De agua y hierro

Los Oscos: ruta por el rincón más genuino de Asturias

Este concejo del oeste preserva enclaves de gran valor natural y vestigios de una ancestral cultura del hierro.

Haciendo equilibrios con la frontera de Galicia y cobijados entre bosques de castaños, los pueblos de Los Oscos siguen abrazando la Asturias más tímida, un santuario de profundas tradiciones y naturaleza intacta. Así ha sido desde siempre pues en este apartado rincón del mapa los primeros asturianos ya construyeron sus aldeas fortificadas y sacaron partido de lo que tenían más a mano: el agua y el hierro.

1 /4
Los Oscos

Foto: Shutterstock / Varias líneas de fosos y murallas protegían el castro de Coaña, cuyo origen se remonta al siglo V a.C.

1 / 4

Un viaje a la Edad de Bronce

Conviene arrancar el recorrido en Grandas de Salime donde, durante la Edad del Bronce, se levantó el emblemático Chao Samartín, uno de esos castros tan propios de las culturas ancestrales del norte peninsular. El pasado ferreru de la zona se evidencia en los hallazgos arqueológicos en forma de metalurgia de hierro, cobre, oro y plata, que se encontraron en la zona y hoy se exhiben en el vecino Museo Castro de Chao Samartín.

Pero no es el único. En el occidente de Asturias, los vestigios prerromanos se cuentan por decenas: dólmenes, necrópolis tumulares y poblados fortificados como el de Coaña, ubicado en la desembocadura del río Navia. No muy lejos también están el castro de San Isidro y el de Pendia, que hoy se amparan bajo el paraguas del Parque Histórico del Navia.

Taramundi

Foto: iStock

2 / 4

Indispensable Taramundi

Si Grandas de Salime conserva su Chao Samartín, su túmulo y las galerías de Penafurada que sirvieron para abastecer de agua a las minas de oro en época romana, también Taramundi tiene un pasado y un presente vinculados al metal y a los ferrerus. Por esta localidad corren el Turía y el arroyo de Las Mestas que, teniendo en cuenta su escaso cauce, quizá sea la corriente fluvial mejor aprovechada de todo el Principado. En el siglo XVIII, junto a su orilla se instalaron Os Teixóis, una nutrida comunidad de herreros que se las ingeniaron para usar la fuerza del agua a su favor. Crearon un sistema de canalización y depósitos a varias alturas, con sus correspondientes compuertas, que conseguían mover un poderoso mazo –que por cierto aún funciona– destinado a estirar el hierro.

Las sartenes, los cazos y útiles de labranza manufacturados por estos artesanos de la forja llegaron a venderse en todo el norte cántabro. Aún hoy, en Taramundi se siguen produciendo las navajas más famosas de Asturias. Durante la primera mitad del siglo XIX, sus cuchilleros, que reciclaban los materiales sobrantes de viejas limas y ballestas de los trenes, también se especializaron en la fabricación de clavos destinados a la pujante industria carpintera de la vecina Vegadeo.

A Seimeira

Foto: Shutterstock / Salto de A Seimeira. La frondosa senda que lleva a esta cascada de 30 m de alto parte del pueblo de Pumares y pasa por la aldea abandonada de A Anadeira.

3 / 4

La Ruta del Agua

El agua ayudó a forjar el hierro en Los Oscos durante siglos, pero sus fuentes, saltos de agua y riachuelos que discurren a la sombra de los robles también son hoy el bien turístico más preciado del occidente astur. En la misma Taramundi, la cascada A Salgueira es el colofón fotogénico de la popular Ruta del Agua que desfila a la fresca de los bosques, y que además pasa por los ingeniosos molinos de Mazonovo. Por su lado, Santa Eulalia de Oscos, donde aún quedan mazos y herreros en activo, cuenta con una espectacular caminata a través de una vegetación de ribera que culmina en la muy pintoresca A Seimeira, cuyo nombre en fala, el dialecto local, significa «la cascada».

También Villanueva, que junto a Santa Eulalia y San Martín forman el corazón de Los Oscos, reivindica su cascada de Morlongo. El salto de agua es parada obligada para la foto de los excursionistas que recorren los paisajes de esta Reserva de la Biosfera del Río Eo, Oscos y Tierras de Burón. Y el pueblo no solo presume de salto fluvial: también de un monasterio románico que fue el centro administrativo del occidente asturiano. Santa María de Villanueva, fundado en el siglo XII por Alfonso VII y su esposa Berenguela, nació para acoger a una comunidad de benedictinos primero y a otra del Císter después. Hoy, convertido en iglesia parroquial, conserva su vocación austera y su aspecto rústico.

Los Oscos

Foto: Getty Images

4 / 4

Entre pueblos marineros

Merece la pena descubrir el lugar donde Los Oscos se encuentran con el mar. Por eso la ruta continúa en los pueblos marineros de Castropol y Figueras, que comparten ambiente, marisqueo y belleza paisajística con Ribadeo, su hermana gallega al otro lado del estuario del Eo. A Castropol se va por sus restaurantes de pescado y por sus coloridas alfombras florales cuando llega el día de Corpus Christi (en 2022, el 16 de junio) Pero sobre todo por las aves. Porque su ría de gran importancia ornitológica atrae a muchos aficionados que peregrinan aquí para observar anátidas, ardeidas y espátulas que habitan o pasan temporadas en ella. La ría está declarada Zona de Especial Protección para las Aves ZEPA y forma parte de la red NATURA 2000 y del convenio Ramsar.

Otros peregrinos, los que se encaminan hacia Santiago de Compostela, visitan la vecina y menos conocida Figueras, que conserva su atmósfera marinera, su palacio de Trenor y la singular capilla-torre de San Román o La Atalaya, el último hito asturiano de la ruta jacobea antes de pasar a tierras gallegas.

A las aves, a los caminos de fe y a la generosa cocina de pescado –conviene degustar las ostras locales–, se añaden las playas, que se extienden hasta el horizonte sin atisbo de construcción humana que interrumpa la visión. La de Penarronda en Castropol es la más reconocida, pero para largos paseos primaverales y el solaz esparcimiento veraniego son extraordinarias sus vecinas playas de Mexota y Anguileiro.

Taramundi