Como hippies al sol

Playas y calas para una primera vez en Ibiza

Calas de arena blanca, un mar turquesa, increíbles atardeceres, libertad al estilo Mediterráneo, ambiente fiestero... es difícil escoger playa en el universo ibicenco, pero no imposible.

Será por la luz tan mágica que se gasta, los atardeceres o las playas y calas que parecen diseñadas para la felicidad más ociosa, pero lo cierto es que esta isla es un cachito de paraíso en el Mediterráneo que todo el mundo sueña con pisar alguna vez en la vida. A pesar de sus reducidas dimensiones, las opciones playeras son muchas. Así que para quienes no sepan por dónde comenzar, estas son algunas de las playas de visita imprescindible en una primera vez en Ibiza.

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Cala d'en Serra (la tranquila)

En agosto en Ibiza suele invadir la misma inquietud, ¿habrá un hueco para la toalla o no? Pero no en las playas que están fuera del mapa turístico habitual, como esta del municipio de San Joan de Labritja. Escondida, pequeña, con la arena gruesa y rocas en la entrada al mar, parece que lo tiene todo en contra, y sin embargo,  el entorno prácticamente virgen, el mar cristalino, las típicas casetas varadero y el estar poco concurrida la hacen ideal para tomarle el pulso por primera vez a la isla. 

 

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Cala d' Hort (la mística)

El Parque Natural de Cala d' Hort, Cap Llentrisca y Sa Talaia justifica por sí solo un viaje playero a Ibiza. Ahí están algunos de los arenales más espectaculares del suroeste ibicenco. Entre ellos, cal d’ Hort. Esta playa de orgulloso pasado hippie tiene un aire místico que haría las delicias del mismísimo Iker Jiménez. Es Vedrà es el islote que se ve desde la orilla. Su magnetismo es evidente. En él pasaba largas estancias el místico Francesc Palau alimentándose a base de huevos de gaviota y agua del mar. Hoy hay algunos restaurantes con vistas donde pasarlo mucho más cómodo.

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Es Figueral (para quienes gustan de tumbona)

En Ibiza, hasta la opción de playa familiar con restaurantes cerca tiene su punto salvaje.  Alejada de Santa Eulalia del Río, con vistas al islote de Tagomago, Es Figueral es la vecina burguesa de Aguas Blancas, pero tiene la misma belleza. Protegida por acantilados, el agua se muestra dócil y poco profunda, por lo que es ideal para empezar con el snorkel o para las primeras brazadas en solitario de los más peques de la familia. Los aficionados a las playas nudistas, tienen su espacio hacia el extremo izquierdo.

 

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Es Cavallet (a todo ambiente)

Ubicada en el interior del Parque Natural de Ses Salines, Es Cavallet es una histórica entre las playas nudistas de la isla. Tal vez fuera porque era poco concurrida, ya que por orientación, en ella acostumbra a soplar viento tierra adentro y con las olas llega gran cantidad de restos de Posidonia que se queda en la orilla. Pero eso no debería ser problema para disfrutar de una de las mejores playas de Islas Baleares, también muy popular entre la comunidad LGBT, que ha hecho del Chiringay su particular lugar de encuentro.

 

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Platges de Comte (universo playero concentrado)

Todo un universo playero por el que navegar a sólo unos 8 kilómetros de Sant Josep. Hace tiempo, estas calas guardaban la esencia hippie de Ibiza, pero estos últimos años, la fama a golpe de redes sociales ha hecho que estén mucho más masificadas. Aún así vale la pena. Nada más llegar, al abrigo del histórico chiringuito Sunset Ashram, hay dos calas que parecen siamesas. Hacia poniente, aparece Racó d’en Xic, tradicionalmente nudista. Caminando hacia Ses Roques, se abren pequeñas calas de roca. Son más incómodas, pero a cambio se gana en tranquilidad. Los atardeceres por aquí son mágicos.

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Cala Saladeta (si hay ganas de fiesta)

Presididas por Els Amunts, la sierra que vertebra la costa norte, Cala Salada y su hermana cala Saladeta son la postal playera más típica de Ibiza. Pero si la primera es de ambiente familiar, la segunda es para los que les va la marcha. Cala Saladeta es pequeña, por lo que en pleno agosto se pone hasta arriba.  Se llega a ella a través de un sendero con vistas que supera fácilmente un peñón rocoso. Para cuando ambas playas estén colapsadas, existe algo así como la habitación del pánico, pero en playa, algo más al sur, en Punta Galera, donde hay un pequeño embarcadero natural donde poder relajarse con los turquesas del mar.

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Es Portitxol (o si no hay ganas de fiesta)

Disfrutar de la esencia Mediterránea sin artificios ni aglomeraciones se paga con un poco de aventura. Y es que no es fácil llegar a Es Portixol, no al menos por tierra. Por eso, este puerto natural de casetas varadero solo está frecuentado por los pescadores de la zona y senderistas que gustan andar por entre acantilados. Tras un descenso de una media hora entre pinos, la posible incomodidad de las rocas y gravas queda sobradamente compensada por la calma y la sensación de absoluta libertad. Hace snorkel aquí es una auténtica delicia.

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Sa Caleta (el secreto local)

Junto a un nido de ametralladoras y un asentamiento fenicio, la diminuta cala de pescadores de Sa Caleta (no confundir con la rojiza Bol Nou) es una de las postales más bellas de Ibiza, y sin embargo, es muy poco conocida. Abrazada por acantilados y sin arena en la que tumbarse, se trata de un espacio muy singular, ocupado en su totalidad por las tradicionales casetas varadero dispuestas en una media luna encarada a un mar turquesa excepcional. Muy aconsejable para quienes gusten de lo auténtico y, sobre todo, no tengan miedo de meterse en el agua con una zambullida directa.

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Cala Benirrás (para darle al tambor)

Esto es más que un día de playa, Cala Benirrás es toda una experiencia ibicenca. A la belleza de su entorno, hay que añadir su ritual de tambores cuando llega el atardecer. Sobre todo, el domingo, que es cuando más gente se concentra y le da al lugar un ambiente hippie inigualable mientras el sol se va poniendo tras ‘el dedo de Dios’, como se conoce popularmente al Cap Bernat, el singular islote frente a la orilla.

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Es Jondal (o cuando lo que importa es el chiringuito)

Ya era una playa singular, porque tenía más de campesina que marinera. Los pescadores la evitaban porque los bolos y cantos rodados no eran una ayuda precisamente a la hora de sacar las barcas del agua. Pero en los años 80 a alguien se le ocurrió abrir un chiringuito para dar servicio a los barcos que fondeaban de excursión frente a la playa, y desde entonces, Es Jondal es famosa por tener algunos de los  beach club más en forma de cada temporada, como el Blue Marlin o el Tropicana Beach Club.

Cala d ' Hort

Playas y calas para una primera vez en Ibiza

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