cultural europea de 2019 que la llenó de arte y de actividades. Y por último, el empujón de la película James Bond: Sin tiempo para morir, que arranca la trama en varias ubicaciones de su casco histórico. Un compendio que estímulos que hace que la visita sea muy deseada. Ahora ¿qué es lo que hay que ver en Matera? Esta es una breve guía con sus imprescindibles ordenados de menos a más. 

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shutterstock 1784210702. En el caso #7: La iglesia rupestre de la Madonna delle Vergini

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En el #7: Las iglesias rupestres de la Murgia Materana

Olivares, haciendas con algunos que otros trulli desubicados, campos de cereales… las inmediaciones de Matera extrañan un tanto al viajero que cruza a Basilicata en busca de los cañones y gargantas calcáreas prometidas. Por eso, la mejor manera de salivar y contextualizar esta ciudad de piedra es posponiendo su visita para dedicarla unos minutos de contemplación. El destino son cualquiera de las capillas excavadas en la roca de la ladera este del torrente Gravina. Ojear sus interiores, tan recogidos como poderosos, es adelantar ese voyeurismo bajo tierra que se practica en la ciudad. Pero con un aliciente: tanto en la ermita rupestre de la Madonna delle Vergini como en la de San Giovanni, en la de San Falcione y en la de la Madonna delle Tre Porte las vistas del casco antigo son sobrecogedoras. Y con un aliciente: no son lugares concurridos y permiten descubrir de una manera más salvaje cómo eran las cavidades que luego se transformarían en lo que es hoy Matera.

sterlinglanier-lanier-DY6h8v2rqzM-unsplash. En el #6: El Duomo de Matera

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En el #6: El Duomo de Matera

Esta iglesia tiene, salvando las distancias, la potestad de faro para el viajero que tiene San Marco en Venecia. De hecho, es muy común encontrarse con letreros en las laberínticas escaleras y callejuelas que indican su ubicación. Por eso, visitarla es casi como una recompensa e, incluso, como una idea perfecta para comenzar por la ciudad por arriba, por lo monumental. Luego ya vendrá el devaneo por sus microcosmos calcáreos. El caso es que la catedral de Santa Maria della Bruna e di Sant'Eustachio -su nombre oficial- no es un portentoso templo, pero sí es lo suficientemente grande como par ser un referente en el skyline de la ciudad. En las distancias cortas sorprende su sobriedad exterior, su armonía de formas y sus puertas laterales esculpidas con finura. En su interior, los frescos del techo y algún que otro delirio bizantino hacen que el viajero se ubique en un discurso estético que está a medio camino entre Oriente y Occidente. En definitiva, un bello caos. 

shutterstock 1877527027. En el #5: Sedile y San Francesco, las plazas culturales

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En el #5: Sedile y San Francesco, las plazas culturales

La Via Duomo es la calle más socorrida para salir del entorno de la catedral y para adentrarse en lo que se podría llamar la Matera más civilizada del Casco Antiguo. Las plazas Sedile y San Francesco son dos estimulantes explanadas en las que la vida se expande, ofreciendo oxígeno al claustrofóbico y coto privado a las terrazas. Aunque aquí la tentación es entregarse a una cerveza local maridada con un crostone hecho con pan materano, conviene dejar a un lado la gula para visitar tres edificios singulares. El primero, la iglesia de San Francesco, cuya fachada es mucho más interesante que su interior. Después, la barroquísima iglesia del Purgatorio, que sorprende por la cantidad de calaveras decorativas que hay en su exterior. Y para culminar este momento de turismo a lo romano, el Palacio Sedile, una obra neoclásica que simboliza aquella época en la que Matera, bajo el control borbónico de Nápoles, soñó con ser una ciudad moderna y bella. 

shutterstock 1877527009. Conjunto de la Plaza Vittorio Emanuelle

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En el #4: La Plaza Vittorio Emanuelle... a todos los niveles

Los límites del casco histórico están protegidos por un castillo tan extenso como insulso y por otra plaza, la de Vittorio Emanuelle, que parece avisar a los viajeros que después de ella solo hay escalones y estrecheces. Sin embargo, esta plaza es mucho más que un elemento urbanístico clave para ordenar el pasado y el presente. Aquí se ubica el Palumbaro Lungo, un conjunto de cisternas construido en el siglo XVI con las que se recogía y se distribuía el agua por toda la ciudad. Sobre ella se encuentra el mirador Luigi Guerricchio en el que, de repente, se hace el silencio porque todo es asombro. Otra vez la panorámica rupestre de Matera. Otra vez la retina dilatada por la sorpresa. Otra vez la cámara saturada. Y sin embargo, todo resulta nuevo porque la perspectiva es diferente. Y magnética. 

iStock-584873212. En el #2: Descender por el Sassi Barisano

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En el #3: Descender por el Sassi Barisano

El casco antiguo de Matera se divide en dos barrios: el sassi (conjunto de cuevas) Barisano y el sassi Caveoso. El primero ocupa la parte norte y se distingue por tener alguna calle menos medieval y por alternar casas construidas con piedra con cuevas habitadas. La sensación, sobre todo en la parte más alta, es de estar en una ciudad siciliana mientras que se da con monumentos inesperados como la preciosa iglesia románica de San Giovanni, probablemente la más bella de todas. Eso sí, cuando la ladera se empina aparecen los vicinatos, los patios rodeados de cuevas donde respiraban los materanos rupestres y que congregaban la vida social antaño. El manual de uso de todo este barro es sencillo, dejarse llevar, subir y bajar y, como guinda, hollar la explanada donde se encuentra el monasterio de los Agustinos para relajar la vista o subir las escalinatas que permiten rozar con los dedos el campanario de la iglesia de San Pedro. 

shutterstock 1149716270. En el #2: Sassi Caveoso

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En el #2: Zigzaguear por el Sassi Caveoso

Matera se separa del barranco de Gravina por una señorial calle pavimentada que ejerce de balcón sobre la garganta. Esa misma es la que conduce desde el sassi Barisano al sassi Caveoso, el barrio de cuevas más antiguo de Matera. Un dato que se percibe en sus construcciones, más ajadas y cochambrosas, y también en el trazado de las calles mucho más revirado y estrecho. Pese a que su visita está marcada por unos carteles que indican el recorrido turístico, aquí lo conveniente es desgastar suela y, si no se pernocta en ninguno de los alojamientos rupestres que salpican la ciudad, echarle un vistazo a las diferentes casas-cueva que, disfrazadas de museo, muestran cómo era el día a día bajo tierra. 

iStock-652953200. En el #1: Contemplar la ciudad desde Santa Maria de Idris

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En el #1: Contemplar la ciudad desde Santa Maria de Idris

La meta, casi inevitable, del deambular por el sassi caveoso es subir el montículo donde se haya la iglesia de Santa María de Idris. En su interior, lo más apasionados del arte pueden encontrar frescos rupestres de gran valor mientras que el resto de viajeros tienen en sus inmediaciones balcones naturales desde contemplarlo todo, desde las casas más modernas que cuelgan al sur de la garganta hasta la panorámica perfecta de la ciudad. Eso sí, para dibujarla o capturarla, conviene tener en cuenta la presencia del campanario de San Pedro Caveoso. El juego con esta construcción barroca puede ser muy caprichoso. Sea como fuere, es una nueva oportunidad para alzar la visa y pellizcarse, para volver a mirar frente a frente a esta ciudad que no se cansa de hacer milagros, de reinventarse, de reivindicarse y de erigirse, por fin, como la gran belleza del sur de Italia. 

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