Al sur del norte

Los paisajes, pueblos y rincones más bonitos de toda Tarragona

Humedales, museos, ermitas, rutas, cunas del vino, edificios modernistas... no son pocas las sorpresas que aguardan al sur de Cataluña.

El sur de Cataluña guarda encantos, algunos de los cuales aún no se han descubierto más allá de sus fronteras. Eclipsada por las bellezas que la rodean, procedentes también de Aragón y la Comunidad Valenciana, Tarragona es capaz de sorprender también al visitante con toda clase de atractivos. Desde sus vinos y su cocina hasta sus parajes naturales, que van desde playas hasta hayedos, pasando por pueblecitos medievales, monasterios sublimes y vestigios de épocas pasadas, la lista se alarga unas cuantas líneas más a continuación para deleite de quienes quieran adentrarse en esta sorprendente provincia.

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Tarragona

 

Tarragona entre monumentos

En el corazón de Tarragona, los vestigios romanos se erigen como testigos silenciosos de un glorioso pasado. El conjunto arqueológico de Tarraco, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es uno de los más extensos aún conservados de la Hispania Romana. Desde la muralla, el más antiguo de los vestigios, hasta la necrópolis de Centcelles, el más reciente, se suceden vestigios como el anfiteatro, el circo romano, el acueducto del Puente del Diablo y, fuera de su núcleo, otros como la cantera del Mèdol o el arco de Roda de Barà.

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Sobre el lugar más elevado de Tarragona, donde anteriormente se encontraba un acuartelamiento de los ejércitos romanos y un área sacra de culto imperal romano, se alzó la Catedral de Santa Tecla, un símbolo gótico de la Edad Media y considerada la primera catedral de Cataluña, consagrada en 1331. Dentro de la catedral, los visitantes pueden admirar sus vitrales y esculturas, la Sala del Tesoro, su bello claustro y la historia de la procesión de las ratas, esculpida en uno de sus rincones.

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Miravet

Miravet, fortaleza del Ebro

Más allá de la hermosa vista de Miravet, que se alza sobre una curva del río Ebro, y su corona, el imponente castillo del siglo XII que constituye el último bastión templario, este pequeño pueblo tiene mucho que ofrecer a sus visitantes. Desde la paz que se respira en su entorno, rodeado de huertas y alejado del ruido de las ciudades, hasta un recorrido por sus calles empedradas repletas de pequeñas casas que van escalando la montaña, hasta llegar a la cima para admirar los dos horizontes donde se pierde el río.

Su coqueta arquitectura se refleja también en la belleza de edificios como la Iglesia Vieja, con el encanto renacentista que le otorgó la Orden de los Hermanos Hospitalarios, decorándola con pinturas barrocas y un altar procedente de una de las piedras del castillo. Después de ser saqueada y destruida en la Guerra Civil, se recuperó como centro cultural, un lugar con encanto desde el cual pueden divisarse algunos de los muelles que salpican el Ebro y desde donde realizar algunas actividades acuáticas con el mejor telón de fondo.

Horta de sant Joan, Tarragona
Foto: Shutterstock

Horta de Sant Joan

El interior de la provincia también esconde rincones de ensueño, y uno de ellos es el pequeño pueblo de Horta de Sant Joan, conocido no solo por su belleza natural, sino también por su patrimonio histórico y su conexión única con el renombrado pintor Pablo Picasso. Para visitarlo, nada como pasear entre las calles que rodean la plaza porticada de Sant Salvador de Horta y la plaza de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, donde se encuentra también el ayuntamiento con su antigua prisión y varias casas porticadas, como la Casa del Habanero, la Casa Pepo y la Casa Pascualet.

Del encanto de la localidad bien sabía Pablo Picasso cuando llegó allí para encontrar refugio e inspiración creativa, un reto nada complicado dada la belleza de los paisajes montañosos y las planicies de huertas, que lo llevó a volver diez años después de su primera visita. Tan prolífico fue su tiempo allí que el Centro Picasso es ahora uno de los puntos de mayor interés de la localidad, donde cuelgan sus obras y descansan algunos de sus objetos personales, y desde donde parte la ruta que muestra a los visitantes los lugares que más le fascinaron.

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Parc Natural dels Ports
Foto: Shutterstock

Parc Natural dels Ports

La naturaleza salvaje del Mazizo dels Ports que comparten Cataluña, Valencia y Aragón tiene en su parte catalana, de 35.050 hectáreas, la distinción de Parque Natural dels Ports desde 2001. Situado entre las comarcas del Baix Ebre, el Montsià y la Terra Alta, sus formas abruptas y sus dos climas dan buena cuenta de su rica biodiversidad. En su interior se encuentra uno de sus lugares más especiales, la Reserva Natural Parcial de les Fagedes dels Ports, donde se pueden encontrar hayas como el Faig Pare, declarado árbol monumental, con más de 250 años.

