Tan brava no es

Playas de Costa Brava para todos los gustos

Estas calas y arenales demuestran que en este litoral hay variedad y, sobre todo, calidad.

La Costa Brava salpica el litoral con algunas de las mejores calas y playas de Cataluña, dignas de los mejores anuncios playeros de la faz de la tierra. Las hay aisladas, de grava o de arena fina, rodeadas de pinos, con barquitas de pescadores o con patines a pedales para alquilar… En su mayoría son paisajes que inspiraron a genios como Salvador Dalí, Josep Pla o a Joan Miró. Si para gustos los colores, para las playas, Costa Brava, hay de todos los tipo.

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Illa Roja (o para dejarse el bañador en casa)

Se accede desde la playa vecina del Racó, y sin embargo no podría haber dos playas más diferentes. Si el Racó es extensa y siempre está concurrida, su vecina, es coqueta y está abrazada por un acantilado de tonos oxidados y rojos que le da da nombre. Además, es uno de los paraísos naturistas de la Costa Brava. El bañador no es necesario, pero sí se aconseja llevar escarpines.

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Cala Estreta (para equilibristas en chanclas)

El hecho de llegar a esta playa ya es de por sí un plan estupendo. Hay que caminar desde la playa El Castell (aproximadamente de unos 30 minutos) para ver a Estreta asomarse al final de un sendero entre pinares. Es una de las calas más recónditas de la Costa Brava y uno de los paisajes más bellos de Palamós. Es verla y entender su nombre: divida en dos por una saliente de roca, la arena dorada apenas ocupa unos quince metros.

 

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Cala Aiguablava (para ir con la casa entera)

Este antiguo puerto natural es de esas playas familiares para quienes no quieren renunciar a un bello entorno natural. Rodeada de vegetación, ocupa un enclave privilegiado desde el que se divisa el imponente Cap de Begur. Aiguablava lo tiene todo para una jornada playera familiar perfecta: por descontado, aguas cristalinas, una entrada al mar muy suave, poco oleaje y todos los servicios necesarios, desde duchas y zona de aparcamiento hasta alquiler de patines. Por supuesto, no le falta el chiringuito correspondiente.

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playa gran de Cadaquès (para bohemios en bañador)

Cierto que por ubicación es la más concurrida de Cadaquès, pero también es una de las más literarias. La gracia está más en la terraza del Marítim, un clásico donde los haya de la Costa Brava. Este bar a pie de playa ha tenido tertulianos tan ilustres como Gabriel García Márquez, Duchamp y muchos de la Gauche Divine. Las vistas al mar, o la blancura estética del pueblo, están aseguradas, tal vez, también la visita de las Musas.

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Playa de Sa Boadella (para tumbarse entre acantilados)

La turística Lloret de Mar tiene una guirnalda de playas a lo largo del litoral que ocupa, pero esta es la única que se mantiene prácticamente virgen. Su entorno es de postal clásica, rodeada de un extenso pinar que se asoma al borde del mar. Sobre este acantilado, se extienden los renacentistas Jardines de Santa Clotilde, un imprescindible de rincones ‘instagrameables’.

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Cala Sa Tuna (para nostálgicos)

Es una de las postales perfectas de la Costa Brava: aguas turquesas y calmas, pinos -aquí huele tanto a resina como salitre- y el encanto del antiguo barrio marinero del que sobresale su torre crestada. En ella, los pescadores aún varan sus embarcaciones. Lo que para algunos es un inconveniente, para otros puede ser una ventaja. Así que los muchos bañistas que se acercan a este paraje agradecen que la grava no se les pegue en el cuerpo al volver a casa.

Foto: Turismo Costa Brava

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Platja Portitxol Empúries (para hacer el Indiana Jones)

A esta playa de arena fina y dorada y aguas tranquilas se llega a pie desde el paseo marítimo de Empúries. La facilidad del acceso y su belleza entre pinos y formaciones rocosa hace que su ambiente sea familiar. Muy próximo, hay un mirador con vistas a la bahía de Roses y el casco urbano de L’Escala. Tocando la arena, se reconoce el elegante edificio que ocupa el Hotel Empúries, un histórico de principios del s. XX  que fue construido para alojar a los arqueólogos que trabajaban en las ruinas de Empúries bajo las órdenes de Puig i Cadafalch.

Foto: Turismo Costa Brava

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Aigua Xelida (para quienes sueñan con la libertad)

Llegar hasta esta mítica playa de la Costa Brava es hacerlo a un paisaje que inspiró anhelos de libertad y una emocionante historia de amistad en Josep Pla, tal vez el autor cuya obra está más vinculada a este litoral de hombres de mar. La cala es una pequeña extensión de arena y grava que se abre entre dos escollos rocosos que emergen directamente del agua turquesa. “No hay ninguno, entre nosotros, que algún día no haya soñado con vivir la vida en pura libertad”, dejó escrito el autor catalán, inspirado por Aigua Xelida.

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cala Jugadora (para los más naturales)

El extremo oriental de los Pirineos se hunde en el Mediterráneo en el cabo de Creus, formando un paisaje rocoso, salpicado de oliveras y enebros, que parece de otro planeta. Es sin duda, uno de los paisajes más extraordinarios de la Costa Brava que inspiró sueños surrealistas a Salvador Dalí. Aquí se encuentran algunas de las calas más salvajes de Cataluña. De ellas, cala Jugadora es de las que tiene más fácil el acceso desde la carretera que lleva al faro. Se encuentra en la zona más oriental del cabo de Creus, protegida de la Tramuntana.

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Playa de Sant Pere Pescador (para ir con la tabla)

Ubicada entre la desembocadura del río Fluvià y la del Riuet, esta es la playa más extensa de toda la bahía de Roses. Suma algo más de 6 kilómetros de arena fina donde hartarse a caminar con los pies descalzos en la orilla. Tanto espacio hace que esté dividida en diferentes zonas, cada una con su propio nombre. Es especialmente conocida por los aficionados al windsurf y kitesurf y por naturistas que se encuentran a sus anchas.

Foto: Turismo Costa Brava

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Playa de Castell (para comprometidos con la naturaleza)

El 12 de junio de 1994, la población de Palamós fue consultada en un referéndum sobre un proyecto que quería construir un campo de golf en el paraje natural de Es Castell. Más del 70% se opuso a la presión inmobiliaria. De ahí que ahora se pueda disfrutar de la brisa del mar, de las olas en la orilla y del sonido del viento a través de los cercanos pinos, sin que estorbe ningún golpe de hormigón. A pesar del entorno natural, es accesible y presenta un gran número de servicios.

Foto: Turismo Costa Brava

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Cala Montjoi (para ver atardeceres)

De arena oscura y bolos es una de las playas de la Costa Brava más familiares. El entorno es inmejorable, en el interior del Parque Natural del Cap de Creus. A su alrededor y a muy poca distancia, se encuentran algunos de los lugares de buceo más conocidos del litoral de Begur, por lo que es muy conocida entre los aficionados al submarinismo. También es conocida por brindar una de las mejores puestas de sol de todo Cataluña.

Cala Estreta

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