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Las joyas de la naturaleza de Eslovenia

Pese a su pequeño tamaño, este país balcánico es uno de los más diversos de Europa.

Hay lugares en los que La Tierra se empeña en ser exuberante. En los que la orografía condensa decenas de paisajes diferentes con el único fin de provocar un Stendhalazo en el que solo se suceden cosas bellas y postales increíbles. Y hasta aquí la parte literaria de este fenómeno. La parte más científica se cimenta en una orografía montañosa y variada y en una geología en la que las mesetas calcáreas y los fenónemos kársticos hacen su magia. La guinda del pastel es una biodiversidad avasalladora, con un 60% del territorio nacional cubierto por la naturaleza. Y entre tanto dato y tanta fascinación, brillan las siguientes maravillas. 

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iStock-1164318844. La cascada de Savica

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La cascada de Savica

Antes de convertirse en un riachuelo feliz que desemboca en el río Bohinj, el caudal del Savica se precipita por una pared creando uno de los parajes más característicos y deseados del parque nacional de Triglav. En total, 78 metros de caída cuando el caudal está tranquilo ya que épocas de lluvia, la cascada se multiplica llegando a sumar un total de 600 metros. Este fenómeno se explica por el hecho de que gran parte del agua que cae desde las cimas de los Alpes Julianos lo hace por el interior de la montaña, saliendo solo en su último tramo o cuando se desborda. Sea como fuere, Savica es siempre un espectáculo por sus aguas prístinas y por su virginidad. 

iStock-1171951495. Cuevas de Škocjan

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Cuevas de Škocjan

Eslovenia es todo un tesoro bajo tierra. No en vano, la región de Kars es la que le da nombre a los fenómenos producidos por la meteorización química de determinadas rocas, como la caliza, dolomía o el yeso. Pero, si hay que elegir un conjunto de cavidades entre todas las que asoman en este país, esas son las cuevas de Škocjan. ¿Por qué? Pues porque, en primer lugar, son Patrimonio de la Humanidad desde 1986 por ser un claro ejemplo de singularidad geológica y ser el epítome de lo kárstico. En segundo lugar, porque surgieron por el hundimiento de varios valles que provocó que el río Reka fluyera de forma subterránea hasta desembocar en el sumidero del conocido como Lago Muerto y, de ahí, al Adriático. Y en tercer lugar, por ofrecer una visita alucinante a través de tres kilómetros de galerías, bóvedas y pasadizos a cada uno más espectacular. 

miguel-henriques-euR0lHrB5jg-unsplash. Lago de Bled

Photo by Miguel Henriques (Unsplash)

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Lago de Bled

Sin duda, es la postal más conocida del país por su fotogenia y encanto. Lo que llama la atención de este paisaje no es la magnitud de su lago (apenas mide 2120 m de largo y 1380 m de ancho) ni la altura de los Alpes Julianos en estas coordenadas. Su verdadero icono es la isla de Bled, la única de todo el país, coronada desde el barroco por la iglesia de María, aunque ya se tiene constancia de la existencia de un templo cristiano desde el siglo xii. El contraste de su torre con las montañas amenazantes, la exuberancia natural de su entorno y la viralidad de su estampa ha hecho de este lago glaciar el verdadero icono de Eslovenia. 

iStock-1181690858. Río Soca

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Río Soca

Conocido también como Isonzo (en italiano), este río no destaca por su longitud (140 kilómetros) ni por haber sido el eje comercial de una gran ciudad. Lo que maravilla de él es el color de su agua, cristalina y de un azul casi irreal, debido a su origen kárstico. También ayuda el hecho de que, a su paso, vaya esculpiendo preciosas gargantas y pequeñas cascadas que hace que su belleza se multiplique. Y, además, en los últimos años se ha convertido en el escenario perfecto para practicar el remo o, simplemente, para descenderlo en kayak o en canoa. 

iStock-1208826025. Desfiladero de Vintgar

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Desfiladero de Vintgar

No es una barbaridad decir que esta garganta horadada por el río Radovna fue la primera atracción turística del país. Cuando se descubrió, en 1891, rápido se convirtió en un reclamo para la región del lago de Bled por la espectacularidad de sus cañones y paredes, que llegan a los 100 metros de altitud. Hoy en día mantiene su magnetismo gracias a las pasarelas y puentecillos de madera que permiten recorrer los 1.600 metros de su recorrido que acaban desembocando en la cascada Sum. 

iStock-175599997. La cascada de Kozjac

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La cascada de Kozjac

El arroyo Kozjac no sería más que un tímido afluente del Soca si no fuera por esta maravilla de la naturaleza. Eso sí, hallarla no es el único encanto de visitarla, ya que por el camino esperan verdes campos, algún que otro puente sobre el citado río y una pequeña garganta. Un preludio excepcional antes de llegar a esta cascada cuya poza es irresistible cuando aprieta el calor. 

iStock-92410706. Playa de Mesečev Zaliv

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Playa de Mesečev Zaliv

En apenas 47 kilómetros de litoral, la costa Eslovena tiene espacio más que de sobra como para ofrecer espectáculos naturales como este. Conocido como la playa de la Media Luna, por su forma, este arenal es un ejemplo de lo salvaje que es la península de Istria, un macizo que choca contra el mar regalando parajes como este. Su fina franja, lo difícil de su acceso y los sobrecogedores acantilados que lo protegen de todo progreso hacen de este lugar un enclave irresistible. 

iStock-1128406654. Monte Triglav

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Monte Triglav

Sí, en Eslovenia los Alpes son un poco menos Alpes, pero eso no quita que no tenga colosos como el monte Triglav, el más alto del país. Su encanto está, precisamente, en este hito y en que hollarlo es una excusa perfecta para iniciarse al montañismo. Y es que, tras dos días de caminata, lo que espera arriba y por el camino son una vistas que subrayan todo lo que aquí se ha ido deslizando: Eslovenia es verde, variada y sorprendente. 

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