En este macizo, a los pies del cual se encuentran pueblos tan encantadores como Arnes o Horta de Sant Joan, abundan las cuevas, las gargantas y las simas debido al paso del tiempo y del río Matarraña. La zona es muy conocida por los deportistas por sus múltiples opciones, con rutas para senderistas y ciclistas y la opción de disfrutar de la espeleología o de rutas como la que sigue las huellas de Panxampla, un bandolero popular de las Tierras del Ebro.

Scala Dei
Foto: iStock

Scala Dei

En el término municipal de Morera de Montsant, protegidao por la cordillera que le da nombre, se encuentra el pequeño pueblo de Scala Dei, donde antaño vivía una congregación del monasterio cartujo que allí se alzaba. De hecho, los monjes de la Orden de la Cartuja llegaron allí en el siglo XII procedentes de la Provenza, fundando así la primera cartuja de la Península Ibérica que aún puede visitarse. El lugar, escogido por la visión de un pastor con unos ángeles que subían por una escalera, pasó a llamarse por ello Escaladei (escalera de Dios).

Durante siete siglos, los monjes cuidaron de rebaños y huertos, construyeron molinos, plantaron viña e hicieron vino en sus bodegas, sentando el precedente de la DOCQ Priorat, cuyo territorio corresponde en gran medida con la comarca que el prior (de ahí su nombre) gobernaba. Los tres claustros, la iglesia y el refectorio, además de la reconstrucción de una celda, pueden visitarse hoy en día, pudiendo aprovechar la estancia en uno de los secretos mejor guardados del pueblo, el Hotel Terra Dominicata.

Priorat
Foto: Shutterstock

Viñedos del Priorat

El Priorat, cuya tradición vitivinícola nació con la Cartuja de Escaladei, es una de las dos únicas DOCQ de España y una de las regiones con un alto prestigio en cuanto a la calidad de sus vinos. Los nueve municipios que engloba son Bellmunt del Priorat, Gratallops, el Lloar, la Morera de Montsant, Poboleda, Porrera, Torroja del Periorat, la Vilella Alta i la Vilella Baixa, además de una parte de Falset y el Mola. Un total de 17.633 hectáreas de las cuales solo hay viña en 2.088. Esto se debe a que su suelo de pizarra y la orografía hacen del cultivo algo complicado y de la producción algo baja.

Entre las clásicas garnacha y cariñena, propias de la zona, y otras variedades, salen vinos blancos, tintos y rosados de bodegas que tiñen de verde las suaves colinas de esta región, que regalan paisajes increíbles, sobre todo durante los meses en los que verdean las hojas de la vid. La mejor manera de disfrutar de estas vistas es, sin duda, con una copa en la mano en cualquiera de sus muchos alojamientos y bodegas, en las que realizar también visitas guiadas y descubrir más a fondo esta región.

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Delta del Ebro
Foto: iStock

Delta del Ebro

El hábitat acuático más extenso de Cataluña se encuentra aquí, en el sur del sur, con una singularidad que se expresa más allá de su geografía y su valor natural, pues este territorio abarca también su gastronomía, cultura y patrimonio histórico y artístico en una idiosincrasia que diverge en muchos casos de la del resto de la provincia. En los últimos años, la preocupación por la sostenibilidad está siendo un factor importante en la vida de sus habitantes, que están viendo como el territorio sufre los efectos del cambio climático.

El enclave estrella del sur de Cataluña es el Parque Natural del Delta del Ebro, uno de los lugares con más riqueza de fauna y flora de toda la península, donde disfrutar no solo del paisaje, sino de la diversidad de aves y plantas de su entorno, sus tradiciones entorno al cultivo del arroz, su gastronomía de mar y campo y la belleza de sus playas y pueblos, como Deltebre o Sant Carles de la Rápita, con un sinfín de posibilidades en cuanto a actividades, como hacer kayak, aprender sobre la fauna marina y la arquitectura de las barracas.

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Renacimiento de Tortosa
Foto: iStock

Renacimiento de Tortosa

La capital de la comarca del Baix Ebre tuvo una gran época de prosperidad durante el siglo XVI gracias a su ubicación, que la impulsó económica y socialmente, convirtiéndose así en un centro cultural y artístico relevante durante el Renacimiento, que en Cataluña tuvo su máxima expresión en esta ciudad, en la que se fijaron incluso artistas de toda Europa. Además de en el aspecto literario, con la obra de Cristòfor Despuig, existe otro aspecto en el que despuntó la ciudad, el arquitectónico, con el conjunto de los Reales Colegios.

