Un amor en cada puerto

Once puertos de Grecia entre el mito y la leyenda

Al contemplar la belleza de las costas griegas se comprende por qué allí se originaron tantas leyendas mitológicas. ¿Quién no querría nacer como un mito y vivir en el paraíso? Hoy la visita a sus puertos más encantadores invita a deleitarse con sus historias y plácidos paisajes.

El viaje por las costas griegas garantiza el disfrute de puertos acogedores, ruinas soleadas y playas de aguas claras que logran que el visitante se desconecte al instante del mundanal ruido. Entonces la imaginación empieza a volar a un pasado de relatos épicos y mitológicos. El reposo contemplativo que hoy se practica en muchos de los pequeños puertos de Grecia, nacidos de la belleza y la ubicación estratégica, se puede combinar con la visita a vestigios históricos y con actividades como rutas de senderismo, en bicicleta o en motocicleta que, a través de carreteras secundarias y caminos empedrados, culminan en calas secretas, trepan por extintos volcanes o se topan con acantilados y pueblos de pescadores a los que se asoman iglesias ortodoxas, mezquitas otomanas y palacios venecianos.

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iStock-652384724. Kokkari, Samos

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Kokkari

Kokkari era un antiguo puerto pesquero de la isla de Samos que poco a poco se está convirtiendo en un pueblo de atractivo turístico. Aún así conserva su atmósfera tradicional, con callejuelas repletas de flores y tabernas de cocina mediterránea. El puerto preside una pequeña península que ha ido cubriéndose de casitas que trepan hasta la cima de una colina, desde la que se contempla el pequeño embarcadero de Kokkari a un lado y una bella playa de guijarros al otro. Alrededor de Kokkari se puede explorar un paisaje de montañas verdes con ríos y alguna cascada, y vistas a un mar de aguas intensamente azules que caracterizan a Samos, isla del archipiélago de las Espóradas conocida por su vino dulce y porque en ella nació Pitágoras. Vathí, situada en el norte, es su capital y principal entrada.

iStock-1055006166. Symi

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Symi

A finales del siglo XIX, la pesca de esponjas convirtió el pequeño puerto de Symi en uno de los más prósperos del mar Egeo. Hoy es la capital de la isla homónima del archipiélago del Dodecaneso. Cuna de navegantes y de pescadores, este enclave hermoso y apacible se divide en dos partes: Ano Symi y Kato Poli. En el punto más alto de Ano Symi sobresale el Castillo de los Caballeros de San Juan, mientras que alrededor del puerto se alinean elegantes edificios de estilo neoclásico y tonos pastel que cautivan a los recién llegados. Subir los 500 peldaños que separan el puerto del viejo núcleo de Chorio es como realizar un viaje en el tiempo desde el siglo XX a la Edad Media. Alrededor de este enclave se pueden seguir excursiones con iglesias que salen al paso, como la de San Juan, con un altivo campanario de cinco pisos. El puerto de Symi debe saborearse con calma, mientras se pasea por sus muelles o se reposa tomando un café o un ouzu, el típico licor de hierbas local elaborado con uvas y anís.

iStock-521263663. Kioni (Ithaca)

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Ítaca

La resguardada isla de Ítaca reposa plácidamente en aguas del archipiélago de las Jónicas, entre Cefalonia y la Grecia continental. Se trata de un destino de reminiscencias literarias, famosa por ser la isla mítica a la que llegó Ulises, evocada por Homero en su poema épico de la Odisea: se ofrecen diversos itinerarios de temática «homérica». Cuando se llega en barco de línea a la capital itacense, Vazi (también pasan por otros puertos de la isla como Kioni o Frikes), el viajero se encuentra con una tranquila aldea de pescadores que parece detenida en el tiempo, sencilla y a primera vista modesta, a pesar de que si sus piedras hablasen nos narrarían históricas increíbles de su pasado miceno, griego, bizantino, otomano, veneciano, francés y hasta ruso. Cierto es que su emplazamiento estratégico ayudó a que por Ítaca pasasen todas esas civilizaciones, aunque finalmente lo único que permanece es una belleza natural e intacta. Vazi cuenta con un pequeño embarcadero y un paseo que bordea el mar. Alguna plazoleta y estrechos callejones se adentran hacia el pueblo desde el muelle. En la isla es habitual alquilar un ciclomotor para descubrir su escarpado y montañoso interior o cruzar la isla hasta toparse con acantilados verticales, playas aisladas y pequeños monasterios de origen bizantino como el de Agia Panagia, del siglo XII, en el también adormecido puerto de Anogi.

