El oasis artístico de Uzbekistán

La arquitectura y el arte islámico afloraron con todo su esplendor de la mano de Tamerlán en la ciudad de Samarcanda allá por el siglo XIV

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Madrasa Tilya Kori

De las tres madrasas de la plaza del Registán en Samarcanda, esta es la más moderna (1660). La cúpula y el mihrab están decorados con relieves dorados sobre fondo azul, lo que da nombre a esta madrasa: Cubierta de Oro.

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Alminar Kalta

Dentro de la vieja ciudad amurallada de Jiva se alza el minarete que el kan Mohamed Ami quiso levantar a mediados del siglo XIX. Debía medir 70 metros y ser el más elevado del mundo musulmán. La muerte del soberano detuvo la obra en 29 metros.

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Sitorai Mokhi-Khosa

La residencia estival del último emir de Bujara se construyó hace un siglo sobre los restos de otras dos anteriores. El Palacio de la Luna y las Es-tre-llas es hoy un museo y los pavos reales campan por algunas de sus estancias.

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Madrasa Chor Minor

Khalif Niyazkul, un mercader de Bujara, financió en 1807 esta madrasa con celdas para acoger a 59 estudiantes. El nombre de este insólito edificio significa "cuatro minaretes", aunque nunca cumplieron esa función.

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Azulejos

La cerámica vitrificada que dio esplendor a la arquitectura de Asia Central e Irán se desarrolló en Samarcanda en época de Tamerlán.

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El oasis artístico de Uzbekistán

En el siglo XIV Tamerlán convirtió Samarcanda en la capital de un imperio que se extendía de la India a Turquía y llevó a ella a los mejores artesanos de las tierras que había conquistado. Esa confluencia de artistas permitió que la arquitectura islámica alcanzase cotas de perfección nunca vistas. En el arte musulmán el edificio no parece sostener cargas y la forma no revela la función.

A base de enfatizar la inmaterialidad de muros, pilares y cúpulas, o de repetir de forma infinita las unidades individuales (columnas, puertas, arcos, patios, pasillos...), se crea una ilusión de espacio interior sin límites, acorde con la mentalidad de un pueblo en esencia nómada.

En Samarcanda se desarrolló la producción de cerámica vitrificada que revestía de azul celeste los edificios de ladrillo cocido. La madrasa como institución independiente de la mezquita fue otra innovación. Al combinar el pishtaq (portada elevada) y los iwans (pabellones cerrados por tres lados) el edificio parece abrirse al espacio circundante, lo que influiría en el Taj Mahal.

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