En remojo

Las playas más bellas de Menorca

En el norte o en el sur, más o menos accesibles, diminutas o extensas, todas agotan el adjetivo turquesa.

El problema de las playas es ese, la adicción. Pasa en el Caribe, en las islas Griegas, en la costa tailandesa y lo mismo ocurre con Menorca. Quien va, repite. La arena tan fina que se cuela entre los dedos de los pies a cada paso que das, tan blanca como si la pureza naciera en esta isla. El sol aprieta, pero nunca demasiado. El viento dibuja calas imposibles, algunas de rocas, otras rodeadas de humedales, de acantilados, dunas o taludes.

El mediterráneo estalla aquí en mil azules, que aparecen y se esfuman a cada ola que muere en la orilla. La policromía se ceba en estos arenales. Azul claro, celeste, oscuro, índigo, capri, marino o maya, para el mar que baña Menorca; Verde oscuro, lima, esmeralda, brillante, claro u oliva, para los bosques que coronan las calas; Blanco roto, champagne, pálido, beige o marfil para la arena que viste las calas. Y en medio de esta tríada, cientos de colores convertidos en peces, corales, rocas, barcos, flores y puestas de sol.

 

 

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Cala Escorxada

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Cala Escorxada

A este paraíso playero con forma de media circunferencia exacta y flanqueado por cantiles de media altura, se llega caminando o en kayak, si es que se quiere ir por libre. Si no, toca pagar pasaje en un barquito de excursión. Sea como sea, a lo épico o a lo sencillo, la recompensa vale la pena: una cala de arena fina y blanca escoltada por un pinar que se encuentra aislada de cualquier núcleo urbano. Todo un remanso de paz en la zona sur de la isla, dentro del Área Natural de Especial Interés Me-13.

 
Macarella

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Cala Macarella (y Macarelleta)

De antiguo territorio hippie a must playero de las Islas Baleares. En los setenta, fueron muchos los que la escogieron para montar su comuna entre las cuevas de los acantilados. El lugar era perfecto para esa clase de libertades, puesto que se llegaba tras una larga caminata y quedaba así apartada de todo rastro de civilización. Pero hoy, el tener que caminar para llegar a Macarella tira para atrás a poca gente y suele estar muy concurrida: nadie se quiere perder el paraíso turquesa abrazado por pinos y encinas. La experiencia tiene un bonus track playero, con Macarelleta como hermana pequeña. De las dos, la única que ha podido conservar parte de su sistema dunar, aunque en un delicado equilibrio. 

Playa de Binigaus

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Playa de Binigaus

No será tan famosa como cala Macarelleta, pero no tiene nada que envidiarle. Y, además, se puede disfrutar más relajadamente que cualquier otro hit playero de Menorca. Para llegar, hay que seguir la línea de la costa que coincide con el omnipresente Camí de Cavalls, el sendero histórico de 185 km que da la vuelta a Menorca por su litoral. Es la más extensa de las playas vírgenes de la isla y presenta un cromatismo de lo más peculiar que va de los ocres de los acantilados al gris de la arena mojada en la orilla. El entorno es de lo más escénico, con su espigón natural cubierto de pinares y con Illot de Binicodrell recortándose en el horizonte inmediato.

 
Playa de Cavalleria

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Playa de Cavalleria

Al bajar las escaleras, aparece una franja de arena rojiza y gruesa que remonta las dunas que se acumulan unos metros detrás de la orilla del mar, rematadas por el verde esponjoso de los socarrells. Lo arcilloso del paisaje puso de moda los baños de arcilla, algo totalmente prohibido en la actualidad: era eso o perder la playa por la terrible erosión. Mejor seguir disfrutando de esta playa marciana. Eso sí, mejor cuando no sople la Tramuntana, que entonces es algo incómoda. 

