Stendhalazo rural

Un Pantocrátor en 3D, nieve y belleza invernal en siete pueblos de los Pirineos

Su especial encanto y ubicación los convierte en destinos ideales de una escapada para quienes prefieren la naturaleza.

Es innegable el potencial paisajístico de los Pirineos. Altas cumbres, bosques que adquieren categoría de destino en otoño o algunas de las mejores pistas de esquí de Europa hacen de esta coordenada geográfica una de las más deseadas para los viajeros de espíritu montañero. Y seguramente, a este emplatado le faltaría el detalle definitivo si en el mapa no se encontraran algunos de estos siete pueblos que concentran la esencia pirenaica.

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Foto: Shutterstock

TAÜLL

El aislamiento bajo el que se encontró la Vall de Boí siglos atrás procuró la conservación ideal de un conjunto de iglesias románicas de valor excepcional, declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2000. Hay que viajar hasta los 1.482 metros de Taüll para disfrutar de una de estas joyas con torres de campanario que parecen querer despegar como cohetes. No una cualquiera. Una joya que está considerada por Viajes National Geographic como uno de los 100 pueblos más bonitos de España.

 

Tal vez San Climent de Taüll sea la más representativa de las iglesias románicas del valle. Su Pantocrátor está hoy conservado en el MNAC, pero una instalación de mapping logra dibujarlo de nuevo a todo color. San Climent está en un extremo, junto a la carretera, mientras que la iglesia de Santa María está en el centro, en la plaza peatonal. Vale la pena recorrer las callejuelas para disfrutar de su atmósfera rural. Los apasionados de las crepes tienen junto a la L-501 una parada obligatoria en la Crepería Restaurant. Desde su terraza, se tiene una vista completa de Taüll.

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Aínsa
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Aínsa

En la confluencia de los ríos Ara y Cinca, bajo la mirada pedregosa de la Peña Montañesa, aparece la visión de Aínsa, Conjunto Histórico-Artístico que sublima la estética del Pirineo aragonés. Tras dejar el vehículo estacionado, la entrada a uno de los pueblos más bellos de Huesca no puede ser más escénica, a través de un puente peatonal y desembocando de primeras en la Pl. Castillo, el auténtico germen histórico de Aínsa.

 

Del s. XI, la construcción defensiva formó parte de la línea defensiva de los territorios cristianos. La plaza porticada en forma de cuña es la postal previa a la iglesia románica de Santa María, uno de los mejores ejemplos del románico del Alto Aragón. ¿El resto? Una auténtica colección de rincones que ensalzan la bohemia rural con multitud de detalles bien cuidados y que hacen de este pueblo uno de los destinos favoritos para viajar en invierno a los Pirineos de Huesca.

 

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Torla-Ordesa
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Torla-ordesa

A esta preciosa localidad oscense le podría valer con ser el último gran núcleo urbano antes de la magnificencia natural y montañosa de Ordea-Monte Perdido. Sin embargo, ante este desafío geográfico, Torla-Ordesa tienta al viajero con varias excusas patrimoniales y turísticas, como la iglesia de San Salvador, una joya románica o el antiguo castillo, que en su día le dio nombre a Torla, ahora convertida en abadía y museo etnológico. El paseo por sus calles, de claro carácter medieval y rupestre, tiene como epicentro la plaza mayor, que data del siglo XIII, mientras que en sus calles y plazuelas sobresalen diferentes casas blasonadas que dan fe de la importancia de este núcleo urbano a lo largo de los siglos. 

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QUERALBS

La única forma de llegar al santuario de Núria es un tren-cremallera que funciona desde 1931. Parte de Ribes de Freser y tarda unos 45 minutos en alcanzar los 1.236 metros del santuario. Siempre y cuando, claro, no se opte antes por detenerse en Queralbs, donde el tren hace parada. El tiempo dedicado en este pequeño alto en el camino estará bien empleado. Queralbs es un pueblo mágico donde se puede disfrutar toda la potencia de la que es capaz el Pirineo oriental. La estética es ideal: casas de piedra y tejados de pizarra, placitas y la iglesia románica de Sant Jaume conforman la estética del perfecto pueblo montañés de los Pirineos. Las familias tienen su pista de esquí en la próxima Estación de montaña Valle de Nuria, el plan perfecto para disfrutar del invierno en el Pirineo de Girona.

 

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BAGUERGUE (lleida)

Está cerca de una de las pistas de esquí más populares de los Pirineos, pero Bagergue ha sabido conservar su aire de calma y tranquilidad. Un auténtico oasis de relax que en invierno alcanza cuotas de belleza sublime con sus tejados de pizarra nevados. Sus callejuelas están decoradas gracias a la profusión de flores que los vecinos exhiben en balcones y ventanas. La quesería Hormatges Tarrau se ha hecho un nombre por sí sola en este bello enclave del Val d'Aran al producir uno de los quesos típico queso aranés más reconocidos por los entendidos.

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BEGET (girona)

Una joya de los Pirineos que suele pasar desapercibida. Casi mejor, así se puede disfrutar con calma de su cuidada belleza de piedra. Sobre todo, entre semana, pues el fin de semana se reactiva con un buen número de segundas residencias. En el término municipal de Camprodón, el pueblo se caracteriza por sus callejuelas empedradas, los dos puentes medievales y la Iglesia Románica de Sant Cristòfol, con su Torre del Reloj y su Cristo Majestad presidiendo el Retablo Barroco. Las numerosas sendas que parten desde aquí permiten disfrutar de uno de los destinos más bellos de la Cataluña montañosa.

 

El Roncal
Foto: Adobe Stock

 

EL RONCAL (NAVARRA)

Esta población navarra respira Pirineos por los cuatro costados. Mejor dicho, por los tres, ya que se ubica estratégicamente en el acceso a tres de los valles más emblemáticos de esta parte de la cordillera: Belagua, Roncal y Salazar. En su día, esta posición geoestratégica nutrió su arquitectura con numerosas casas señoriales, marcadas por las fachadas blancas, los blasones y los tejados anaranjados. Rompe este ritmo cromático la iglesia de San Esteban, corazón de este pueblo, un portentoso templo del siglo XVI que ejerce de faro monumental y de vigía del entorno. A su alrededor, todo son callejuelas y tiendecitas, sobresaliendo las que venden el famoso queso del roncal, emblema gastronómico de la zona.