Para disfrutar del patrimonio de la ciudad, una de las mejores ideas es realizar una ruta que comienza por aquí, en un conjunto fundado por Carlos V y compuesto por tres edificios. La siguiente parada es el Palacio Episcopal y la Catedral de Santa María, donde se encuentran elementos tan importantes como el relicario de Sant Eulali o la Sillería del Cor, pudiendo seguir por una visita a la Iglesia de San Domingo o la Casa de la Diputación del General. Sin embargo, uno de los mejores momentos para vivir el Renacimiento en la ciudad es durante su fiesta a mediados de julio, donde se hace una recreación histórica de la época con trajes típicos, espectáculos y otras actividades culturales.

Catedrales del vino
Celler Modernista / Catedral Del Vi de Pinell

Catedrales del vino

Las bodegas cooperativas y los sindicatos fueron las grandes salvaciones de los bodegueros catalanes tras la filoxera, una época en la que el modernismo estaba de moda. Estos templos del vino, bautizados como Catedrales del vino por el dramaturgo Àngel Guimerà, se reparten por toda Tarragona con obras a cargo del discípulo de Gaudí, Cèsar Martinell, Josep Puig i Cadafalch o Pere Domènech i Roura en un despliegue que puede recorrerse gracias a la ruta de las bodegas modernistas.

La primera bodega cooperativa del Estado, levantada en 1989, fue la de Barberà de la Conca, población donde Martinell levantó la bodega modernista actual. En la misma comarca están la de l’Espluga de Francolí, que aloja el Museo del Vino, la de Roquefort de Queralt, una de las más grandes y espectaculares, y las de Montblanc, Pira y Sarral. En el Alt Camp se encuentran la de Nulles, Vila-Rodona, Cabra del Camp, Aiguamúrcia, Alió, Santes Creus y Pla de Santa Maria. Sin embargo es en la Terra Alta donde se encuentran algunas de las más espectaculares, como la de Gandesa, escogida como una de las maravillas de Cataluña, y la de Pinell de Brai, con un gran valor arquitectónico.

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Santa Maria de Poblet

Santa Maria de Poblet

El centro mismo de la Cataluña medieval se encuentra en un conjunto arquitectónico rodeado de naturaleza. Se trata del Real Monasterio de Santa María de Poblet, símbolo histórico y cultural donde aún viven monjes cistercienses. Considerado uno de los más representativos de la Ruta de los Reales Monasterios de Cataluña y declarado Patrimonio de la Humanidad en 1992, el edificio data del siglo XIV a pesar de que fue fundado en el 1129. En el núcleo se encuentra la iglesia de Santa María y el claustro de estilo gótico, además de la sala capitular.

Los espacios del conjunto están rodeados de tres murallas concéntricas apuntadas por portales que dan acceso a diferentes partes del cenobio, destacando entre ellos la puerta Daurada, tras la cual se encuentra la capilla de Sant Jordi o el Hospital de Pobres, y la puerta Barroca, de acceso a la basílica. En el Palau Reial, de estilo gótico, un museo muestra algunas valiosas obras de arte sacro que pueden visitarse, del mismo modo que el Museu de la Restauració o incluso las dependencias de los monjes y la bodega. El monasterio también cuenta con servicio de hospedaje, además de dos archivos y un gran fondo documental.

Prades
Foto: iStock

Prades

Pasear por el casco medieval de Prades, rodeado de naturaleza, da la sensación de vivir aislado del resto. La villa roja, como se le conoce popularmente por la piedra con la que están construidas sus casas, está repleta de calles y callejones donde se cuentan historias del antiguo condado. La plaza porticada es uno de los lugares más bonitos y centrales de la localidad, donde se encuentra la iglesia y una bella fuente renacentista, además de restaurantes y lugares donde descansar a admirar la riqueza arquitectónica. Los restos del castillo, la torre de defensa y la muralla o el antiguo sanatorio de la Casa del Carme también forman parte de un recorrido perfecto para conocer Prades a fondo.

En los alrededores se despliegan algunos atractivos naturales que animan a venir a muchos de los visitantes de Prades, como la ermita de l’Abellera, un pequeño templo incrustado en la roca junto a un acantilado donde disfrutar de las vistas sobre el valle del Brugent. Para los más aventureros, existen también actividades como el descenso de barranco, y otras como la observación astronómica para quienes deseen ser testigos de un cielo repleto de estrellas. La Roca Foradada, uno de los lugares más conocidos de la sierra que rodea Prades, se puede alcanzar en una sencilla ruta de 1,5 km y ofrece una zona de picnic junto a un lago.

