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Noruega estrena un nuevo puente-mirador sobre una cascada

En lo alto de Vøringsfossen, a 182 metros, se alza la nueva atracción nórdica: una pasarela que parece sobrevolar el valle Måbødalen.

Noruega es el ejemplo perfecto de cómo construir identidad a partir del diseño y el entorno. La fusión entre vanguardia y naturaleza es un concepto muy arraigado en la cultura nórdica. Un ejemplo son los baños públicos de Helgelandskysten, probablemente los más bellos del mundo. Ahora, y tras más de una década de cálculos y organización, se presenta al público otra obra de la ingeniería que ensambla los dos acantilados del valle de Måbødalen.

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Un lugar privilegiado

Foto: iStock

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Un lugar privilegiado

El puente se alza sobre la cascada Vøringsfossen, considerada la más bella de Noruega, aunque dista bastante de ser la más alta, un record que ostenta Vettisfossen con casi 300 metros de caída libre. La espectacularidad del paisaje la ha posicionado como uno de los destinos turísticos más visitados del país nórdico. Allí, en el valle de Måbødalen el agua corre entre dos acantilados que ascienden hasta las alturas y terminan perdiéndose por el horizonte. La construcción de una presa hidroeléctrica redujo la fuerza de la cascada, pero aun así, sigue chocando con tanta fuerza que cubre el valle de una fina niebla de vapor, haciendo aún más atractiva la escena.  

Del boceto a la realidad

Foto: Carl-Viggo Hølmebakk

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Del boceto a la realidad

Ha transcurrido cerca de una década desde el momento en que el proyecto comenzó a idearse hasta el 21 de agosto de 2020, fecha en que quedó oficialmente inaugurado el puente. Carl-Viggo Hølmebakk es arquitecto y el principal culpable de esta locura creativa. “El objetivo de este proyecto es construir un espacio unificado, que no se diferencie entre lo natural y lo artificial” dice Hølmebakk en su página web.

Una construcción de altura

Foto: Turismo de Noruega

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Una construcción de altura

Debido a lo escarpado del terreno, se emplearon equipos digitales de última generación para conseguir un mapa perfecto del lugar. La principal dificultad que Hølmebakk y su equipo encontraron era la manera de llevar y ensamblar las piezas hasta el hueco entre las dos paredes de roca. Colocar un andamio es tarea casi imposible, o al menos, demasiado caro. Para ello, un grupo de alpinistas profesionales se amarraron al acantilado e hicieron por unos días de obreros. También se utilizaron helicopteros para unir cada una de las siete partes de las que consta el puente.

Una libélula sobre el valle

Foto: Turismo de Noruega

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Una libélula sobre el valle

Gracias a la difícil morfología, los ingenieros han tenido que hacer honor a su profesión y exprimir al máximo su creatividad para hacer frente a los desafíos que se les han ido presentando. El mayor, sin duda, ensamblar ambas partes del acantilado. Las cumbres de estas formaciones no están alineadas, de hecho, entre una y otra existe un desnivel de 15 metros. Por ese motivo, Hølmebakk decidió construir un puente-escalera. El resultado es una estructura en forma de ‘X’ que cuenta con 99 escalones. A vista de pájaro, el puente recuerda a una libélula batiendo sus alas, como si él también quisiera observar el espectáculo natural que acontece bajo sus pies.

Una libélula sobre el valle

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