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París: lo que el turista no ve

Que París es una de las ciudades más bonitas del mundo no es un secreto. Lo saben los 35 millones de turistas que pasean por sus calles cada año. Aún así, siguen existiendo lugares que permanecen ocultos a sus ojos.

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París 1. Petite ceinture parisien

Foto: Petite Ceinture Ferroviaire de Paris

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Petite ceinture parisien

‘’La pequeña cintura parisina’’ hacía referencia a las vías de tren que rodeaban la ciudad entre la segunda mitad del s. XIX y 1934. El metro ganó la partida rápidamente al ferrocarril, y por eso estas vías quedaron abandonadas. Hoy se han convertido en un agradable paseo en medio de la naturaleza, ideal para los más curiosos. Es accesible desde varios puntos, siendo especialmente bonita la parte que discurre cercana al Parque de Montsouris en el distrito 13. Las antiguas estaciones, túneles y hasta los semáforos se han enredado en hiedras de historia regalando a París uno de sus espacios verdes más pintorescos. 

Musée de la Vie Romantique 

Foto: Musée de la Vie Romantique

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Musée de la Vie Romantique 

El quartier de Pigalle llegó a ser conocido como la Nouvelle Athènes por instalarse en el mismo, durante la primera mitad del s. XIX, numerosos comediantes, escritores, artistas e intelectuales. Chopin, Liszt o Ary Scheffer eran algunos de sus vecinos y la que fuera la casa de este último, es hoy este encantador museo dedicado al movimiento romántico. Cuenta con obras del propio pintor y de otros artistas de la época. En su viejo invernadero se encuentra un original salón de té perfecto para disfrutar de un goloso momento de relax acompañado del aroma de sus jazmines.

Guimet. Museo Nacional de Artes Asiáticas

Foto: Musée Guimet

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Museo Nacional de Artes Asiáticas

Este museo se encuentra a dos pasos de la Torre Eiffel y es digno de una visita por su colección de incalculable valor. La cultura asiática se eleva a su máximo exponente frente a un emblema del mundo occidental. Entre sus joyas, piezas de cerámica china y japonesa, y los objetos procedentes del Museo de Kabul que encontraron en estas salas un refugio frente a la destrucción de otras obras con peor suerte. Esta institución también gestiona otros dos lugares ubicados a escasos metros de distancia, El Musée d’Ennery, un divertido gabinete de curiosidades de estas culturas, y el Hôtel d’Heidelbach con su mimado jardín budista que alberga un pequeño pabellón rodeado de bambú donde disfrutar de una autentica ceremonia del té.

Cafe Varenne

Foto: D.R.

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Cafe Varenne

Cuanta alguna leyenda que el origen de la palabra bistrot se encuentra en el ruso, cuando los cosacos, estacionados en la ciudad durante la Batalla de parís en 1814, pedían la comida diciendo: bystro, bystro, que significa: rápido, rápido. Sea cual fuese su nacimiento, lo cierto es que, el bistrot, es el símbolo de la gastronomía francesa, y todo aquel que pisa París termina teniendo su favorito. El Cafe Varenne es toda una institución en el precioso 7º arrondissement. Su carta está repleta de platos suculentos y buenos vinos con los que brindar mientras suenan notas de jazz.

Hôtel Particulier

Foto: Hotel Particulier

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Hôtel Particulier

Encontrarlo bien podría tratarse de un juego de pistas en el corazón de Montmartre. Una puerta en el 23 de la Avenida Junot se abre dando acceso a unas escaleras que ascienden entre arbustos. Al final, una verja y un muro de piedra atesoran cual ostra a su perla, este pequeño hotel de cinco habitaciones y unos brunch inolvidables. Cada estancia ha sido decorada por un diseñador diferente, y alguna de ellas puede ser tu loft particular en Paris durante unos días. Toda una declaración de intenciones para iniciarse en la vida bon vivant. Su precio es más que correcto dado su especial entorno, y si está al completo, uno puede conformarse con una cena en su romántico patio.

Marché des Enfants-Rouges, Paris May 2016. Marché des Enfants-Rouges

Foto: Wikimedia Commons

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Marché des Enfants-Rouges

Es el mercado más antiguo de París y su nombre se debe al ya desaparecido orfanato de los enfants rouges situado en los alrededores. Abierto durante el reinado de Luis XIII, desde 1615 no ha dejado de llenarse de puestos de fruta, verdura, especias, deliciosos quesos, y ahora productos Bio procedentes de toda île-de-France. Si hacer la compra abre el apetito, su infinidad de puestos de comida hacen dar la vuelta al mundo en muy pocos metros. Probar cada fin de semana alguna de sus especialidades es el planazo de domingo de muchos parisinos amantes de lo bobo. Tajines, bentos, sushi fresco o carne de primerísima calidad hacen que se convierta en parada obligada para los foodies.

La Bossue

Foto: La Bossue

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La Bossue

La Bossue es uno de esos sitios que huelen a hogar. Sus paredes de papel pintado, los cómodos sofás verdes, madera rústica y las plantas que cuelgan del techo lo convierten en favorito en cuanto se cruzan las puertas. Su cocina vista es un festival de repostería que hacen más difícil, si cabe, la elección del petit-déjeuner: Brioche recién hecho, madeleines al limón, granola casera con frutos rojos (o chocolate) y un sinfín de especialidades golosas francesas que van desde los canelés hasta los siempre matutinos croissants. Una oda al desayuno que bien vale disfrutarlo despacio o por partida doble. Homemade y muy coqueto.

Palais Royal

Photo by Anthony DELANOIX on Unsplash

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Palais Royal

Puede que el hecho de encontrarse frente al Louvre provoque que pase desapercibido, pero estar a su sombra hace que el Palais Royal tenga el privilegio de mantenerse oculto a los ojos de muchos. Atravesando el famoso patio de las fotogénicas columnas de Buren, se accede a un oasis en pleno centro. Este conjunto arquitectónico fue mandado construir en 1633 por el cardenal Richelieu para recibir a las familias reales hasta la finalización de Versailles. Sus majestuosos jardines son ideales para un paseo a la sombra de largas arboledas o sentarse a los pies de la fuente central. A izquierda y derecha, y al abrigo de majestuosos pórticos de piedra se cobijan algunas tiendas y cafeterías.

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Foto: Ludwig Tröller (Flickr)

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Rue des Martyrs

Esta calle alberga todo el encanto parisino en apenas 900 metros. Está en cuesta y es la perla del Barrio de Pigalle conectando el centro con otro mundo a parte: Monmartre. En el número 75 se encuentra Le Divan du Monde, sala de espectáculos famosa por las láminas que hizo Toulosse Lautrec con el nombre del cabaret de la época: Le divan japonais. Esta calle es un polvorín de vida cotidiana parisina flanqueada por boulangeries, pequeñas boutiques, floristerías y cafés que invitan a sentarse en sus terrazas disfrutando de las vistas. Al fondo, emerge entre las copas de los árboles el Sacre Coeur.

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París: lo que el turista no ve

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