Pau Casals

Museo Pau Casals

Violonchelista, director de orquesta, compositor, humanista y firme luchador por la libertad y la democracia, es uno de los nombres más universales de la música y de la paz, y una de las figuras que han puesto a la población de El Vendrell, capital del Baix Penedès, en el mapa. El Museo Pau Casals, candidato a Museo Europeo del año 2024, se encuentra en la casa de verano que el artista construyó en la playa de Sant Salvador y donde descubrir su vida, su legado humano y su patrimonio artístico, con objetos, recuerdos y obras de arte.

Además, en el museo se programan actividades y exposiciones dirigidas a todos los públicos durante todo el año, y no menos importante, se puede recorrer su jardín de estilo neoclásico anexo al edificio principal, donde también se encuentra un restaurante y una tienda. Frente a Vil·la Casals, como se conoce el museo entre los locales, se alza el Auditorio Pau Casals, que el músico mandó a construir para cumplir su voluntad de acercar la música y la cultura a todo el mundo. En el núcleo de la población, alejado de la costa, se puede visitar también su casa natal, de la cual parten algunas rutas para conocer cómo fue su vida en la localidad.

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Playas de Ametlla de Mar
Cala Calafató | iStock

Playas de Ametlla de Mar

Un total de 20 kilómetros de costa configuran las bellas playas y calas vírgenes del pequeño pueblo pesquero de l’Ametlla de Mar. El hecho de que sea uno de los mejores lugares de Cataluña para darse un baño viene dado por muchos factores, siendo uno de ellos la certificación de la calidad de sus aguas y la baja concentración de residuos. Son cuatro sus arenales con bandera azul: Cala Calafató, de escasos 15 metros de ancho; Cala Forn; Playa de l’Alguer, junto al paseo marítimo de la localidad, y Playa Sant Jordi, junto al castillo que le da nombre, una de las más largas del municipio.

Sin embargo, hay otros arenales que llaman la atención de los amantes del sol y la playa, los que lucen la bandera verde que certifica la cero intervención del espacio natural. Entre ellas están la Cala de l’Illot, Cala de Pixavaques, Cala Llenya o la Cala Port Olivet. Otra buena noticia es que tanto los naturistas como los dueños con mascotas tienen espacios reservados. En algunas con un acceso más difícil, como la Cala del Cementiri o Cala Ambròsia se puede disfrutar de las vistas que ofrece la posidonia bajo sus claras aguas.

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Siurana
iStock

Siurana

Aferrado a una pequeña planície que dibuja la roca, el diminuto pueblo de Siurana es mucho más que una calle donde admirar todas sus casas de piedra, su iglesia románica y su aire puro. Las vistas de su entorno, con las montañas de Prades y la Sierra de Montsant, son únicas desde las alturas, y es que con su ubicación no es de extrañar que fuese inexpugnable durante un tiempo y que hicieran falta los caballeros de cuatro condes para lograr someterla, siendo el último reducto de la reconquista de Cataluña.

Los restos de la fortaleza sarracena aún son visibles en la entrada del pueblo, como dicen que lo es la huella en la roca de la herradura del caballo con el que la reina Abdelazia se precipitó para no verse sometida a los cristianos, una marca que puede observarse en el acantilado de El Salto de la Reina Mora. Sin embargo, a los pies de la roca donde se erige el pueblo también se puede disfrutar de atractivos como navegar con kayak por el pantano, hacer escalada o seguir alguna ruta de BTT o senderismo.

Casa Navàs
Foto: Casa Navàs

Reus modernista

Paseando por la capital del Baix Camp, es probable que el visitante vaya encontrando fachadas que intentan camuflarse sin éxito entre el resto del tejido arquitectónico de la ciudad. Cerca de 80 edificios de Reus están catalogados como vestigio del Modernismo, un gran patrimonio histórico y artístico identificables, además de por su esplendor, por una placa donde se informa de su nombre, su arquitecto y su año de construcción, una manera de tejer una ruta al alcance de cualquier persona. El nacimiento de Antoni Guadí y la presencia de sus colaboradores en Reus le otorgó este carácter estético que ahora es uno de sus mayores distintivos.

Algunos de los edificios más emblemáticos de la localidad están en el centro histórico del antiguo Reus medieval, como es la Casa Navàs, de Lluis Domènech i Montaner, la Casa Serra de Joan Rubió o la Casa Marco de Pere Domènech. Alejadas del núcleo, se encuentran la Casa Rull, Bien Cultural de Interés Nacional, además del singular Dispensario Antituberculoso de Joan Rubió. Además, vale la pena visitar la casa natal del artista y algunos de los lugares que frecuentó durante su juventud, antes de marcharse.

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