Esencia paisajista

El País Vasco en once paisajes marineros

Un viaje desde Bilbao a San Sebastián siguiendo toda la costa del cantábrico.

 Junto a los diques del antiguo astillero que hoy son parte del Museo Marítimo, varios jóvenes abordan sus tablas de paddle surf y aprovechan para darse un chapuzón. Hace dos décadas estas imágenes eran imposibles. El Guggenheim acababa de ser inaugurado y Bilbao nadaba entre la incredulidad y la esperanza. Pero los bilbaínos demostraron que el amor por su ciudad, el Botxo, iba a ser capaz de reinventarla y de transformarla en un buen lugar para vivir o visitar. Es precisamente en Bilbao donde comienza esta ruta al encuentro de los paisajes más bellos de la costa del País Vasco.

 
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Nervion

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Bilbao mira hacia el mar

Los montes delinean los límites de la ciudad y enmarcan su ventana al cielo… y al mar. Un mar cercano que se abre tras el Puente Colgante, el primer transbordador en su género y el más antiguo en servicio. Une Portugalete y su torre de Salazar con la señorial Getxo, de bellas mansiones, puerto deportivo y las primeras playas antes de Sopela, Barrika, Gorliz o Plentzia.

 
Gaztelugatxe

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¿Gaztelugatxe o Rocadragón?

San Juan de Gaztelugatxe, transformada en Rocadragón de Juego de Tronos, es el símbolo de una Euskal Herria que aúna modernidad y tradición y que vive, desde sus montañas, en comunión con la mar.

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Gaztelugatxe

Antes de Rocadragón

San Juan de Gaztelugatxe sin secretos

iStock-1154135025. Urdaibai

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Reserva de la Biosfera de Urdaibai: un universo a descubrir

En la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, la biodiversidad juega con la historia y el arte. Las aves pululan entre marismas bajo el encinar cantábrico, ajenas a las formas de colores que acechan en el bosque totémico de Ibarrola, indiferentes incluso al viejo roble que, en Gernika, habla de libertad. Ser humano y entorno se funden entre olas cabalgadas, el mimo con que el baserritarra (aldeano) cuida el producto de la tierra y las proas enfiladas hacia donde el piélago provee de abundancia. Porque aquí la sal se diluye por igual en la placidez y el esfuerzo, en la lluvia y en la luz, ya sea caminando, contemplando, navegando o pintando, como aquel Sorolla que descubrió los paisajes vascos. Mientras, en el estuario, los arenales bailan con el islote de Txatxarramendi al ritmo acompasado e inmutable de las pleamares.

Lekeito

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La isla mágica de Lekeitio

En Lekeitio cuando la marea  baja permite caminar hasta la isla de San Nicolás desde la playa de Insuntza. Al pasear por sus calles se respira cierto aire aristocrático, fruto de aquellos días de veraneo de la realeza. La tardogótica basílica de la Asunción es un alarde de donaire sin altanería pero sabedora de su prestancia, y complementa a la perfección los toques galantes de los palacios Uriarte y Abaroa. Elantxobe, sin embargo, es todo él popular. Aferrado a su origen de redes y remos, parece que surge del mar para trepar la ladera del Ogoño en un equilibrio inaudito. Es una ola inversa petrificada en el tiempo y, sin duda, uno de los pueblos más bonitos de la costa.

 
Ondarroa

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Ondarroa: medieval y marinera

Costeando entre requiebros azarosos de acantilados, praderas que ruedan y árboles que besan las aguas, calas ásperas y playas huidizas, aparece Ondarroa. Su sinuoso trazado medieval salva el serpentear postrero del río Artibai. Su Puente Viejo sujeta ambas márgenes con su asimétrica hechura de pasos antiguos.

 
Mutriku

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Mutriku y su antiguo puerto ballenero

Mutriku es un precioso puerto pesquero donde nació el almirante Churruca, célebre por su expediciones cartográficas y su participación en la batalla de Trafalgar, donde murió en 1805. Sus empinadas callejas encierran un conjunto histórico de casonas como Gaztañeta y Olazarra, palacios como Zabiel y Galdona, y la neoclásica iglesia de la Asunción. 

 
Itzurun

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Itzurun o la definición perfecta del flysch

Zumaia abre la puerta del Geoparque de la Costa Vasca. Desde la playa de Itzurun y la ermita de San Telmo, su flysch dibuja un paraje de rasas infinitas y estratos verticales propios del zarpazo de un oso. 

 
Getaria

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Getaria de postal

Getaria, cuna de personajes tan dispares como Elkano y Balenciaga, tiene un recoleto casco urbano que hunde raíces en el medievo. Además de una arquitectura popular que delata su vocación marinera, cuenta con edificios sobresalientes como la gótica iglesia de San Salvador, las casas-torre de Ibañez de Laso, de Aldamar y de Zarauz, la casa barroca Larrunbide o las góticas de la calle San Roque. 

 
Zarauz

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Zarauz o en busca de la ola perfecta

Zarauz es playa y es surf, pero también una variada arquitectura de diversas épocas representadas, por ejemplo, en el palacio de Narros, la Torre Luzea, el conjunto arqueológico Santa María la Real o el palacete Zeleta Berri. 

 
Orio

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Orio: cuna de traineras

La costa vasca continúa hacia el oeste en un rosario de perlas engarzadas entre bahías, playas y acantilados. Orio se esconde en un brazo de mar, recogido sobre un recodo donde sobresale la preciosa iglesia barroca de San Nicolás de Bari. Su nombre es sinónimo de besugo a la parrilla y de traineras. 

 
bahía de La Concha

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La bahía de contorno perfecto

En Donostia, el mar, real y aprehensible, es la beldad encarnada en la bahía de La Concha. Es un mar que estalla en olas cuando, enfadado, forma montañas de agua y espuma sobre el Paseo Nuevo; o que, calmado, acaricia la piel arenosa de las playas de Ondarreta, La Concha y Zurriola. Desde esta última, la sencillez de líneas de los cubos del Kursaal de Moneo chocan con el clasicismo del hotel María Cristina y del Teatro Victoria Eugenia, nombres regios en una ciudad famosa por su festival de cine y de jazz. Bajo el monte Urgul se reúnen el Aquarium, el Museo Marítimo y el puerto deportivo. Al lado se abre la Parte Vieja, el centro histórico y meca de esa sublime gastronomía en miniatura que es el pintxo.

 

Zarauz

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