iStock-1365017969. Nafpaktos

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Nafpaktos

En la Grecia continental, Nafpaktos es una localidad asomada al estrecho que separa los golfos de Patras y de Corinto. Puede que su nombre no nos diga nada, hasta que descubrimos que en el pasado este enclave costero se llamaba Lepanto. Y es que en el brazo de mar que se extiende enfrente tuvo lugar la famosa batalla en la que los españoles vencieron a la flota turca. Hoy día, Náfpaktos es un destino de gran encanto que se extiende a partir de un puerto circular amurallado que incluye una bonita playa, una fortaleza bien conservada, un castillo veneciano, además de cafés, restaurantes y animados mercados. La entrada está flanqueada por unas murallas almenadas que protegen las pocas embarcaciones que se refugian en su interior. En lo alto, los cañones de bronce permanecen impasibles ante el transcurso del tiempo. La ciudad va ascendiendo por una colina, en una maraña de caminos que alternan casas y jardines hasta llegar al inexpugnable castillo. En el puerto, a un lado tiene el antiguo faro, mientras que al otro se ven dos estatuas: la del héroe griego Anemogiannis y otra de Cervantes quien participó en la histórica Batalla de Lepanto.

iStock-1273705506. Skopelos

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Skopelos

El mundo del celuloide inspira en ocasiones a viajar en busca de localizaciones inolvidables que han sido vistas en las películas. Es lo que sucede con la isla ficticia de Kalokairi en la que transcurre Mamma Mia (2008 y 2018), aunque sus paisajes pertenecen en realidad a la isla de Skopelos, un oasis de verdor en el archipiélago de las Espóradas del mar Egeo. Su puerto principal, también Skopelos, es un enclave encantador. Las casitas nacidas a su alrededor bordean una bahía y asciende por la colina en hileras superpuestas, hasta alcanzar las ruinas de una fortaleza que coronan la cima. Sobresale una docena de iglesias intercaladas entre sus casas blancas, éstas con contraventanas de colores y macetas con flores. El principal objetivo en este lugar en descansar en una playa o relajarse en la terraza de algún restaurante del embarcadero, mientras simplemente se contempla el mar. La isla, de atractiva naturaleza, invita a realizar caminatas como las que bordeando acantilados o penetrando en bosques mediterráneos conduce al pequeño Monasterio de San Nicolás, asomado al mar, el cabo Amarantos, con sus cristalinas aguas, a la playa de Glysteri, limitada por pinares, o la que en barca se acerca al islote de Skiathos, un remanso de playas vírgenes y un pequeño restaurante.

iStock-1167391370. Molyvos, Lesbos

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Molyvos

En aguas del Egeo, este coqueto puerto costero de la isla de Lesbos se emplaza entre paisajes variados donde conviven olivares con pinares y playas idílicas. Molyvos es uno de los pueblos marineros más hermosos de la isla. Fundado en época de dominio otomano, conserva en buen estado su trazado original de estrechos callejones adoquinados flanqueados por casitas de piedra con balcones de madera. Por todo el núcleo se abren miradores escondidos que miran a su playa de guijarros y el paseo de su puerto, donde se suceden pequeños hoteles y restaurantes con encanto. El pueblo está dominado por un castillo de época bizantina (siglo XIV), al que se llega caminando por una cuesta que al final regala una vista conjunta del conjunto, con la villa, los muelles, el mar la costa turca en el horizonte. 

iStock-1197950653. Chania

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Chania

Creta, la isla que fue cuna de la refinada civilización minoica, fascina con sus playas salvajes, un interior montañoso y en la costa playas de guijarros y coquetos enclave de aire marinero como Chania, que fue la capital isleña entre 1898 y 1971. Su tranquilo y elegante puerto arropa un encantador centro cargado de vestigios de época veneciana y otomana. En sus calles adoquinadas es fácil imaginar a la nobleza veneciana paseando por el barrio de Kastelli o a los judíos acudiendo a la antigua sinagoga Etz Hayim. Por las tardes, cuando el calor afloja, se puede seguir el paseo junto a la muralla bizantina, o visitar restos minoicos de una villa, participar de una cata de vinos en un antiguo monasterio o degustar pescado fresco en alguno de los restaurantes alineados en el puerto. Una excursión muy popular desde Chania es la que conduce a las gargantas de Samaria, de 16 km de longitud, paredes de 500 m de alto y un ancho de hasta 3 m.

