200 años persiguiéndose a sí mismo

La Nueva Inglaterra de Herman Melville

Esta región de EE.UU. celebra el bicentenario del nacimiento del autor de la célebre 'Moby Dick'.

Herman Melville antes de escribir se lanzó al mar. En aquel imperio líquido más grande que el de Alejandro Magno pasó tres años enrolado como tripulante en diferentes barcos. Atracó en las islas Marquesas, Tahití y Hawái y aprovechó para convivir con los nativos. Ese nomadismo salado se tradujo en libros: Typee, Omoo, Mardi, Redburn y White-Jacket. A Herman Melville todavía le quedaba por contar cómo funcionaba la industria ballenera. Negocio al que se dedicaron las gentes de New Bedford y de la isla de Nantucket. De los cachalotes cazados se extraían de sus cráneos espermaceti, un aceite ceroso con el que se fabricaban las velas que iluminaron el mundo de aquella época.  En aquel rincón del país de las barras y las estrellas el célebre autor póstumo encontró alguno de los escenarios que le inspiraron para escribir Moby Dick. Una de las novelas más sobresalientes de la literatura norteamericana y que también funciona como un cuaderno de viaje.

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iStock-666347074. Berkshire y el Monte Greylock

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Berkshire y el Monte Greylock

En Berkshire la familia Melville se instaló de 1850 a 1863 en la casa de campo de Arrowhead. Allí, tierra adentro, Herman Melville se imaginó a su célebre ballena mientras contemplaba la montaña de nevada de Greylock que veía desde la ventana de su escritorio situado en la segunda planta. Vistas que alimentaron al autor para escribir Moby Dick y un puñado de otras novelas, cuentos y poemarios: Pierre, The Confidence Man, Israel Potter, The Piazza Tales y Las Encantadas (Círculo de Tiza ha publicado una edición especial de este título escrito por Herman Melville y otro por Charles Darwin en una colección que lleva por título Cruce de caminos). No muy lejos de la casa de Arrowhead vivió otro de los grandes novelistas de aquel entonces, Nathaniel Hawthorne, a quien Melville le dedicó Moby Dick. Novela que no se entendió en su momento.

iStock-604031828. New Bedford

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New Bedford

“New Bedford es un lugar extraño. De no haber sido por nosotros, los balleneros, puede que, a estas horas, esta faja de tierra se hallara aún en el primitivo estado en que se encuentran las costas de Labrador”, se lee en el capítulo 6, titulado La calle. Hoy New Bedford no es la ciudad que fue. Las calles William y Water han cambiado la grasa y la sangre que las ensuciaba por restaurantes y negocios que lustran el lugar. En vez de deambular a la espera de zarpar arponeros, caníbales, patanes y jóvenes hijos de pudientes familias procedentes de Vermont y New Hampshire, sedientos de aventuras y gloria, pasean tranquilos los turistas que poco a poco se van haciendo eco de la historia de este lugar.

iStock-1167824826. La capilla de Bethel

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La capilla de Bethel

Uno de esos sitios a los que se acercan curiosos es a la capilla que hay en la esquina que forman las calles Johnny Cake Hill y Bethel. A ella acudían los marineros antes de emprender rumbo a la caza de ballenas. Una travesía que duraba dos, tres y hasta cuatro años y de la que no se sabía si se iba a regresar. De ahí que esta capilla, con púlpito en forma de proa de barco, haya cenotafios que no cubren ceniza alguna, incrustados en la pared, con frías inscripciones que hacen referencia al muerto y al accidente que sufrió:

 

Consagrada a la memoria del finado capitán

Ezequiel Hardy,

a quien mató un cachalote en la proa

de su lancha, en las costas del Japón,

3 de agosto de 1833.

Esta lápida la erigió su viuda en recuerdo suyo

 

La fortuna de aquellos no era la de los pocos que manejaban el negocio. En la parte alta de la ciudad, alejada de los muelles, hay palacetes, mansiones y casas patricias ajardinadas. Ismael, el narrador de Moby Dick, dice: “Todas estas magníficas casas y floridos jardines proceden del Atlántico, Pacífico e Índico. Todas sin excepción fueron arponeadas y remolcadas hasta aquí desde el fondo del mar”.

iStock-870890528. Nantucket: de centro ballenero a lugar de veraneo

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Nantucket: de centro ballenero a lugar de veraneo

Por la niebla que envuelve a esta isla en forma de codo de arena se la conoce como Grey Lady. Nantucket está iluminada por tres faros y en ella habitan unas 15.000 personas, número que en verano se multiplica por tres. Sus primeros pobladores fueron los miembros de la tribu Wampanoag, quienes la bautizaron como Nantocke, “La Tierra del Más Allá”. Después se instalaron en ella marineros y viudas y hoy lo hacen adinerados veraneantes ataviados con sombreros de paja que caminan descalzos por playas de conchas mientras degustan bocadillos de langosta. Algunos de ellos son: los Obama, Gates y Meryl Streep.

iStock-516414697. La Nantucket de Melville

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La Nantucket de Melville

Se dice que el primer turista que fue a Nantucket a disfrutar de sus bondades fue Herman Melville. Lo hizo en 1852, un año después de escribir Moby Dick, en un momento de transición en Nantucket, que pasó de centro ballenero a lugar de recreo para unos pocos privilegiados. La decadencia de la industria ballenera vino motivada porque se encontraron yacimientos petrolíferos en Pensilvania, la Fiebre del Oro californiana, las primas por asegurar un buque se dispararon, el queroseno era más barato que el espermaceti, estalla la Guerra Civil americana y el tiro de gracia: en 1879 Thomas Edison invento la bombilla eléctrica. Sin embargo, la huella de aquella industria ballenera activa desde 1712 hoy hace de reclamo turístico.

Museo. Ecos balleneros

Foto: Nantucket Historical Association

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Ecos balleneros

En Nantucket se conservan 800 edificios históricos, como las casas Hadwen y Thomas Macy, que pertenecieron a ricas familias dedicadas al negocio ballenero. Una antigua fábrica de velas es la sede del museo que honra a esta industria y a los hombres que trabajaron en ella. La pieza más valiosa del sitio es el esqueleto de una ballena de 14 metros de largo que apareció varada en una de las playas de Nantucket y la antigua lente del faro de Sankaty, el más oriental de la isla. El nexo de unión entre el mar y los astros fue Maria Mitchell, la primera mujer astrónoma profesional estadounidense, quien tenía un pequeño observatorio que hoy se puede visitar. Aunque el lugar que más visitantes congrega es su centro urbano, coqueto, presumido y empedrado. Está trufado de galerías de arte y tiendas encantadoras en las que venden comida, ropa, accesorios y recuerdos hechos con finura y gusto.

iStock-908031820. Varado en Nueva York

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Varado en Nueva York

Herman Melville no pudo dedicarse solo a la escritura y tuvo que regresar con la familia a la ciudad de Nueva York, a trabajar como inspector de aduanas en la Casa de Aduanas, emulando al protagonista de su novela Bartleby, el escribiente. Una historia de Wall Street. Aquel oficio que le entristeció tanto le ocupó veinte años, hasta su muerte. Triste final para alguien que arrancó su vida surcando los mares a bordo de barcos balleneros y acabó enterrado (o varado) en el neoyorquino cementerio de Woodlawn.

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