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Oporto a través de sus edificios más emblemáticos

Más allá de los tópicos, la ciudad del Douro es el escenario de una arquitectura poderosa.

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Torre dos clérigos

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Iglesia y Torre de los Clérigos

Uno de esos casos en arquitectura en el que una parte eclipsa al conjunto. Y es que, aunque la fachada de la iglesia de los Clérigos tiene suficiente argumentos como para estar en los libros de historia del arte, la auténtica joya es una torre esbelta que se levanta 76 metros de altura, toda una fantasía barroca que es visible en gran parte de la ciudad y que se ha convertido por derecho propio en símbolo de Oporto. Estaba proyectada la construcción de dos torres gemelas, pero al final quedó solo en una. El conjunto de iglesia y torre fue construido por la hermandad de los Clérigos en el Siglo XVII en un lugar conocido entonces como “el cerro de los ahorcados”, pues allí se enterraba a los ajusticiados. Subir la torre supone encarar 200 escalones. El esfuerzo vale la pena, arriba aguarda una de las vistas más privilegiadas de la ciudad.

 
iStock-1323848911. Librería Lello

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Librería Lello

Ni las escaleras ni los anaqueles... Nada de la librería Lello inspiró realmente a J.K. Rowling para su saga de Harry Potter. Lo confesó ella misma en 2020, con lo que acabó con el mito de que en Oporto había un trozo de Hogwarts. No debería cundir el desánimo, el edificio en el que se ubica la librería Lello tiene suficientes argumentos como para mantenerlo como destino en una visita a la ciudad. Fue el arquitecto Francisco Xavier Esteves quien le dio al edificio el personalísimo aspecto que luce hoy en día. Su interior neogótico con baldaquinos, techos labrados y una escalera de fantasía la convierte en una de las librerías más bellas del mundo. Su exterior modernista no queda atrás en interés. En la fachada dos figuras pintadas por José Bielman, representando el "Arte" y la "Ciencia", dan la bienvenida. Sin duda, es una combinación arquitectónica ganadora.

 
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Piscina das Marés

El interés arquitectónico de Oporto se extiende a la vecina Matosinhos. ¿Pero pueden ser unas piscinas icono de la arquitectura contemporánea? Si quien las diseñó es Álvaro Siza Vieira, por supuesto que sí. Cuando fueron inauguradas allá por 1966, el arquitecto era un joven de 28 años al que pocos conocían. Tal como ha explicado numerosas veces ahora que la fama le precede y que las Piscinas das Marés, en el barrio costero de Leça da Palmeira, están en todos los libros de arquitectura contemporánea, el objetivo que perseguía con aquel proyecto era lograr construir algo "que hubiera podido estar ahí antes". Es decir, lograr la integración armónica de lo construido en el paisaje, que para eso estaba ahí antes. El resultado habla por sí solo: las piscinas se funden con las rocas y las olas del Atlántico.

 
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Casa da Música

Decir que la Casa da Música es una sala de conciertos es quedarse muy cortos. El edificio trascendió la órbita de lo meramente funcional gracias al poderoso diseño del arquitecto Rem Koolhaas. Su construcción se encuadra en el proyecto Oporto 2001 como Capital Europea junto a Róterdam. Ambas ciudades quedaron hermanadas bajo diseños de dos arquitectos “Pritzker”: por parte de Portugal, Alvaro Siza y por parte de Países Bajos, Rem Koolhaas. Comenzó su construcción en 1999 pero no se terminó hasta seis años después de los previsto. Tardó, pero rápidamente se convirtió en un icono de la arquitectura contemporánea de Oporto. La verdad es que esta especie de OVNI constructivo, poliédrico, abierto y cerrado, masivo e industrial, cumple con el mandato de provocar el extrañamiento en quien transite la anónima plaza Mouzinho de Albuquerque. La solución encontrada por el neerlandés rompió con la expectativa de “caja de zapatos” que imperaba entonces en la construcción de la mayoría de los auditorios tradicionales.

 
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Fundación Serralves

Pongamos que el viajero cierra los ojos y es invitado a abrirlos frente a la Casa de Serralves sin saber a qué lugar viajó. Si tal experimento se pudiera realizar y se preguntara al viajero dónde cree encontrarse, con probabilidad diría que está en Miami. La estética no falla, el color rosa y la estética art decó de la fachada, el cielo azul, todo apunta a la ciudad del sureste de Florida. Sin embargo, esto es Oporto. Eso sí, la Casa, que fue proyectada y construida entre 1925 y 1944, está considerada como el ejemplo más notable de edificio art déco en Portugal. Maravillosa por fuera y por dentro gracias a la mano de algunos de los diseñadores de muebles europeos más importantes.  El recinto ajardinado que ocupa la Casa acogió en 1999 la creación del Museo Serralves, diseñado por Álvaro Siza. Todo el patrimonio recibió el estatus de Monumento Nacional en 2012.

