Ingeniería megalítica

El solsticio de invierno más legendario se vive en Irlanda

En el valle del Boyne, la leyenda de la cámara funeraria más famosa de Irlanda cobra vida cada 21 de diciembre.

Cuando el 21 de diciembre de 1967, el profesor M.J. O'Kelly y su esposa Claire vieron aparecer el rayo de luz dorada por el techo de la bóveda de la cámara y correr a lo largo del corredor de casi 19 metros, haciendo brillar las partículas de polvo del recinto, estaban contemplando por primera vez en más de 5.000 años el maravilloso espectáculo del solsticio de invierno en Newgrange.

 

Es asombroso cómo este prodigio de ingeniería y astrología de la Edad de Piedra sigue marcando con exactitud el amanecer invernal, siglo tras siglo. Tanto que son muchos los que sueñan con verlo, pero sólo unos pocos los que pueden imitar a los O’Kelly.

 

Por las condiciones de espacio de este pasaje funerario, y para su preservación, el espectáculo megalítico de luz sólo puede ser contemplado por aquellos afortunados que son seleccionados en un sorteo que se realiza cada año en el mes de septiembre. Para todos aquellos que quieran probar suerte y vivir un día emocionante a lo Indiana Jones, las inscripciones para el Solsticio de Invierno 2020 se abrirán el 1 de enero de 2020, en esta página web.

 
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Más antigua que las pirámides de Egipto

En realidad, Newgrange solo es uno de los pasajes funerarios del complejo conocido como Brú na Bóinne, en el condado de Meath (a 40 km de Dublín), formado por otros dos yacimientos más. Eso sí, es la tumba megalítica más famosa de Irlanda y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Los estudios arqueológicos señalan que este enorme túmulo se construyó entre el 3.300 y el 2.900 antes de Cristo; es decir, es 500 años más antiguo que las pirámides de Egipto y mil que Stonehenge. 

 
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Una arquitectura de la Edad de Piedra muy moderna

Se calcula que para construir esta estructura, se utilizaron 200.000 toneladas de piedra. Si lo del interior es asombroso, no lo es menos lo del exterior. Un imponente muro blanco da la bienvenida a los visitantes. Intercaladas de forma regular, como siguiendo un patrón entre ellas, multitud de piedras negras que dotan al conjunto de un ritmo moderno que rompe la monotonía. En la base, el túmulo está circundado por una serie de bloques megalíticos, algunos de ellos decorados con figuras geométricas, aunque no se sabe a ciencia cierta si son contemporáneas a la construcción de Newgrange o bien se colocaron allí posteriormente, durante la Edad de Bronce.

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Un paisaje de leyendas

El conjunto arqueológico se puede visitar en cualquier época del año. Un centro de interpretación revela el contexto histórico necesario antes de iniciar la visita al túmulo. Es emocionante introducirse en él: un pasaje estrecho, construido con enormes bloques de piedras, se adentra unos 19 metros hasta llevar a la cámara. Los huecos de esta sala de forma cruciforme aguantas cuencas de piedra donde se cree descansaban los restos incinerados de grandes reyes. ¿Sólo una gran tumba o también un observatorio solar? Sea como sea, Newgrange es una prueba más de que en Irlanda las leyendas y la historia se dan la mano.

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