shutterstock 758510122 (1). Limeni

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Limeni

El costero Limeni se localiza en la costa oeste de la península continental de Mani, en Laconia, en pleno Peloponeso. Esta ubicación paradisíaca es en realidad un pequeñito pueblo de sosiego desbordante, formado por una hilera de sencillas casitas de pescadores construidas frente a un mar azul intenso y aguas cristalinas. En Limeni prevalece la tranquilidad. En un recodo del pueblo, las ruinas de una iglesia vigilan el embarcadero de los barquitos que puntean la costa. Limeni se asienta y a la vez está protegida por un terreno rocoso y poco accesible. Quizá gracias a ello conserva su autenticidad. Cerca de Limeni queda Areópolis, otro encantador puerto marinero que, con oferta hotelera y de restauración, es una buena base desde la que recorrer el resto de la península de Mani.

iStock-599998370. Amoudi, Santorini

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Amoudi

Santorini es una de las perlas del mar Egeo y una de las islas más populares del archipiélago de las Cícladas. Desde la lejanía, al aproximarse desde el mar a su puerto de Amoudi se contempla una vista de contrastes, con cúpulas azules de iglesias como la de Oía (Pano Meria) que contrastan con el laberinto de sus casas encaladas que se asoman vertiginosamente a unos acantilados de roca volcánica. Perderse por la zona alta de Santorino es un sube y baja continuo, descubriendo  rincones insospechados con miradores, talleres de artesanos, tiendas de recuerdos, hoteles con pequeñas piscinas asomadas al vacío o románticos restaurantes desde los que contemplar inolvidables atardeceres. Todo eso apiñado en las alturas de Santorini, porque cuando se atraca a ras de agua, el viajero se encuentra con un puerto de pescadores con barcas varadas a un lado y al otro media docena de restaurantes donde sentarse a la sombra de una psarotaverna (chiringuito) para disfrutando de unas sardinas asadas en hojas de parra acompañadas de los vinos elaborados en la isla.

shutterstock 2151336369. Rodas

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Rodas

El corazón medieval de la mayor isla del Dodecaneso luce entre sus murallas una amalgama de edificios de estilos dispares a los que debe su encanto. Los góticos y renacentistas –los más abundantes– fueron erigidos por la Orden de los Caballeros de San Juan quienes, tras echar a los genoveses de Rodas, se instalaron en la isla en 1309. Durante los dos siglos siguientes estos nobles la convirtieron en la preciosa ciudad que es hoy. Como entonces, Rodas ciudad sigue dividida en dos zonas: la norte, con iglesias, hospitales y palacios blasonados, y la sur, callejuelas empedradas como la de los Caballeros, mercados como la Lonja de los Mercaderes y plazas llenas de vida como la de Ippokrátous (Hipócrates), una céntrica encrucijada con una fuente y toda la atmósfera medieval. Desde el puerto de Rodas, el acceso a la ciudad amurallada puede realizarse a través de once puertas, aunque la más imponente es sin duda la de La Marina, cuyas dos torres gemela conectan directamente los muelles de Mandrakis con el corazón de Rodas. De la época de Solimán el Magnífico, Rodas sumó numerosos hammans como los históricos Baños de Mustafá, de 1765, la mezquitas  de Solimán erigida en 1552 para conmemorar la victoria turca sobre los caballeros de San Juan, y varios minaretes que sobresalen en el perfil de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. Aunque el icono más altivo de este enclave debió ser sin duda el Coloso de Rodas (siglo III a.C.), una gigantesca escultura y una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, que aseguran que protegía la entrada a su puerto griego.

iStock-1030443014. Assos, Cefalonia

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Assos

Cefalonia es la mayor isla del archipiélago de las Jónicas y, a la vez, un enclave acogedor. Si en el interior la isla alberga montañas agrestes, extensos olivares y acantilados, en su costas se suceden playas de arena dorada y encantadores puertos marineros como los de Fiskardo, Argostoli y Assos, este último uno de los más animados de la isla. Se tratan realidad de una pequeña joya marinera de casitas encaladas y de tonos pastel. La empinada montaña que desciende hasta el pueblo esta poblada de cipreses de origen italiano. Assos se extiende sobre el ismo de una península rematada por una fortaleza época de dominio veneciano. La excursión a la fortaleza es realmente preciosa y al culminar su emplazamiento se disfruta de una vista inolvidable sobre el puerto y su bahía. A escasos 8 km de Assos se localiza la playa de Myrtos, considerada una de las más bellas de Grecia, que solo se alcanza a pie o por mar en barca o kayac.

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