 
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Catedral de Oporto

No es lo habitual, pero en Oporto la Catedral es el “patito feo” arquitectónico. No lo es porque carezca de relevancia histórica. Más bien es que, en comparación con la multitud de bellos edificios religiosos que se encuentran en la ciudad, a su fisonomía de fortaleza almenada le falta cierto punch estético. Al igual que el primer cinturón de murallas de la ciudad, la catedral nació en el siglo XII por iniciativa de su primer obispo, D. Hugo. Luego fue sumando añadidos conforme avanzaba el tiempo: en el siglo XIV, el claustro de estilo gótico y, entre el XVII y XVIII, su exterior fue acomodándose progresivamente al gusto barroco. Así, la fachada norte o o su claustro gótico lleno de azulejos y luz son más espectaculares que la portada principal con su rosetón medieval. Construida en la parte más alta de la ciudad, en el barrio de Batalha, tiene vistas del barrio de la Ribera y lleva siglos viendo fluir al Duero.

 
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Estación de Porto-São Bento

El primer tren llegó el día 7 de noviembre de 1896 y la estación aún no estaba. No fue hasta algunos años más tarde (1916) que se inauguró oficalmente. Aunque el tren no sea la forma en que se suele llegar a esta ciudad, el viajero hará bien en pasarse por ella y mezclarse entre los muchos pasajeros diarios. Y es que el edificio diseñado con aires franceses por el arquitecto José Marques da Silva destaca sobre todo por su hall, revestido su friso con más de 20.000 azulejos de añiles y blancos pintados por Jorge Colaço, brinda una lección concentrada de la historia de Portugal, como la batalla de Valdevez, la conquista de Ceuta en 1415,  la entrada de D. João I y D. Filipa de Lencastre en Porto, y otras escenas de vida típica.

 
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Puente Don Luis I

La Torre Eiffel de Oporto, le dicen. Basta verlo desde Cais da Ribeira para dar fe de que la comparación no es exagerada. Sin embargo, se trata de una trampa contemporánea. En el momento en el que se decidió construir este puente para cumplir con las expectativas de un Oporto industrial y floreciente, la Torre Eiffel, construida entre 1887 y 1889, aún no se levantaba de ras de suelo. Así pues, en realidad la selección en concurso del puente colgante con doble plataforma ideado por el ingeniero Théophile Seyrig fue una decisión tan arriesgada como innovadora, puesto que no había ninguna referencia que ayudara a proyectar el resultado final. La opción descartada fue un proyecto de la firma Gustave Eiffel: el discípulo de Eiffel superaba así al maestro. El puente de Luis I es el otro símbolo por excelencia de Oporto junto con la Torre de los Clérigos.

 
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Bodega Sandeman

La vista nocturna de Vila Nova de Gaia desde el Cais da Ribera se asemeja a la de un Broadway del vino. Por encima de los tejados, los rótulos de las diferentes bodegas se acumulan confeccionando un collage lumínico, cada uno intentando llamar la atención por encima de sus pares. Entre ellos, destaca uno con la silueta de un personaje con sombrero de ala ancha y capa portuguesa que sostiene una copa, es el símbolo universal de la Bodega Sandeman. Vale la bodega para sintetizar las principales características de la arquitectura bodeguera que se repiten en Rainha Santa, Ramon Pinto, Calem y otras muchas de las que ocupan espacio en este barrio convertido en el epicentro de la cultura vitivinícola nacida en torno al Duero

 

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Tavora, Siza, Souto-Moura son nombres importantes en la evolución de la arquitectura portuguesa más reciente. Los tres son exponentes de la Escuela de Oporto, pero hay muchos más. Entre ellos, Alexandre Alves Costa, quien dijo aquello de que “la arquitectura no se inventa, sino que avanza sobre la realidad a pequeños pasos”. Así es como la arquitectura en Oporto ha avanzado: a pequeños pasos, manteniendo un dialecto entre la tradición y la contemporaneidad, convirtiendo a una ciudad periférica en centro de esplendor arquitectónico.

Entre melancólica y colorida, medio portuaria y terrestre, tan llena de azulejos, tejados rojos, escaleras, ropa tendida, tranvías renqueantes y gatos que practican el funambulismo en los callejones. Sí, y además de todo ello, Oporto como escaparate de una arquitectura viva y variada que va del románico al contemporáneo, pasando por el barroco y el art noveau.

Una ruta sencilla permite abordar algunos de sus edificios más interesantes sin necesidad de hincharse a caminar demasiado. Aquel argonauta griego al que el mito da como nombre Cale y que fundó el primer asentamiento allá por el siglo III a.C. caería maravillado de cómo aquel pedazo de tierra junto al Duero ha ido avanzando con el correr de los siglos.