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Orbaneja del Castillo, viaje al pueblo-cascada

Así es el pueblo medieval de Burgos donde nunca falta el agua ni el espectáculo natural.

Dicen en el valle de Sedano que los de Orbaneja del Castillo suelen gritar mucho. En todo caso, no deja de ser una manía comprensible una vez que se visita el pueblo. Allí la sonoridad del agua llena todo el ambiente y obliga en algunos rincones, sobre todo en época de deshielo o primaveras profusas en lluvia, a levantar la voz por encima del rumor del agua que lo recorre en gran parte. Ese rumor de agua, o mejor, la cascada que lo origina, ha convertido a Orbaneja del Castillo en una de las villas más conocidas de la provincia de Burgos. Al abrigo de las altas paredes rocosas del cañón que ha ido modelando con paciencia inquebrantable el Ebro durante siglos, el pueblo se despereza escalonadamente hacia arriba en empinadas callejuelas que los pocos vecinos han sabido conservar con el encanto de antaño. 

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iStock-1144731115. Casacada de Orbaneja del Río

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Érase una vez una cascada pegada a un pueblo...

No hay duda de que la cascada es la imagen más icónica de Orbaneja del Castillo. De hecho, si existe algo parecido a un turismo de cascadas, tiene en este municipio de la comarca burgalesa de Páramos uno de sus destinos más destacados. La cascada brota de la Cueva del Agua a más de 20 metros de altura, en la base del circo rocoso que abraza al pueblo, proveniente de un acuífero localizado en el subsuelo del Páramo de Bricia, y salta por todas partes, divide el pueblo en dos mitades, la Villa y la Puebla, y desciende entre las casas de piedra, generando una escena de lo más fotogénica.

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Espectáculo de color turquesa

Siguiendo su fluir, la cascada produce una serie de terrazas escalonadas en forma de pozas de un color azul turquesa extraordinario, entre musgos y líquenes que parecen eternos. Estas pozas se producen porque aunque la roca del lugar pueda parecer consistentes, la saturación de carbonatos del agua que procede de los acuíferos kársticos hace que se vaya deshaciendo, se vuelva blanda y adquiera mil formas diferentes.

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Belleza rural

Son precisamente estas tobas calcáreas con las que se fueron construyendo las casas del pueblo. En la base del paredón cóncavo que sirve de alero natural a Orbaneja del Castillo, se cortaban las enormes lanchas con un tronzador especial para sacar de ellas los bloques de piedra toba que usaban los constructores. De ahí ese color peculiar que lucen las casas del pueblo, de marcado aire montañés, que se apiñan formando un hermoso casco urbano de calles empedradas y balcones de madera. Este casco urbano fue declarado Conjunto Histórico Artístico en 1993 y guarda las huellas de mozárabes cristianos y judíos que convivieron durante siglos, acunados por el fluir del agua que alimentaba una serie de molinos que hoy practicamente desaparecieron. Uno de los edificios más singulares que se pueden contemplar es la Casa Fuerte, visible en lo alto de una roca o la Casa de los Pobres, un antiguo hospital del siglo XVI.

 
iStock-1092276056. Muralla natural de Orbaneja

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¿Pero y el castillo?

Más de uno ha cometido el desliz de preguntar en la oficina de turismo por dónde cae el famoso castillo que da nombre al pueblo, pero de castillo, del que según algunas crónicas, hubo presencia por lo menos desde mediados del siglo XIV, hoy no queda nada. Lo único que recuerda a una construcción defensiva son los cantiles que coronan el caserío con unos torreones alucinados. La erosión ha esculpido formas caprichosas en ellos, de modo que hoy cualquier puede ver en ellos a dos camellos dándose un beso.

iStock-1060657400. Mirador del Ebro

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El paisajazo que no puede faltar

¿A dónde va a parar toda esa agua de la cascada de Orbaneja del Castillo? Basta seguir su curso para ver que llega a alimentar al río Ebro, ese tenaz tallador de cañones con tal de poder desembocar en el Mediterráneo. Es el río el principal responsable de la singularidad del paisaje del valle donde se encuentra la villa. Para contemplarlo en un buen encuadre sin excesivo esfuerzo físico conviene ir al mirador del Cañón del Ebro, a unos dos kilómetros de Pesquera de Ebro por la BU-V-5143. Con un poco de suerte se podrá ver a algunos buitres leonados planeando sin esfuerzo sobre las hoces míticas del Ebro. 

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Paraíso senderista

Los alrededores del Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón donde se encuentra Orbaneja del Castillo son un auténtico paraíso para los amantes del senderismo y del turismo de aventura. Las decenas de caminos que conectan los diversos parajes del parque abren un amplio abanico de opciones para todos los gustos. Una de las rutas más populares es la del Desfiladero del Río Rudrón, una senda lineal que dibuja el serpenteante curso del río a lo largo de 9 km. Para quienes busquen algo más de distancia para quemar las botas, el PR-C.BU-1 es un recorrido de unos 15 kilómetros que suma un buen número de incondicionales senderistas porque permite una inmersión total en la belleza paisajística del entorno, con sus bosques mixtos de madroños, encinas, acebos y tejos. La sexta etapa del GR-99, entre Pesquera de Ebro y Manzanedo, brinda otra opción apetecible. Quienes busquen una colección de panorámicas sobre las hoces del río tienen la ruta circular del Cañón del Ebro, entre Valdelateja y Orbaneja del Castillo, a través de 17 km que permiten una inmersión total sobre la diversidad biológica y botánica del parque.

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La villa que hizo feliz a Delibes y otros pueblos burgaleses que ver

 “Uno nació -o le nacieron- en Valladolid, ciudad de que se siente orgulloso, pero esto no obsta para que a uno, desde pequeñito, le gustase tener su pueblo. Así que Sedano es mi pueblo y no por casualidad de haber nacido en él, sino por decisión deliberada de haberlo adoptado entre mil”: Cada cual es libre de escoger pueblo de adopción. Eso es lo que venía a decir Miguel Delibes en el anterior fragmento. El escritor llegó a Sedano por amor, tras la que después sería su esposa y musa, Ángeles. A cambio de la impronta literaria que dejó de los entornos, se le puso su nombre al  centro de interpretación del Valle de Sedano, imprescindible punto de visita para entender el paisaje natural y cultural que forman la veintena de pueblos del valle. Pequeños municipios como el Sedano de Delibes donde encontrar tesoros locales, un sorprendente patrimonio monumental y cultural y algunos buenos vinos. Pueblos tan pintorescos como Valdelateja y su ermita prerrománica; Escalada o Pesquera de Ebro con sus casas solariegas o el aislado y rural Cortiguera, espacio literario en El disputado voto del señor Cayo (1978).

 

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