Playa de Son Bou

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Playa de Son Bou

Casi tres kilómetros de arena dorada para disfrutar de una jornada playera sin apretones.  Se alcanza la arena atravesando un humedal conocido como Prat de Son Bou que deja atrás la urbanización que dota de servicios este largo arenal de ambiente familiar. Se trata de un área donde se encuentra el mayor sistema dunar y la segunda zona húmeda en importancia tras s’Albufera des Grau de Menorca. Como su acceso está en uno de los extremos, mientras más se aleja uno de él, más tranquilidad encontrará. Para los bañistas más inquietos, entre chapuzón y chapuzón, se puede aprovechar para visitar las antiguas necrópolis del período talayótico y basílica paleocristiana, una de las iglesias más antiguas de la isla. Al oeste del arenal, quien quiera practicar el nudismo, tiene a la vecina playa de Atalis.

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Cala Mitjana

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Cala Mitjana (y Mitjaneta)

Esta cala virgen le da la espalda a la más urbana y siempre bulliciosa Cala Galdana. Las dos son como el día y la noche y sin embargo, un pequeño sendero las deja una y otra a tan solo 20 minutos caminando por el Camí de Cavalls. Orbitando a la izquierda junto a ella, su hermana pequeña, Mitjaneta, apena una estrecha línea de arena entre taludes rocosos. Al contrario, su hermana mayor, tiene una amplia zona de arena, destacan en el paisaje los acantilados calcáreos que dibujan su contorno de bahía natural.

 
Cala Presili

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Cala Presili

Cala Presili (o Capifort), es una de las joyas vírgenes que se encuentran dentro del parque natural S’Albufera des Graus. De arenas blancas, es junto a su vecina Cala Tortuga una excepción a las rojizas playas del norte de Menorca. A Cala Presili se llega recorriendo parte del Camí de Cavalls. Su baño protegido por espigones naturales brinda una experiencia panorámica: en el horizonte, el faro de Favàritx con su singular decoración de franjas blancas y negras. 

 
Cala Pregonda

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Cala Pregonda

Nada más llegar destaca la Punta de Cala Pregonda, que se levanta sobre el mar con cierto aire místico. Dicen que ese saliente rocoso dio nombre a la playa, pues tiene cierto parecido al de un monje orando y orar en balear es ‘pregar’. Sea como fuere, a Mike Oldfield le fascinó tanto el lugar que lo escogió para decorar la portada de uno de sus exitosos discos.  A esta playa se llega a través del Camí de Cavalls (GR-223), el importante sendero de 185 kilómetros que bordea la isla por la costa, por lo que tampoco es de las playas más masificadas de Menorca.

 
Es Talaier

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Es Talaier

Un retazo de arena blanca deslumbrante junto a aguas especialmente serenas: el mar en Es Talaier parece una piscina turquesa a la sombra de los pinos. Además, los roquedos que la escoltan y embellecen impiden el fondeo de embarcaciones de recreo, por lo que se beneficia de la acción de la posidonia sin que las anclas dejen su rastro en la orilla. Eso sí, como se encuentra a solo 13 km al sur de Ciutadella, es una de las playas más populares de la isla, por lo que tocará madrugar para hacerse con un hueco en la arena su popularidad obliga a madrugar para encontrar espacio en la arena donde dejar la toalla. retazo de arena blanca de aguas turquesas, serenas y translúcidas, junto a una densa pinada, es difícil de olvidar. 

 
Cala Turqueta

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Cala Turqueta

Dividida en dos por un saliente rocoso, la cala se ubica en un entrante, entre las puntas des Tambors y na Foradada, y a los pies de Talaia d’Artrutx. Coordenadas perfectas para cuando sopla el viento de la Tramuntana y es mejor buscar cierto refugio para disfrutar de una jornada de playa. Para alcanzar la arena, se tiene que cruzar un denso pinar protegido por el Área Natural de Especial Interés de la costa sur de Ciutadella, por lo que el aroma a pino y resina se mezcla a la perfección con el salitre y la crema solar.

Playa de Son Bou

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