Con mouras y trasgos

Montañas de O Courel, una Galicia de leyenda

El Geoparque Mundial Montañas do Courel es un destino secreto de gran valor paisajístico y etnográfico.

El Geoparque Mundial Montañas do Courel protege uno de los lugares de mayor valor paisajístico, humano y geológico de Galicia: rocas imponentes, tradiciones ancestrales y bosques frondosos que son el hábitat privilegiado de animales emblemáticos como el lobo e incluso el oso.

El Sil todavía señorea estas tierras verdes, que en otoño e invierno se tiñen con el tono rojizo o amarronado de las vides que cubren las laderas hasta morir en el río. Avanzando hacia el norte, el paisaje va mudando su aspecto y cede protagonismo al imponente macizo. Desde los miradores se percibe claramente el plegamiento de Campodola-Leixazós, uno de los valores geológicos más destacados de este lugar, que sorprende tanto a especialistas como a viajeros curiosos.

 
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Una naturaleza legendaria inalterada

Millones de años han esculpido estas montañas tapizadas de verdor. Sin embargo, la huella del hombre apenas las ha modificado, a pesar de su estrecha relación con el entorno. Entre caminos y valles glaciares se descubre esa impronta en castros fortificados, vestigios romanos y ruinas medievales mientras.

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Un laberinto natural

Llegando a la aldea de Mercurín, resuena la idea de un valle encantado en el que abundan helechos y árboles de aspecto jurásico. Es el Karst Val das Mouras, un laberinto caótico de pasadizos y cuevas donde se dice que habitan criaturas míticas (mouras) acompañadas de trasgos (duendes) burlones y otras rarezas. Dicen que es tal la fascinación que desprenden sus rocas tapizadas de musgo entre la maraña de troncos huecos y retorcidos que este valle mágico atrapa sin piedad.

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El bosque gallego por antanomasia

La mañana invita a salir temprano en busca de más lugares de ensueño. En invierno, las brumas llenan de magia y misterio los paisajes. La primavera es una buena época para descubrirlos con la explosión de flores que colorean los valles. El verano trae respiro y sosiego. Pero es en otoño cuando el bosque autóctono exhibe espectaculares matices dorados y rojizos, especialmente en la emblemática Devesa da Rogueira.

Situada en un antiguo circo glaciar, la riqueza y biodiversidad la convierten en el bosque gallego por excelencia, hábitat de lirones, zorros, martas, corzos y jabalís, un lugar rebosante de vida. El paseo por este lugar secreto se vuelve enigmático al atardecer, caminando entre los crujidos misteriosos del bosque y el viento que arremolinan las hojas de robles y castaños centenarios.

 
shutterstock 2179692205. En las alturas

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En las alturas

Saliendo de A Devesa se halla el inicio de uno de los itinerarios más exigentes del Geoparque, que en escasos cinco kilómetros salva un desnivel de mil metros: es el denominado kilómetro vertical.

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Aldeas paleozoicas y pueblos de leyenda

Concluido el descenso se divisa A Seara, una de las llamadas Aldeas Paleozoicas. Sus acogedoras casas construidas con pizarra y esquisto se apretujan dispuestas a vencer el frío que anuncia la llegada del invierno en la sierra. A Seara es un paraíso apartado del ruido y las prisas, evidenciando que en O Courel la vida tiene otro cariz, marcado por la calma y por un silencio envolvente. Una naturaleza compartida por otros pueblos como Seoane do Courel, Campodola, Froxán, Vilamor o Seceda, tesoros escondidos que van apareciendo en la espesura del bosque. Entre tejados de pizarra, el humo se cuela por las chimeneas como un reclamo, invitando a hacer una pausa y a reponer fuerzas tomando una taza de caldo gallego o una ración de castañas asadas. La tarde transcurre escuchando leyendas y tradiciones al calor de una  monumental lareira de piedra, el lar de las antiguas casas gallegas.

 
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Una casacada como despedida

Desde la aldea de Seara se accede por un bonito camino poblado de castaños y alisios hasta la Fervenza de Vieiros, una de las cascadas más hermosas de este espacio protegido de la provincia de Lugo.

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