Aire patagónico

¿Por qué Bariloche es la capital argentina de la aventura?

Entre bosques milenarios y lagos cristalinos aparece la meca de los deportes de aventura y del chocolate más fino del país.

Enclavada en medio del Parque Nacional Nahuel Huapi, rodeada de exuberantes montañas, bosques milenarios y aguas cristalinas, San Carlos de Bariloche –capital de la provincia de Río Negro (Argentina)– es un edén para los amantes de la naturaleza. Sus más de 100.000 habitantes le otorgan el título de la ciudad más poblada de los Andes Patagónicos; pero fue gracias a su intensa oferta de actividades al aire libre, cargadas de adrenalina, que obtuvo el título de capital nacional del turismo de aventura. La ciudad y sus alrededores, bañados por ocho lagos, completan uno de los mejores paisajes, no solo de la Patagonia argentina, sino de Sudamérica.

 

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Esplendor estival

La ciudad más visitada de la región patagónica muda de piel cuando las temperaturas ascienden y la blanca capa de nieve que cubre sus montañas se diluye. Con la llegada del verano, Bariloche se viste de distintas tonalidades de verde y de infinidad de variaciones de azul, las playas del imponente lago Nahuel Huapi se llenan de gente y las noches cálidas se riegan con cerveza artesanal. Con todo ello, hacen acto de presencia el kitesurf, el senderismo, las cabalgatas, el rafting, los paseos en velero o los picnics en medio de la montaña. La ‘reina de la Patagonia’ también merece ser disfrutada en época estival, con permiso de sus bienaventurados picos nevados y sus excepcionales estaciones de esquí.  

 
 
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Los días en libertad

Los bosques y su infinidad de tonalidades de verde invitan a ser explorados con la parsimonia que se merecen, ya sea a pie, a caballo o, incluso, en bicicletas de montaña. La explosión de colores del verano es un regalo para los asiduos del senderismo, que camparán a sus anchas entre frondosos árboles de follaje verde y una fauna de lo más variopinta. Además, tienen la fortuna de encontrar la mejor red de refugios de montaña del país, conectados por senderos entre sus cerros que permiten visitar uno solo o todos ellos sin necesidad de bajar hasta la ciudad. Eso sí, el asesoramiento previo a la salida es fundamental y si el recorrido se encuentra dentro del P.N. Nahuel Huapi, es necesario realizar un registro de trekking con antelación. 

 
iStock-1126776991. Vistas de Bariloche

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Vistas, vistas y vistas...

El increíble panorama de Bariloche bien vale la pena admirarlo con algo perspectiva, y nada mejor que encaramarse 1.050 metros hasta la cima del Cerro Campanario donde las vistas 360 grados dejan sin aliento a cualquiera. Hay dos opciones para subir: siete minutos en telesilla o andando –unos 30 minutos– por un sendero que atraviesa el bosque. Otra opción interesante es el Cerro Otto, situado a solo 5 km del centro de la ciudad. Para subir se utiliza el legendario teleférico que recorre una distancia de 2.100 metros con unas vistas alucinantes; en la cima, a 1.405 metros sobre el nivel del mar, se encuentra la famosa confitería giratoria (única en el país) que da una vuelta entera en 20 minutos. 

 
iStock-687125120. Un bosque único

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Y un bosque único

Los vientos fuertes y constantes de la zona hacen del incomparable lago Nahuel Huapi un verdadero paraíso náutico. Solitarias bahías, playas para todos los gustos y paisajes majestuosos pueblan sus siete brazos –Campanario, de la Tristeza, Blest, Machete, del Rincón, Última Esperanza y Huemul– y son escenario de una de las actividades favoritas tanto de locales como de turistas. Hay varios circuitos disponibles, uno de los más populares es el que llega hasta la Isla Victoria y que incluye parada en el legendario y único en el mundo bosque de arrayanes, que con sus troncos color caramelo crean una atmósfera mágica difícil de describir.  

 
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Nacidos para la aventura...

Si la navegación y la vida playera no son lo suficientemente emocionantes, Bariloche ofrece un sinfín de actividades perfectas para los amantes de la adrenalina. Dentro del abanico caben el famoso stand-up pádel, el kitesurf y el rafting, que se puede practicar en los ríos Manso y Limay cuyas aguas crecen en verano, formando huecos y olas que producen rápidos bastante intensos, aunque aptos también para principiantes. El kayak es otra opción, algo más calmada (si se quiere) y que permite dar paseos sobre lagos increíblemente cristalinos. Fuera del agua, el parapente y el canopy son la mezcla ideal de adrenalina y vistas alucinantes. 

 
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Y para tomar unas cañas

Bariloche no es solo vida al aire libre y deportes de aventura. En la ciudad, sus calles perfectamente alineadas en torno al Centro Cívico (algo así como la Plaza Mayor) rebosan vida y ambiente. Una sucesión de restaurantes, tiendas, bares y chocolaterías –casi todas ubicadas en la famosa calle Mitre– se mezclan con casitas de madera con una marcada estética alpina y con la preciosísima Catedral, con forma de cruz latina, estilo neogótico y rodeada de hermosos jardines. Las noches están regadas con cerveza artesanal, uno de los principales productos gastronómicos y turísticos de la ciudad; a pocos metros del Centro Cívico una decena de pequeños y acogedores locales conforman la ruta cervecera de la ciudad, aunque ya existen más de 25 pequeñas y medianas empresas dedicadas a la producción de esta bebida. 

 
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Vida slow

Uno de los propósitos de viajar es descansar, desconectar y cambiar la rutina. Un verano en Bariloche se presta para ello. Tomar el sol en Playa Serena, tranquila, familiar y de aguas un poco más cálidas que las del resto del lago Nahuel Huapi o disfrutar del atardecer y de una cerveza artesanal bien helada desde el parador de la Bahía Moreno Oeste; preparar un picnic con ahumados y chocolates y disfrutarlo en alguno de los bosques cercanos con vistas a los Andes o, simplemente dejar pasar el tiempo entre casas de té, encantadoras librerías y casas de música. A todos estos planes slow hay que sumarle una ineludible visitar a algún spa, como el del Hotel Llao Llao, enmarcado en un entorno natural incomparable, que ofrece desde sencillos masajes relajantes hasta terapias diversas para poner a punto todo el cuerpo.

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¡Chocolate para todos!

Un viaje a La Patagonia no está completo sin empaparse de sus sabores y de sus tradiciones gastronómicas. Las de Bariloche están marcadas por inmigrantes europeos que formaron su sociedad hace 60 años, pero basada en productos locales y naturales como la rosa mosqueta, el sauco y la frambuesa, distintos tipos de hongos, quesos y embutidos o ahumados de ciervo, jabalí y trucha. Sin embargo, la estrella gastronómica de la ciudad es el chocolate, tanto que fue nombrada en el 2015 capital nacional del chocolate. Los escaparates de la calle Mitre, un festín para el gusto, el olfato y la vista, exhiben todo tipo de pasteles, tartas, bombones y esculturas en chocolate. A Bariloche, definitivamente, no se va a hacer dieta. 

 

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